Lo que nos faltaba

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«Nada más eso me faltaba». Eso decía mi padre cuando le sucedía algo que lo molestaba en serio.

Quizá, si viviera, lo volvería a exclamar, «Nada más eso nos faltaba, un candidato que se cree redentor».

Imaginé eso después de leer una columna en el periódico el mes pasado. Ella trataba el tema de uno de los candidatos a la presidencia en México. A él y a sus sentimientos religiosos.

En ella se citan palabras de López Obrador, que aquí reproduzco completas a partir de su fuente original (elmanana.com.mx) :

«Soy un seguidor de la vida y obra de Jesucristo. Soy Cristiano. En la expresión amplia de lo que significa el cristianismo. Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesús Cristo. Porque Jesús Cristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes, por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Lo espiaban y lo crucificaron por defender la justicia. Soy en ese sentido un creyente; tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo; por eso lucho todo el tiempo. Le tengo un profundo amor al pueblo».

En mi experiencia, cuando alguien dice cosas como «Soy cristiano en la expresión amplia de lo que significa el cristianismo», eso significa que no es cristiano. O que tiene de cristiano lo que yo de vegetariano.

Esas son palabras que significan que la persona ha modificado las ideas del cristianismo para que ellas se acomoden a las propias. Una especie de selección de lo que conviene, desechando lo que no gusta. Algo como un cristianismo a la carta.

Muy bien, nada que sorprenda. Eso es más o menos común. Pero en esa cita existe algo notable y que está en esa manera de entender a Jesucristo como un activista. Cito de nuevo esa palabras:

«Porque Jesús Cristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes, por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Lo espiaban y lo crucificaron por defender la justicia».

Esa afirmación es notable. Notable y espectacularmente errónea. El candidato no tiene la más remota idea de quién era Jesús y lo reduce a alguien que tiene parecido con él mismo para llegar a una conclusión: «Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesús Cristo».

La conclusión que se tiene es eso que a mi padre le haría exclamar, «Solo eso nos faltaba». Dice el candidato:

«[…] tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo; por eso lucho todo el tiempo. Le tengo un profundo amor al pueblo».

Y es que la experiencia muestra que las peores cosas suelen salir de personas que con las más admirables intenciones cometen los errores más espectaculares. Los gobernantes que más dicen amar al pueblo suelen ser los que más odian a las personas, porque lo que aman es realmente a otra cosa. Aman a sus propias ideas. Están enamorados de sí mismos. Narciso era conservador con respecto a ellos.

Y ya que estamos con abundancia de citas, las siguientes de A. J. Schumpeter, el célebre economista, tiene su aplicación a este curioso caso:

«La primer cosa que un hombre hará por su ideal es mentir». goodreads.com

Esto es una llamada de precaución para el ciudadano. Un aviso de cautela ante cualquiera que sea el candidato que se elogie a sí mismo (porque eso son las campañas, una serie interminable de panegíricos dirigidos a uno mismo, es decir, una soberbia colosal).

Lo que nos lleva a una faceta llamativa. ¿Cómo es posible que personas razonables en su vida diaria sucumban a las palabras de un soberbio endiosado? Otra cita del economista lo explica:

«El ciudadano típico desciende a un nivel inferior de desempeño mental tan pronto como entra en el campo de la política. Discute y analiza de una manera que él mismo reconocería como infantil dentro de la esfera de sus propios intereses. Se vuelve de nuevo primitivo».azquotes.com

En fin, que tenemos el llamativo caso de un candidato con buen nivel de popularidad que nos ama y quiere nuestro bien, y que cree ser parecido a Jesucristo.

Efectivamente, ¡solo eso nos faltaba!

Post Scriptum

La columna a la que me refiero es de Sergio Sarmiento «La bella paradoja», Grupo Reforma, 12 diciembre 2017.

Sobre los nombres de sus dos hijos, dice el candidato:

«Se llama Jesús por Jesús Cristo y Ernesto por Ernesto Che Guevara».

Un amigo comenta sobre esto que es curioso que cuando un candidato de izquierda dice tener creencias cristianas nadie protesta, pero que si eso mismo diría un candidato de derecha, entonces habría una cascada de protestas por mezclar a la religión con la política.

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