Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Limitaciones del voto
Eduardo García Gaspar
24 enero 2018
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La exaltación del método democrático acarrea un error garrafal. La equivocación de suponer que todo puede ser resuelto correctamente por medio de la emisión de votos.

Los votos del ciudadano, los de los legisladores, o los de ministros de justicia. El que ellos emitan votos y gane la mayoría, se suele pensar, es la manera en la que una sociedad resuelve sus discusiones y desacuerdos. Es la mentalidad de la victoria de la mayoría.

El método del voto, no tengo duda, tiene una amplia utilidad. Resuelve un problema mayor en las democracias, la elección del gobernante siguiente. Ese que obtiene la mayoría de los votos. Un método pacífico para cambio de gobierno. Muy superior a las alternativas de golpe de estado o revolución.

Lo mismo, el método del voto es de gran utilidad en la aprobación de leyes y la emisión de fallos de los tribunales de justicia. De existir desacuerdos, ellos son solucionados pacíficamente dando la victoria a quienes tengan mayoría. No está mal, al contrario.

Y, sin embargo, plantea un problema cuando se acepta una posibilidad extrema pero posible. ¿Qué sucede si la mayoría votara porque se dejara de votar en el futuro y todo el poder fuera dado a una cierta persona? ¿Qué pasaría si la mayoría votara que debe matarse a una minoría? ¿Sería legítimo que el 51% dictara que se confiscaran las propiedades del 49%?

Estas y otras preguntas posibles exponen el problema: por eficiente y positivo que sea el método del voto, no es este un sistema universal para la solución de desacuerdos dentro de una sociedad. Existen cosas que se prestan a ser solucionadas por el método del voto, pero hay votos que simplemente no, no pueden ser solucionadas de esa manera.

Este problema es viejo. Ha sido reconocido en la expresión «tiranía de la mayoría».

«En su obra, Tocqueville muestra una profunda admiración por el modelo democrático que se dieron los primeros norteamericanos pero también alerta de sus peligros. Uno de ellos, y en su opinión el más grave, es la tiranía que una parte mayoritaria de la población puede ejercer sobre la otra si llegara a imponerle su pensamiento, su forma de vivir y sus leyes. Para Tocqueville un gobierno democrático debe ser extremadamente cuidadoso para que la libertad de pensamiento y de expresión de las minorías quede garantizada». esteladodelespejo.wordpress.com

Es el peligro que corre todo ciudadano de ser dominado por la voluntad mayoritaria sin límites. ¿Sería legítimo que se quitaran todas sus propiedades a la persona A solamente porque eso fue votado por todo el resto?

Esto es una mala noticia para los fans de la democracia. Su adorado método del voto mayoritario no tiene aplicación universal. No es la solución completa a los problemas sociales. Es un buen método, pero que en muchas ocasiones sencillamente no sirve, no aplica.

Reconocer esto es parte de lo que debe saber un ciudadano: hay cosas en las que el método del voto no sirve; y hay otras en las que resulta de gran utilidad. Distinguir entre ellas es parte de la cultura política que debe existir entre quienes viven bajo una democracia.

¿Como distinguir entre esas cosas? Hay una manera simple de hacerlo: póngase el ciudadano en los zapatos de quienes son afectados por eso que está siendo puesto a votación. Si entienden que no les gustaría el resultado, si comprenden que su libertades serían afectadas, entonces será muy probable que tal cosa no merezca pasar por el método del voto mayoritario.

La vida de la sociedad, su paz y florecimiento, indican que hay cosas que están más allá de las votaciones. Tanto así que en una democracia real ella cuida a las minorías siendo esto prueba de su buen estado. Esto es lo que, por ejemplo, protege a las libertades religiosas reclamando el respeto mutuo entre ellas.

Más otro peligro que está implícito en el método del voto, algo que bien merece una segunda opinión. La creencia de que recibir la victoria del voto de la mayoría equivale a poseer un permiso de acciones sin límite.

Me refiero a la terrible creencia de que, por ejemplo, la elección de un presidente por medio del voto, da a ese presidente una autorización o una patente para actuar enteramente sin restricciones. La aquiescencia ilimitada que percibe equivocadamente el gobernante elegido.

Y no solo el gobernante victorioso, también quienes lo eligieron suelen suponer que a partir de ese momento podrán disponer de una cédula de poder infinito sobre los demás (esos que votaron por otros).

No, la victoria electoral obtenida gracias a la mayoría de votos no es una autorización para acciones ilimitadas y sin control. Las libertades de todos no están sujetas al método del voto, lo trascienden. A pesar de la victoria mayoritaria, el nuevo gobernante enfrenta restricciones que están por encima de su autoridad.

Restricciones como la separación de poderes, la necesidad de juicios imparciales y otras cosas, entre las que están las libertades humanas. Elementos que no están sujetos a votación y que suelen estar contenidas en la mentalidad republicana.

Sirva esto solo para una conclusión razonable: por efectivo y útil que sea el método del voto democrático, no tiene este aplicación universal puesto que existen muchas cosas que están por encima de él, seguramente las más importantes.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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