Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Miscelánea filosófica
Eduardo García Gaspar
11 enero 2018
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La conversación fue rica en temas y profunda en ideas. Un placer mental que no es frecuente. Las personas se explicaron con claridad y, lo más extraño, humildad.

Comparto con usted algunas de esas ideas, una especie de popurrí filosófico divertido y ameno (creo).

• Los liberales que solo defienden a la libertad económica, sin pensar en nada más, se parecen a los socialistas que solo defienden al intervencionismo económico y solo eso. Deben ambos entender que la vida humana es mucho más que libres mercados y estado de bienestar o intervencionismo económico.

Aunque es verdad que los mercados libres son congruentes con la libertad política y el estado de bienestar, mientras duren sus recursos, cría ciudadanos irresponsables y pedigüeños que no sabrían vivir en libertad.

• Las naciones siempre están en peligro, siempre. Es el riesgo de que llegue al poder algún líder, lo suficientemente soberbio y trastornado como para ver al país como una sociedad que tiene un propósito al que solo él puede conducirla.

Puede ser una sociedad igualitaria, una más grande y próspera, una moralmente buena, étnicamente pura, justa e incluyente; cualquier objetivo nacional para todos y que es un instrumento que da entrada al líder que persuada al número mínimo requerido para ascender al poder.

Es que la sociedad, la nación, no tiene objetivos de esa naturaleza. Solo posee propósitos personales, fines individuales, que dentro de esa nación son posibles de lograr. El único objetivo nacional es crear y mantener un régimen dentro en el que las personas pueden lo más libremente posible realizar sus propias vidas.

• La educación pública no es en realidad ‘pública’ en el sentido de ser propiedad de toda la gente. Es estatal y será usada para propósitos estatales. Es como tener a los gobernantes como profesores, adoctrinando a sus alumnos con sus ideas políticas. No es educación, es adoctrinamiento estatal.

La educación pública no es ‘pública’ ni es ‘educación’, cuando se usa con propósitos políticos, como la igualdad, la tolerancia y la inclusión, o cualquier otra moda ideológica en boga. El propósito de la educación es ese, educar, lograr conocimiento por el conocimiento mismo, sin necesidad de una utilidad inmediata.

• La «identificación ideológica» está cada vez más sirviendo para lograr la identificación personal, lo que impide el sentido de pertenencia a la comunidad, como lo ilustra el síndrome de las naciones divididas en, por ejemplo, partidarios de la libertad religiosa y proponentes de teocracias.

O entre progresistas y conservadores, lo que en general hace perder respeto a las instituciones y las leyes, que se ven como obstáculos en la carrera por implantar la ideología de cada grupo y produce una fragmentación social considerable.

Especialmente cuando se confunde desigualdad con pobreza y circunstancias personales con injusticia, que son desbarajustes mentales que llevan a políticas gubernamentales desconcertadas, que se justifican solamente por sus fines.

• Eso muestra la negligencia con la que son tratados los asuntos más vitales de la sociedad y el gobierno, cuando la capacidad de conocer es suplantada por la ansiedad de imponer la utopía que algún trastornado cree posible y persuade a suficientes personas.

El único argumento contundente no es ya la posibilidad de conocer la verdad, sino la fuerza que acompaña a las creencias y opiniones, la voluntad de poder de la que hablaba Nietzsche y ante la que la única posible manera de enfrentar es la inacción de la tolerancia.

• La suma diligencia con la que se persigue la agenda de la tolerancia incondicional y que se convierte en un muro que frena a toda posibilidad de corregir o siquiera razonar.

Es la censura de la expresión crítica y la aprobación de las ideas que dominan porque tienen de su lado a la fuerza coercitiva gubernamental o, aún peor, el peso del pensamiento estándar mayoritario.

• Es un tiempo el nuestro en el que lo peor que puede pasarle a una persona es ser proponente de la libertad económica o de lo moralmente conservador. Y quienes desean ser incluyentes y tolerantes tienen como condición abandonar sus creencias y sumarse al pensamiento estándar de creer que todo vale lo mismo.

Cuando los verdaderos héroes y revolucionarios lo son por el simple hecho de tener ideas propias y creer en la verdad.

Fuimos tres personas las que conversamos acerca de nuestros tiempos. He apuntado algunas de las opiniones allí expresadas y que ahora comparto con usted.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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