Liberalismo y religión

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Es usual, para muchos, el suponer que el liberalismo es una doctrina opuesta a las religiones. Así piensan muchos religiosos y conservadores.

¿Está el liberalismo realmente en contra de la religión? En esta columna trato el tema, que es uno que bien merece una segunda opinión.

Comienzo con un asunto que parece colateral, el del socialismo y el progresismo. Estas maneras de pensar son enteramente racionalistas, en su más extrema connotación. Aspiran ambas a construir sociedades ideales a partir del descarte de las ideas y creencias que han creado a las sociedades actuales.

Por medio de ese racionalismo proponen definir una utopía social, una sociedad perfecta en la que no tiene cabida ese elemento vital del desarrollo de las sociedades reales actuales, las creencias religiosas. No pasan las religiones la prueba del racionalismo extremo del socialismo progresista.

En este sentido, el liberal que adoptara una posición racionalista que le condujera a la aspiración de una sociedad ideal posible, descartando a la sociedad real existente, se acercaría a esa posición. Junto con el socialista y el progresista, este liberal tendría una fuerte tendencia a rechazar a la religión.

Sigo con el conservadurismo, una forma de pensar que con variantes, da gran importancia a las religiones y sus creencias. Ellas son fundamento de la sociedad real existente y son la mejor ayuda que puede  tenerse para corregir defectos que la sociedad real tiene, la que nunca podrá llegar a la perfección.

Esta última parte del conservadurismo, el realismo de no poder tener una sociedad perfecta, está incluido en el liberalismo. Creo que un liberal auténtico tiene una posición en la que acepta que hay aspectos sociales que no están sujetos a un análisis racional extremo.

Esto le permite tomar una posición ante la religión. El liberal no es alguien opuesto por principio a la religión. Ante ella, toma él una posición de tolerancia, no de oposición. Esto es lo que le permite resaltar a la libertad religiosa. Un liberalismo anti-religioso no se respeta a sí mismo y adquiere un gran parecido con el socialismo y el progresismo.

Con esto llego al punto que deseo tratar, el de la ambición de una sociedad ideal y perfecta que se considera puede lograrse realmente. Son esas doctrinas que suponen que es posible llegar a tener un estado de cosas perfecto, una sociedad sin problemas, en la que todos viven una existencia en la que las necesidades han sido satisfechas.

Esto puede verse en la noción del estado de bienestar, una sociedad en la que el gobierno cuida de las personas desde que nacen hasta que mueren, haciéndose responsable de satisfacer sus necesidades. La sociedad perfecta e ideal, que es posible por medio de la acción gubernamental.

Cuando cualquiera otro acepta esa idea de una sociedad perfecta, basada en la desaparición de la sociedad anterior que es sustituida según un plan racional diseñado en abstracto, cae en eso mismo que le sucede al socialista y al progresista: tiene que deshacerse de la religión. Esto es lo que creo que les sucede a los liberales cuando proponen sistemas de sociedades nuevas y libres, donde ya no habrá problemas y todos vivirán admirablemente.

¿Puede tenerse una sociedad perfecta e ideal? No, por supuesto, no. Un liberal auténtico, me parece, aceptará esto sin problemas, pues es una conclusión de su propia doctrina. Sabe él que si bien tiene ideas adecuadas para defender a la libertad humana, no lo sabe todo y desconfía de quien presume de saber lo suficiente como para construir un paraíso social.

Entonces, llego a la idea que creo que es razonable: cualquiera que proponga una sociedad ideal diseñada desde cero, sustentada en solamente un análisis racionalista que necesita deshacerse de la sociedad real actual, concluirá que debe también deshacerse de la religión. Tomará una posición anti-religiosa activa, sea socialista o liberal.

Un liberal auténtico, por el contrario, piensa de otra manera. Si existe libertades, no podrá negar una de ellas, la religiosa. Lo único que pensará al respecto es sostener esa libertad, reprobando que ella sea anulada por parte del gobierno, pero también por parte de alguna de las iglesias.

En fin, creo que la mentalidad liberal no incluye una posición anti-religiosa en su esencia, aunque sí existen variantes liberales que la han adoptado (lo que considero un error doctrinal considerable).

Por mera consistencia entre sus ideales, el liberalismo no plantea la posibilidad de una sociedad ideal y perfecta, ni la destrucción de la sociedad actual para hacer posible esa utopía. Congruente con sí mismo, el liberalismo es un promotor de la libertad religiosa y lucha por hacerla respetar.

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