Misterio intervencionista 

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Controles de precios. Son ellos una manifestación del intervencionismo económico.

Y que toma como verdad que las decisiones de una o más personas dentro de un gobierno tienen la capacidad para solucionar problemas de precios reales considerados no correctos. Quizá muy altos, tal vez muy bajos.

Un asunto de siglos, que por el 17 tuvo una respuesta clara:

«Molina y (aún más) Mariana criticaron los controles de precios que distorsionaban las condiciones económicas y criticaron sus efectos dañinos.117 Azpilcueta condenó explícitamente todos los controles políticos sobre los precios argumentando que eran irrelevantes en tiempos de abundancia e impracticables o perjudiciales para el bien común en tiempos de escasez». Alves, Andre Azevedo. La Escuela de Salamanca (Ubicaciones de Kindle 1334-1337). Bloomsbury Publishing. Mi traducción.

El punto no es repetir lo sabido, eso de que los controles de precios tienen buenas intenciones pero malos resultados, sino resaltar la persistencia de esa idea de que las buenas intenciones son suficientes para justificar lo erróneo, lo equivocado.

Los controles de precios son una forma de esa persistencia de la idea de que el gobierno puede alterar a la realidad si sus acciones tienen buenas intenciones. Como el dar precios de garantía a productos agrícolas que protejan a agricultores de reducciones en el precio, y creer que eso dará buenos resultados al país.

Pero una reducción de precio es buena para los consumidores a pesar de que no caiga bien en el productor. ¿Por qué querer alterar esa realidad? Es muy posible que la realidad no deje contentos a todos, pero así es la realidad y si se respeta eso dará mejores resultados a la larga.

Los precios de garantía, por ejemplo, lastiman al consumidor con un gasto más elevado del que tendría si el precio de mercado fuera más bajo. ¿Cuál es la razón por la que se prefiere beneficiar al productor dañando al consumidor?

Y si acaso se compra al productor a un precio alto y se vende al consumidor a un precio bajo, la diferencia será absorbida por gasto público, es decir, retirando recursos que se hubieran usado en otras cosas, como mejora de policía y tribunales. Los recursos son limitados.

En términos generales me refiero a lo que conocemos como intervencionismo económico : un plan económico gubernamental que obstruye la espontaneidad de las decisiones libres que hubieran tomado los ciudadanos e impone en ellos órdenes y decisiones tomadas centralmente en el gobierno.

Lo que es extraordinario es que a pesar de un historial innegable de malos resultados, el intervencionismo mantenga un atractivo grande como parte de propuestas gubernamentales y discursos electorales.

Que eso sucede debe ser uno de los grandes misterios políticos de nuestros tiempos.

Y una cosa más…

Un caso entre muchos muestra eso que intento apuntar, un caso de intervencionismo económico que no precisamente podría ser usado como ejemplo de éxito:

«Héctor Díaz Polanco, presidente de la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena, aseguró que es tan importante el trabajo que su partido va a hacer en términos de transformar a México como integrarse con países como Venezuela, que están haciendo cambios importantes. […] Y fue más directo: “la integración de México en la Revolución Bolivariana. Eso haría una gran diferencia con la situación que tenemos ahora, necesitamos ampliar esa revolución”». elfinanciero.com

La situación que la Revolución Bolivariana produjo en Venezuela pasará por muchas dificultades para ser juzgada como una mejora en ese país, menos como un ejemplo a seguir. Que exista alguien que piense en integrar a su país a esa revolución tiene que ser un suceso mayor a los de Ripley, «aunque usted no lo crea».

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