Mentalidad redistributiva

Usar al gobierno como medio para igualar ingresos o riqueza —esa es una propuesta común y frecuente en tiempos de campañas electorales.

Es una noción general que sostiene que quien tiene «mucho» debe dar a quien tiene «poco» —e implícitamente supone que ya que nadie de los que tiene «mucho» dará siquiera algo a los que tienen «poco», el gobierno tiene que usar su poder para obligarlos.

Más aún, el que el gobierno entre a los bolsillos de unos para darle a otros, se suele admirar como algo de estricta justicia —algo que todo gobierno tiene el deber moral de hacer.

Una vez comprendida la intención y el método de la redistribución de la riqueza, hago los siguientes comentarios de sencilla utilidad práctica.

1. Los recursos quitados a los ricos pasan a ser propiedad del gobierno, convirtiendo a este en el rico más rico de la sociedad —de lo que debe concluirse que en realidad no se ha resuelto el problema de desigualdad que deseaba resolverse. Al contrario se ha vuelto mayor.

2. Los recursos expropiados a los ricos suelen mantenerse como propiedad estatal, sin pasar a ser propiedad de los pobres —los que en realidad no elevan su riqueza, sino se benefician de programas estatales que los vuelven dependientes de aquello que reciben.

3. La riqueza de cualquier persona, rica o pobre, que se ha convertido en propietaria por medios legales no puede ser expropiada con el objetivo de darle esos recursos a otros —eso es una acción indebida a la que se le llama ‘robo’ y es una violación de derechos.

4. Si la riqueza de cualquier persona fue obtenida ilegalmente eso solo es posible entre entes específicos —con un dañado y un beneficiado y la justicia es responsabilidad gubernamental consistente en la restitución de lo robado.

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Lo anterior me lleva al examen de la mentalidad que propone a las políticas redistributivas como un asunto de justicia —una mente con ciertas características:

1. Colectivismo, es decir, una mente que entiende a la sociedad en colectividades —pero sin personas—, que son colectivamente villanos ladrones y víctimas robadas.

2. Fundamentalismo, es decir, la creencia incuestionable en una teoría económica que propone que lo que unos tienen es lo que le han quitado a otros —una visión económica de suma cero.

3. Activismo, es decir, la adopción de una postura distinta a la de los dos grupos entre los que ha establecido conflicto. Las víctimas y los villanos son otros, no la persona que propone redistribuciones, pues ella no es víctima ni villano —solo un juez que juzga a esos dos grupos colectivamente y toma el papel de salvador con poder de coerción.

Concluyo, por tanto, que las propuestas de redistribución de riqueza por medios gubernamentales tienen un sustento racional en extremo débil —y que solo pueden ser justificadas por una mentalidad colectivista, fundamentalista y activista.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

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