Libertad: sus dificultades

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¿Cuánto vale la libertad para cada uno? Esta es la idea de Álvaro Feuerman en su columna. 

Inicialmente, debo decir que cada vez me resulta más difícil encontrar ideas nuevas o miradas nuevas sobre la libertad… ¡a pesar de que el tema me apasiona!

Que cuánto de nuestra libertad estamos dispuestos a renunciar en pos de obtener mayor seguridad; que si debemos defender la libertad por ser un derecho básico de los seres humanos o por ser algo útil, conveniente y eficaz; que si tenemos derecho a restringir la libertad de los demás por una buena causa, o por un mayor beneficio para el conjunto de la sociedad; que si existe la libertad después de todo, o es una mera ilusión; que si tal o cual forma o sistema de gobierno es mejor, más conveniente, más eficiente o más humano…

Nuevo, nuevo… ¡no hay nada nuevo bajo el sol! Y prueba de ello es que esta mismísima frase pertenece a la Biblia, y fue escrita hace más de dos mil años (Qo 1, 9).

Ese mismo libro de la Biblia, el Eclesiastés, escrito alrededor de 200 años a.C. dice con cierta ironía:

«Si en la región ves al pobre oprimido y violados el derecho y la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otras más dignas sobre ambas. Se invocará el interés común y el servicio del rey”. (Qo 5, 7-8)

Es decir, que hace más de 2.000 años también era habitual que se justificara la necesidad de restringir la libertad de las personas en aras del bien común.

Los temas se repiten, con distintos matices, desde hace miles de años. Presentar una nueva mirada resulta entonces un gran desafío.

¡Y se ha escrito mucho sobre la libertad!

En ocasión de este ensayo, viene a mi memoria el caso de Lord Acton, un hombre talentoso y considerado por muchos como el más erudito y culto de su época, quien luego de dar dos brillantes conferencias tituladas «La Historia de la Libertad en la Antigüedad» y «La Historia de la Libertad en la Cristiandad», dirigidas a los miembros del Bridgnorth Institute en febrero y en mayo de 1877, respectivamente, se dispuso a escribir un libro sobre la historia de la libertad (Fears, 1994).

Luego de investigar y leer durante años, su proyecto fue creciendo y abarcando temas, regiones, autores y períodos cada vez más amplios, que incluían la investigación acerca de los más variados aspectos de la libertad y su evolución a lo largo del tiempo.

Finalmente falleció sin poder terminar tamaña tarea. Dejó una biblioteca con 70.000 volúmenes, miles de libros leídos, con incontables marcas y anotaciones que esperaban posteriores revisiones y síntesis, borradores y demás, que algún día debían convertirse en un libro o varios. No los veremos.

Y, más recientemente, me recuerda al hermano Timothy, un personaje de la novela histórica Los Pilares de la Tierra, quien «escribía una historia de Inglaterra, aunque, como la había comenzado con la creación del mundo, … se temía mucho que el pobre no llegara nunca a terminarla» (Follett, 1989, p. 731).

En este caso, el libro fue terminado mediante «contribuciones de escritores posteriores» (Follett, 2005, p. 87).

¿A quién le interesa la libertad?

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres». Miguel de Cervantes Saavedra, 1604/1615, p. 500.

¿Qué tipo de gente está genuinamente interesada en la libertad? En otras palabras, ¿qué tipo de gente valora la libertad?

Para intentar responder a esta pregunta, podemos hacer uso del análisis económico y aplicar la Teoría del Valor (Benegas Lynch (h), 1990, p. 63-72).

Como ocurre con cualquier otro elemento posible de ser valorado o apreciado, las personas valoramos la libertad en la medida en que, simultáneamente:

• La consideramos útil.

• La percibimos como escasa.

Esta valoración es subjetiva e intrínseca al sujeto que valora. Es decir, que no todos valoramos la libertad de igual modo. Más aún, una misma persona tendrá una valoración distinta de la libertad en distintos momentos y bajo distintas circunstancias.

Y cada persona, de acuerdo con sus valores, intereses y circunstancias específicas, en un momento dado considerará de mayor o de menor utilidad gozar de más libertad.

Asimismo, en función de sus circunstancias, por ejemplo, el país en que habita, el régimen de gobierno del mismo, el grado de opresión a que esté sometido, y obviamente sus características y gustos personales, una persona podrá percibir a la libertad como más escasa o más abundante.

En consecuencia, al igual que con cualquier objeto que podamos utilizar como ejemplo para la aplicación de la teoría del valor, las personas no valoramos la libertad en general y en abstracto.

Dadas mis circunstancias personales y mis características personales y mis valores, en un momento dato, una cuota mayor de libertad podrá resultarme lo suficientemente atractiva como para dedicar tiempo, esfuerzo y recursos para alcanzarla (por ejemplo, estoy preso y tengo la posibilidad de que me otorguen un régimen de reclusión domiciliaria), o no tan atractiva como para realizar algún esfuerzo por conseguirla o por evitar una restricción (por ejemplo, soy millonario y el gobierno incrementa levemente los impuestos).

También es posible que no esté mayormente interesado en la restricción de libertad que implica determinada ley que no aplica a mi persona.

Supongamos que el gobierno detiene y encarcela a un pequeño grupo de personas inocentes, por motivos políticos. Quizás algunas personas, aquellas más conscientes del significado de ese hecho, o con mayores conocimientos sobre la historia de las instituciones, y con mayores intereses respecto de las cuestiones públicas y de la libertad, se movilicen y convoquen a toda la ciudadanía a movilizarse y actuar para revertir la medida del gobierno.

Pero es muy probable también que una gran cantidad de personas, a quienes no les aplica directamente la medida, y que por diversas razones no advierten ninguna relación entre esa medida y sus vidas personales, se mantengan en la indiferencia, o se indignen levemente pero no se tomen la molestia de actuar en algún sentido.

Este último ejemplo ilustra quizás el mayor peligro: «que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo» (de Cervantes Saavedra, 1615, p. 278).

Ortega y Gasset (1930) denunciaba hace más de 70 años que vivimos una época de abundancia generalizada, abundancia material y abundancia de libertad política. Y que esta abundancia es —junto con determinadas circunstancias que describe— la causa de una decadencia general.

Define al hombre-masa como contraposición al hombre noble, excelente, o esforzado:

«el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores». (p. 49)

Sostiene que:

«Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive cuando desesperadamente nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir». (p. 77).

En contraposición, el hombre-masa no tiene un propósito de vida:

«vive sin programa de vida, sin proyecto. No sabe dónde va porque, en rigor, no va, no tiene camino prefijado, trayectoria anticipada… El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyecto y va a la deriva». (p. 78).

Por eso se lamenta de que en nuestro tiempo sea el hombre-masa quien decida los destinos de la humanidad.

Bibliografía

  • Miguel de Cervantes Saavedra. Primera parte (1604). Segunda parte (1615). El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Edición de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  • Biblia de Jerusalén. 4a edición. (2009). Desclée De Brouwer.
  • J. Rufus Fears. «Acton y la Historia de la Libertad». Revista Libertas N° 20, edición semestral de ESEADE, Buenos Aires. Mayo de 1994. P. 67-87.
  • Ken Follett. 1989. Los Pilares de la Tierra. EspaEBook. Horus01 28.12.11.
  • Ken Follett. 2005. Un mundo sin fin. EspaEBook. Elvys 08.15.12.
  • Alberto Benegas Lynch (h). 1990. Fundamentos de análisis económico. 10a edición. Abeledo-Perrot. Buenos Aires.
  • José Ortega y Gasset. 1930. La Rebelión de las Masas. Alianza Editorial. Madrid. 1995.

Nota del Editor

Este es el primero de una serie de 7 ensayos con diversas reflexiones sobre la libertad que Álvaro Feuerman planea escribir para esta página. Sus columnas pueden ser vistas en ContraPeso.info: Álvaro Feuerman.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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