Multiculturalismo sus características y efectos. Las variaciones en su interpretación y significado tienen efectos y consecuencias. Un análisis de su significado y requisitos de existencia.

Características duales del multiculturalismo

El significado de del concepto tiene un problema de interpretación y que no es pequeño. Dos significados, de varios posibles, muestran esa dificultad y apuntan los efectos que el multiculturalismo puede tener, buenos y malos.

1. Convivencia pacífica

Un significado de coexistencia pacífica de personas de distinto origen cultural dentro de una misma comunidad y territorio.

Esta es una definición descriptiva de multiculturalismo. Lo describe un estado de relaciones respetuosas entre personas con diferentes culturas étnicas, lingüísticas, religiosas, nacionales y demás.

Podrán existir conflictos entre los grupos culturales diferentes, pero en esta descripción se tiene una convivencia tranquila y calmada.

Entre las características del multiculturalismo, por tanto, esta descripción constituye una exaltación propia. La cultura occidental fue donde donde se originó el concepto de multiculturalidad en sus diversos significados y no en ninguna otra.

Al promover ese concepto necesariamente se ve a sí misma como superior a otras en las que la multiculturalidad no nació o no es practicada.

2. Igualdad cultural

Un significado de reclamo exigido a la cultura occidental (europea, judeo-cristiana) de aceptación de un valor igual al propio en relación a todo el resto de las culturas, a las que no hace el mismo reclamo.

Esta es una definición prescriptiva que llega a denigrar la cultura propia, en la que ha nacido la idea misma de multiculturalismo.

Este efecto del multiculturalismo es lo que ha ocasionado una situación paradójica, pues la cultura que se exalta y valora positivamente a sí misma por crear y promover la idea de la multiculturalidad, utiliza a esa ida para degradarse y humillarse.

Es una degradación propia. La cultura occidental se percibe a sí misma como, en el mejor de los casos, igual a cualquiera otra. Y llega con facilidad a odiarse a sí misma sintiéndose culpable de hegemonía y superioridad.

Un ejemplo de esta autodegradación es: «El preámbulo de la Constitución europea no cita expresamente a Dios ni al cristianismo», una omisión notable dada la historia real de esa parte del mundo.

«Las iglesias cristianas se vacían de sus símbolos religiosos para que los refugiados de religión islámica no se sientan incómodos. Esta es la iniciativa que se ha puesto en marcha en Alemania y que han acogido con entusiasmo algunas de las iglesias evangélicas del país». gaceta.es

Ese y otros casos indican esa degradación propia. La de una exigencia a la cultura occidental que con esto se ve como superior, al mismo tiempo que no se exige lo mismo al resto, las que debían ser inferiores por eso.

Efectos del multiculturalismo

El contraste de las características duales del multiculturalismo presenta esa paradoja.

La de contener la admirable descripción de una sociedad de convivencia pacífica entre personas de diferentes culturas y al mismo tiempo, la noción de que la cultura que ha creado esa admirable descripción es igual a las culturas que no comparten eso.

Vieja idea, nueva palabra

Los efectos netos que busca el multiculturalismo son reconocer, respetar y hacer convivir a culturas diversas, religiones, razas, creencias, costumbres, idiosincracias y formas de ser.

La idea no es nueva. Tiene siglos y está basada en una idea cristiana, la de la igualdad esencial de los humanos. Si todos somos hijos de Dios, eso significa por fuerza que todos somos iguales en nuestra naturaleza.

Esa es la esencia moral que hace posible al multiculturalismo. Es una idea que nace del mandato religioso de tratarnos bien unos y otros. Entre las características del multiculturalismo esta es la mayor y puede resumirse en la regla de oro.

Peligro de exageración

Cuando la descripción de la sociedad de convivencia pacífica se estira hasta querer significar igualdad cultural, entonces comienzan los efectos negativos del multiculturalismo.

Si tratar al menos con respeto a otros es un mandato universal, eso no implica que necesariamente todo tenga que ser visto como igualmente valioso y digno de respeto. Un poco de exageración sirve para explicar esto.

Supóngase que en una cultura determinada la costumbre es relegar a las mujeres de la política y del mando de la familia, o pasarlas por una circuncisión femenina.

Por más respeto cultural que se tenga, no puede sino reconocerse que esa cultura es inferior. Y si la cocina de una cierta cultura implica que espantosos olores del vecino entren a mi departamento, tampoco hay razón para respetar ese hábito.

Culturas desiguales

En pocas palabras, no todas las culturas son iguales y sí, algunas son superiores a otras.

No puede ser mejor una cultura de castas sociales inamovibles que una de libertades iguales para todos. Las características duales del multiculturalismo cometen ese error.

Cuando se afirma que todas las culturas son iguales eso es creer que todo vale lo mismo, y que el multiculturalismo no es superior a la idea opuesta a él que tienen otras culturas. Esto es el relativismo cultural con todos los errores que eso acarrea.

Presuponer que todas las culturas son iguales, produce efectos llamativos del multiculturalismo. Uno de ellos es el esbozado antes: la autodenigración de la cultura que produjo la idea del multiculturalismo.

En su esfuerzo por decir que todas las culturas son iguales, la que produjo las ideas de pluralismo, diversidad, libertad, democracia u multiculturalidad, se ve obligada a aceptar que ellas no son superiores a las ideas opuestas que sostienen otras culturas.

Esto llega a producir una reacción en algunos, los que terminan concluyendo que la cultura occidental es la peor de todas.

Omisión de la idea de la persona

Entre las características del multiculturalismo está el olvido de la persona. Por su punto de vista, siempre con el foco de grupos culturales, relega al individuo.

Lo que hace es colocar a las personas en grupos culturales, religiosos, de raza, de lo que sea. Y suponer que todos son iguales dentro de cada grupo.

Ignora lo más esencial, que una persona es un ser individual y que su pertenencia a una cultura no lo predetermina. Es el mismo error del marxismo y sus clases sociales.

Puede cualquiera ver con agrado la enorme variedad y riqueza que tenemos los seres humanos, pero esa riqueza viene de lo individual no del grupo en el que ha sido clasificado. Cada ser humano puede pertenecer a muchos de esos grupos al mismo tiempo.

Mientras el multiculturalismo signifique el respeto mutuo entre las personas y que debe tenerse con independencia del grupo al que pertenecen, no hay problema. Pero cuando la idea se exagera para hacerlo una justificación de lo que sea mientras tenga una connotación cultural, entonces entramos en problemas y muy serios.

La condición básica del multiculturalismo

Recordemos la definición de multiculturalismo antes de seguir con la exposición de sus características y efectos.

«… una convivencia pacífica y respetuosa entre las personas de esas distintas culturas, convivencia que exalta y alaba la riqueza de cada cultura y la diversidad acumulada que representa» contrapeso.info

Entendido de esta manera, no presenta riesgos. Al contrario, el multiculturalismo es digno de halago. Una buena posición ante el conflicto posible que existe en la convivencia de personas de culturas distintas.

El multiculturalismo, por tanto, mantiene las nociones positivas de convivencia y solución de conflictos posibles. Incluso acarrea la connotación de enriquecimiento mutuo entre personas.

El requisito indispensable de convivencia

El multiculturalismo contiene un elemento poco reconocido. Una condición y un requisito sin el que no es posible.

Supone que las personas de todas las culturas en convivencia coinciden en un valor común, el de la convivencia. Las personas en esa sociedad plural deben aceptar la norma de convivir con respeto mutuo.

Sin ese valor común, compartido por todos, no podrá realmente existir multiculturalismo. Si uno o más de los grupos culturales se niegan a aceptar al marco de leyes, si no están dispuestos a aceptar el principio de convivencia, no serán ellos capaces de formar parte del multiculturalismo.

A lo que me refiero, y que suele pasarse por alto, es que el multiculturalismo necesita que las personas de diferentes culturas que conviven acepten una idea general de convivencia respetuosa entre ellas.

Algo que solamente puede lograrse aceptando el respeto a las leyes del país, y las libertades y responsabilidades que allí existan.

Un asunto de reciprocidad

Es decir, la diversidad cultural tendrá que al menos aceptar un valor común a todas las culturas que convivan en una comunidad, el del respeto mutuo, la libertad y la obediencia de la ley.

Para todas las personas que vivan dentro de una comunidad plural, por tanto, será un asunto vital el aceptar la regla de convivencia mutua. Esa es la reciprocidad mutua que debe existir entre todos. Quienes posean una cultura que no acepta esa reciprocidad obligatoria provocarán problemas.

Canadá como ejemplo

Imagine un caso, el de un país como Canadá, con una gran cantidad de nacionalidades y culturas. Su multiculturalismo depende de que sus ciudadanos acepten y reconozcan un valor común general: aceptación de libertades universales y respeto a las leyes.

Cuando una de las nacionalidades o culturas no respeta ese gran valor común de la comunidad donde vive, entonces ella rechaza al multiculturalismo, es decir, a su convivencia mutua en la diversidad.

Si, por ejemplo, los emigrantes a ese país, de una cierta nacionalidad o cultura, rechazan la libertad de culto allí existente, o la prohibición de la poligamia en las leyes, puede decirse que tal cultura no es compatible con el multiculturalismo.

El multiculturalismo es un rasgo básico de una cultura específica y que tiene que ser compartido por el resto de las culturas que convivan. Si una o más de ellas no incluyen esa creencia, resultarán ser incompatibles con el multiculturalismo.

Puesto de otra manera, sí hay diferencias entre culturas. No son ellas totalmente equivalentes. Y será superior la cultura que acepte como creencia el respeto a libertades y leyes, que la sociedad en la que eso no sea aceptado.

Multiculturalismo, características y efectos: precisiones finales

Un concepto occidental

El multiculturalismo es una idea cultural que nace en una cultura, la Occidental. No es original de otras culturas. Es decir, no viene de una petición del inmigrante en el país al que se ha trasladado, sino que es creado por al país que recibe a ese extranjero.

En su origen, es una derivación natural de la cultura Occidental, la que promueve respeto a la persona y, sobre todo, sus libertades. Es un llamado al respeto de la libertad del inmigrante con una cultura diferente a la existente en el país que lo recibe.

Es una derivación lógica de la cultura Occidental muy basada en la tolerancia que se necesita tener donde sea que existan libertades. Las libertades religiosas y de expresión, por ejemplo, requieren tolerancia de las creencias diferentes entre, por ejemplo, católicos y protestantes.

Esa misma tolerancia resulta natural cuando se extiende a otras religiones, como por ejemplo, al emigrado islámico. A este se le extiende la misma tolerancia que se le otorga a, por ejemplo, los ateos. Es una petición lógica de aceptación social mutua de tolerancia.

Bidireccionalidad o reciprocidad

Esa aceptación social de tolerancia mutua presupone que se da en dos direcciones. Las personas del país al que llega el inmigrante le otorgan esa aceptación social presuponiendo que el inmigrante hace lo mismo con las personas del país al que llega. Este inmigrante les otorga también esa aceptación social tolerante.

Esto es vital. No puede tenerse real tolerancia cuando se practica en una sola dirección. Si la gente del país al que llega el inmigrante le da un tratamiento de aceptación tolerante, el inmigrante tiene la obligación de hacer recíproca la misma aceptación. Sin esa bidireccionalidad el multiculturalismo no puede realmente existir.

Posibilidad de distorsión

El multiculturalismo sin bidireccionalidad es una distorsión de la idea lógica y natural de la libertad Occidental y se convierte en algo distinto a tolerancia y respeto a las libertades.

Se transforma en una forma de pensamiento sustentada en el relativismo cultural: no hay diferencias entre culturas, son todas ellas iguales en valor y calidad.

Aunque claramente esto puede ser demostrado como falso, ese es el punto de partida del MC en su versión distorsionada, por lo que no sorprende que en su implantación se cometan errores.

Si no hay diferencias entre las culturas y todas ellas son igualmente buenas, entonces se solicita que ninguna de ellas sea juzgada. Cualquier opinión acerca de cualquier cultura se considera indebida y potencialmente culpable de racismo y discriminación.

El multiculturalismo puede convertirse en una obligación moral de ausencia de juicios y opiniones culturales.

Autodenigración occidental

Si pierde su bidireccionalidad se convierte en una obligación de ausencia de juicios u opiniones culturales. Se transforma en una crítica a la cultura del país que recibe al inmigrante.

Cualquier crítica que se le haga será una debilidad propia, pero la crítica del inmigrante a la cultura que lo recibe es una muestra de diversidad cultural positiva.

Esto es paradójico. Si el inmigrante decide ir a un cierto país es porque lo considera superior al suyo y una vez que llega allí se encuentra con algo extraño. La gente de ese país tiene la obligación de creer que la cultura del inmigrante es superior.

En su estado actual, el multiculturalismo llega a imponer la obligación de pensar que la cultura propia del país es inferior a la cultura del inmigrante. Una contradicción significativa al recordar que todo comenzó con creer que todas las culturas valen lo mismo.

Ideal estático

El multiculturalismo ha derivado también en una obsesión para mantener estáticas otras culturas, anulando la posibilidad de desarrollo y progreso.

Las peticiones de conservar lenguas minoritarias, dando educación en esa lengua a los niños, reduce sus posibilidades de integración al resto de la sociedad (una desventaja de origen).

Concluyendo

Lo que he querido hacer es llamar la atención sobre las características y los efectos del multiculturalismo.

Originalmente es un simple llamado a la tolerancia ante la libertad del resto como una obligación que tiene dos direcciones, que presupone la superioridad de la cultura que ha creado esa libertad y esa obligación de respeto.

Su mutación, sin embargo, ha convertido al multiculturalismo es una exigencia para no pensar en las cosas buenas y malas de cada cultura lo que da al inmigrante o a la minoría cultural, en la práctica, una superioridad indebida que hace perder la identidad cultural de la sociedad libre.

Es una mutación que ha convertido a la tolerancia mutua que permite una convivencia pacífica en una serie de reclamos de aceptación social e inclusión obligatoria que ha creado conflictos culturales y violencia. Exactamente lo opuesto de lo que intenta hacer.

[La columna fue revisada en 2019-09]