Libertad: miedo, evasión

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La libertad y las presiones sociales que ella sufre es la idea de Álvaro Feuerman en esta columna.

Vivimos en un mundo cada vez más complejo. La relación entre las leyes, las instituciones, los mercados y las esferas de libertad de las personas que actúan en los mismos, es cada vez más difícil de captar.

Se requieren estudios y teorías adecuadas para comprender las relaciones causa-efecto entre las distintas acciones del Estado y los comportamientos de las personas y sus resultados.

En el mundo actual, en el siglo XXI, a la mayoría de la gente le parece bastante aceptable que el Estado le retenga el 50% ó el 60% de sus ingresos, o más.

Porque es así en la mayoría de los países considerados serios o desarrollados, porque en todos estos países ningún partido político de los pertenecientes al mainstream lo cuestiona, ni tampoco lo cuestionan la mayoría de los intelectuales, periodistas ni economistas famosos.

Pareciera evidente que esta condición tan generalizada restringe enormemente la libertad de las personas, y obviamente su efectividad para alcanzar cualquier propósito.

Sin embargo, la experiencia nos dice que son pocas las personas que asocian el brutal y dramático avance del Estado sobre la vida y las decisiones de las personas, como un avance sobre su libertad.

En muchos casos por ingenuidad, en otros por desconocimiento o por falta de comprensión, y en otros casos por simple aceptación de los hechos mediante mecanismos de conformidad automática, basados en la apremiante necesidad de pertenencia, en pensar como los demás.

El diario La Nación del 9 de julio de 2017 incluye un reportaje al presidente de uno de los supermercados más grandes de Argentina, con el título: «La presión impositiva es insoportable en la Argentina».

El periodista presenta al entrevistado como una persona estudiosa, culta, moderna y exitosa. Profesional, con posgrado en una prestigiosa universidad extranjera. Sin embargo, en un momento clave de la entrevista, en la que se le pregunta si los supermercados son «formadores de precios» —con la obvia acusación implícita de que constituyen la causa de la inflación y de la pobreza del pueblo—, el empresario responde:

«En la Cámara de Supermercados demostramos fácticamente que no es así. Hay un trabajo hecho por Dante Sica (Abeceb), que analiza la cadena de cuatro productos (leche, carne, pan y detergentes), y cuando se mira el precio de la leche que se paga al productor y el que llega al supermercado, ves que en el medio hay logística, producto, envase, procesos, etcétera, etcétera, ¡e impuestos! Los cigarrillos tienen 80% del impuesto, es absurdo. Pero está bien, eso pasa en todo el mundo…»

Nótese que la primera reacción del empresario fue señalar que el nivel de impuestos de los cigarrillos era absurdo, pero inmediatamente se sintió en la obligación de aceptar que estaba bien… simplemente porque pasaba en todo el mundo.

Es un clásico ejemplo de la falacia conocida como argumentum ad populum o sofisma populista, la cual presenta siempre la misma estructura:

  • Para la mayoría, A.
  • Por lo tanto, A.

Erich Fromm (1947) se refiere especialmente a este fenómeno, en su libro El Miedo a la Libertad. Lo denomina «conformidad automática», y lo considera un «mecanismo de evasión».

Fromm denuncia que se trata nada más ni nada menos que de «la solución adoptada por la mayoría de los individuos normales de la sociedad moderna», para evadir el peso insoportable que les significa tener que asumir la responsabilidad de hacer uso de su libertad, es decir, de actuar de acuerdo con sus propias decisiones.

Afirma que la necesidad de pertenencia en el individuo actual le genera una presión tan fuerte que deriva en muchos casos en el siguiente mecanismo:

«el individuo deja de ser él mismo; adopta por completo el tipo de personalidad que le proporcionan las pautas culturales, y por lo tanto se transforma en un ser exactamente igual a todo el mundo y tal como los demás esperan que él sea. La discrepancia entre el “yo” y el mundo desaparece, y con ella el miedo consciente de la soledad y la impotencia… La persona que se despoja de su yo individual y se transforma en autómata, idéntico a los millones de otros autómatas que lo circundan, ya no tiene por qué sentirse solo y angustiado. Sin embargo, el precio que paga por ello es muy alto: nada menos que la pérdida de su personalidad».

Las siguientes citas ilustran la dimensión del problema:

«Gran número de nuestras decisiones no son realmente nuestras, sino que nos han sido sugeridas desde afuera; hemos logrado persuadirnos a nosotros mismos de que ellas son obra nuestra, mientras que, en realidad, nos hemos limitado a ajustarnos a la expectativa de los demás, impulsados por el miedo al aislamiento y por amenazas aún más directas en contra de nuestra vida, libertad y conveniencia… podría afirmarse que una decisión original es, comparativamente, un fenómeno raro en una sociedad cuya existencia se supone basada en la decisión autónoma individual».

Ciertamente, es cada vez más difícil encontrar gente con pensamiento propio, con opiniones verdaderamente suyas. Es habitual que, como en el caso de la entrevista mencionada más arriba, aceptemos como válida una opinión y mostremos nuestra conformidad, porque se trata de un hombre exitoso, tiene poder sobre nosotros o, más aún, porque representa el pensamiento de «todo el mundo», de «los países serios», o de «los economistas serios».

En un libro reciente, Diálogo de Conversos, Roberto Ampuero y Mauricio Rojas (2016), ambos de nacionalidad chilena, conversan en un tono amable e informal sobre sus vidas en las décadas del ‘70, cuando soñaban con la revolución comunista.

Ambos se exiliaron luego del golpe de Estado de 1973 y, más adelante, al conocer más de cerca el socialismo por el cual habían dedicado sus vidas, se decepcionaron. Con una nueva mirada y con gran sinceridad, se encuentran muchos años después y comparten sus historias y sus reflexiones.

En un momento dado, Mauricio Rojas cuenta que se encontraba exiliado en Suecia, donde se reunía con frecuencia con antiguos camaradas del MIR (movimiento de izquierda revolucionaria). Explica que todos ellos se sentían culpables y cargaban con el estigma de ser considerados «traidores, desertores y cobardes, y buscaban reparar su crimen mostrando voluntad no solo de apoyar al partido sino de, algún día, volver a luchar en sus filas en “el frente”, o sea, en Chile… La atmósfera… era de absoluta sumisión a todo lo que dijese u ordenase el partido».

En 1977, el MIR decide organizar la Operación Retorno. Rojas es elegido para volver a Chile y luchar para su liberación, previo paso por Cuba, donde sería adiestrado en una escuela militar.

Acepta con su «ego revolucionario a punto de reventar de orgullo y emoción», dispuesto a dejar a su madre en Suecia —recientemente exiliada, luego de sufrir prisión y tortura en Chile—, y a su mujer y a su hija en Cuba. Se convertiría en un héroe o en un mártir de la revolución. El sueño de su vida.

Sin embargo, cuenta que un encuentro fortuito lo hizo cambiar de decisión:

«… en ese momento apareció mi salvador, un porteño como tú. Era un camarada un poco mayor y miembro del Comité Central del MIR, que venía llegando directamente de la cárcel en Chile, donde había resistido con coraje la tortura. Su peso político y moral era por ello muy superior a quienes en ese momento dirigían el MIR en Suecia… tenía una visión bastante distinta al guerrillerismo suicida que imperaba entonces. A su juicio, la política del partido de mandar a sus mejores cuadros jóvenes a una muerte segura era criminal. En Chile no había ninguna condición [para lograr los resultados esperados]… y todo lo que se nos decía… eran puros cuentos… Cuento corto, este compañero nos llamó a una reunión en Estocolmo, donde planteó todo esto. Lo hizo con fuerza y, además, con cariño y preocupación por esas jóvenes vidas que tenía delante de él. Fue el discurso más importante que he escuchado en mi vida, y me salvó”.

En el lenguaje de Fromm, la sumisión ciega al partido es un claro ejemplo de conformidad automática. Lo exiliados creían estar pensando y tomando decisiones en forma libre, pero simplemente obedecían automáticamente todas las consignas del partido.

En este caso, la presión social que operaba estaba relacionada con el estigma de ser exiliados, traidores, desertores, etc. La única forma de romper esa atadura era con este camarada, validado por su propia autoridad, por haber sido torturado en las cárceles de Chile —en un entorno donde la razón se sometía a la autoridad «moral»—, que supo hacerlos reflexionar y rescatar sus propios valores, intereses, pensamientos y decisiones.

«Sus palabras tuvieron en nosotros un efecto liberador. Alguien con peso moral y político innegable nos abría la rendija de la duda, del cuestionamiento, de las decisiones propias. Fue el autorizador moral, que es una figura clave para poder romper con el círculo humana y moralmente atenazador de la vida de secta. El partido mentía, manipulaba y buscaba un activismo suicida… De esa manera, unos veinticinco miristas rompieron con el partido y decidieron seguir un camino propio».

Este tipo de mecanismos de evasión es claramente enemigo de la libertad.

Los encontramos a diario, en las conversaciones cotidianas, en las familias, en el trabajo, en los medios de comunicación, y también en situaciones fundamentales de vida, como en el ejemplo anterior, en el que literalmente la vida de muchas personas se encontraba en juego.

En lo cotidiano, difícilmente encontremos algo más aburrido que conversar con una persona que no tiene pensamiento propio, que siempre opina más o menos como el mainstream o la autoridad reconocida en el tema, que jamás se anima a leer algo nuevo, analizarlo y opinar, sin antes averiguar qué piensan aquellos con quienes necesita desesperadamente coincidir.

Bibliografía

  • José del Río. 9/07/2017. Federico Braun: “La presión impositiva es insoportable en la Argentina”. Diario La Nación. http://www.lanacion.com.ar/2040887-federico-braun-la-presion-impositiva-es-insoportable-en-la-argentina
  • Erich Fromm. 1947. El Miedo a la Libertad. Editorial Paidós.
  • Diálogo de Conversos. Roberto Ampuero y Mauricio Rojas. Debate. 2016.

Nota del Editor

Esta es la quinta columna de Álvaro Feuerman sobre la libertad, tratando ahora a la libertad y las presiones que la persona tiene para abandonarla, dejándose llevar por el pensamiento mayoritario y su ansia de pertenecer siendo igual al resto.

Agradecemos al autor el amable permiso de publicación. Sus columnas pueden ser vistas en ContraPeso.info: Álvaro Feuerman.

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