Libre comercio, ¿sí o no?

Prohibir importaciones o permitirlas. Abrir las fronteras al comercio internacional o cerrarlas. Aceptar al libre comercio o rechazarlo. Este es el centro de una continua discusión política.

Adam Smith dio una respuesta razonable a esas preguntas partiendo de una idea simple, la del manejo y la administración de la casa de cualquier persona.

La importación de bienes extranjeros, dice Smith, puede restringirse usando aranceles altos, o incluso la total prohibición de esa importación. Si eso se hace, lógicamente la producción de esos bienes restringidos o prohibidos se tendrá que hacer dentro del país.

El monopolio del mercado nacional se da a la industria así protegida. Esto es una gran promoción a la industria nacional, la beneficiada con la prohibición de importaciones. Esa industria ocupará ahora más recursos y dará más empleos.

Pero eso no significa que prohibiendo las importaciones se da impulso a la industria nacional. Eso es un error.

La restricción de importaciones hace crecer a quienes producen los bienes prohibidos, pero eso no quiere decir que así se haga crecer a la industria de total del país. Tampoco se le dará una mejor dirección a la economía nacional.

No hay regulación alguna de gobierno para el comercio, dice A. Smith, que pueda darle más industria a un país que la cantidad de industria que ya tiene y le permiten sus recursos y su capital.

A lo más que puede aspirar una regulación de la actividad económica es a orientar al capital a donde de otra manera no hubiera ido. La regulación gubernamental solo puede alterar las decisiones de dónde y en qué invertir el capital que ya tiene.

Con una dificultad, la de que esa regulación de comercio no necesariamente da una mejor orientación al capital que la que se hubiera logrado de manera espontánea, sin regulaciones y con fronteras abiertas.

Para probar lo anterior, Smith razona con sentido común.

Todos intentan siempre encontrar el mejor uso para los recursos que poseen. En esta búsqueda del mejor uso toman en cuenta su propio bienestar, no el de la sociedad. Por esa razón, curiosamente, es que los hombres son llevados, sin intentarlo, a preferir lo que es mejor para la sociedad.

Buscando su propio bienestar los ciudadanos, sin quererlo, terminan haciendo el bien a la sociedad. La búsqueda del bien propio termina produciendo el bien general.

Eso, que tiene algo de paradójico, sucede por varias causas.

1. Una de ellas es la preferencia de usar el capital lo más cerca de uno. Por eso es que se prefiere invertir en el país y no en el extranjero, a menos que la utilidad en el país sea muy inferior a la utilidad en el extranjero.

Se conoce mejor al propio país, sus personas, sus costumbres, sus leyes. Ante utilidades similares, preferimos al propio país y así hay un impulso al empleo y a la industria nacional.

2. Los recursos propios son dirigidos a la industria que más beneficios pueda dar a la persona. Siempre se intenta obtener el máximo de utilidades.

Eso precisamente es lo que hace que la persona dirija su esfuerzo a aumentar los ingresos de toda la sociedad. Buscando los máximos ingresos propios aumentamos los ingresos de toda la sociedad.

El razonamiento de Smith es que hacemos eso que es bueno para la sociedad sin darnos cuenta de ello.

Al preferir a la industria nacional buscamos nuestra seguridad. Al buscar máximas utilidades buscamos nuestro beneficio. Pero haciendo eso, sin quererlo expresamente, logramos el bienestar general.

Parecería como si una mano invisible nos guiara promoviendo algo que no era nuestra intención original. Al buscar nuestro propio beneficio con frecuencia promovemos el interés de la sociedad más y mejor que si lo hubiéramos buscado intencionalmente.

Smith hace consideraciones adicionales sobre las regulaciones gubernamentales del comercio y la economía.

Dice que los ciudadanos están mejor preparados que los gobernantes para elegir el tipo de industria a la que quieran dedicar su capital y su esfuerzo personal. No hay nadie que sepa y conozca más acerca de cómo usar los recursos.

Y, si acaso el gobernante tuviera el atrevimiento de sustituir las decisiones de las personal y dirigirlas él acerca de cómo usar los recursos de ellas, estaría aceptando una responsabilidad innecesaria.

Un gobernante que pretendiera reglamentar a la actividad económica adquiriría un poder que por seguridad de los demás no debiera ser dado a nadie. Sería en extremo riesgoso ceder ese poder a quien se piense lo suficientemente capaz y pretencioso como para querer ejercitarlo.

Es peligroso e inútil conceder el monopolio del mercado nacional a la industria nacional prohibiendo o restringiendo las importaciones. Esa es una modalidad de dirigir artificialmente, por medio de regulaciones, el uso de los capitales de las personas (que ellas son más capaces de manejar).

Si acaso los bienes producidos internamente en el país son igual de baratos que los productos extranjeros, entonces la regulación es inútil. Y si la mercancía extranjera es más barata, entonces la medida es dañina.

Aquí el razonamiento de Smith es de mero sentido común: lo que es bueno para la economía de un hogar, no puede ser malo para la economía de una nación. En ninguna casa se hace dentro lo que sale más barato comprar afuera.

El zapatero no hace su ropa y el sastre no hace sus zapatos. El pescador compra carne al ganadero y el ganadero, pescado al pescador. En casa no se produce la cerveza ni el pan que son más baratos comprados fuera; y si se compraran de desperdiciarían recursos de la casa.

Lo que sucede es que al importar lo que sale más barato en el extranjero, la industria nacional busca por sí misma las maneras en las que el capital nacional pueda ser mejor empleado; que no se desaproveche en cosas que otros hacen a un precio mejor.

Smith ha respondido a las preguntas iniciales: prohibir o restringir la entrada de mercancía extranjera es una medida que reduce y merma el ingreso de toda la sociedad. Es mejor el libre comercio que su restricción.

Smith reconoce que la industria que es protegida a través de prohibiciones de importación, puede con el tiempo llegar a producir a iguales costos que en el extranjero. Pero, insiste, eso no significa que el total de la industria nacional haya aumentado por causa de la regulación de comercio.

La industria entera de un país puede aumentar sólo en la proporción en la que aumenta su capital. Su capital sólo puede aumentar en la proporción en la que pueda aumentar su ingreso.

Lo que sucede con las medidas de prohibición de importaciones es la disminución del ingreso. Esta disminución del ingreso hará que el capital entero de la nación no aumente.

Sí habría aumentado al seguir cada persona tomando sus propias decisiones sin interferencias, encontrando de esta manera su empleo natural.

La lección es fascinante.

Los gobiernos llenos de buenas intenciones y de loables propósitos emiten regulaciones económicas que alteran las decisiones de uso de recursos personales y, sin desearlo, causan grandes males con sus regulaciones económicas.

En cambio, los ciudadanos preocupados solamente con su propio interés toman decisiones libres acerca del uso de sus recursos y, sin imaginarlo, causan grandes beneficios al resto de las personas.

Las buenas intenciones de la regulación gubernamental produce daños a la nación. Y el supuesto egoísmo de los individuos acaba por producir grandes beneficios a todos.

Nota del Editor

Esta idea fue encontrada en la obra de Smith, Adam (1993). Wealth of nations [1776] a selected edition. (Kathryn Sutherland). Oxford University Press, Book IV, Chapter II, pp. 288-294. Smith (1723-1790), escocés, profesor de la Universidad de Glasgow, es conocido como el fundador de la Economía Moderna. También es autor de The Theory of Moral Sentiments.

Un tanto escondida en las ideas anteriores está una que es llamativa, la de la soberbia de quien se juzga a sí mismo superior y obliga a otros a seguir sus mandatos, haciendo que ellos usen sus propiedades de la manera que él cree que es mejor, cuando quien más sabe y más interés tiene es el propietario de los recursos, no el pretencioso.

Un caso muy reciente de medidas que protegen a la industria nacional es el de «Las tarifas de Trump explicadas».

Para el interesado en el tema del libre comercio:

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