Necesidades sin utilidad

La persona me interrogó. Con cierta dureza me preguntó y se respondió a sí misma

«¿Qué utilidad tiene saber acerca de Carlomargno? Ninguna». 

Y continuó:

«Es absolutamente inservible ir a un museo a ver pinturas viejas, o a visitar catedrales medievales, o a oír una sinfonía. No sirve de nada, no tienen nada práctico que me sirva».

Tuvo su punto esta persona. Acertó totalmente. Escuchar una sinfonía de Beethoven, contemplar una pintura de Goya, o leer un libro sobre la historia de los francos, no poseen la consecuencia de una aplicación práctica inmediata. Nada hay funcional en ello. Ni utilitario, ni pragmático.

Reconocer esa ausencia de utilidad de ciertas cosas ayuda a distinguirlas de otras. Y ayuda a comprender mejor a un cierto tipo de conocimiento, ese que no tiene un objetivo específico, ni un propósito claro.

Un conocimiento que es en sí mismo su propio objetivo. Tome usted, por ejemplo, el conocimiento de una pintura: verla, o mejor dicho, contemplarla. Es algo más que mirarla y examinarla, y resulta en la la satisfacción de una necesidad. No hay un uso posterior, ni una aplicación práctica más tarde.

Una situación fascinante. Es algo de lo que tenemos necesidad y que no tiene un objetivo práctico. Un amigo ha leído Los Miserables tres veces, me ha dicho. Es para ponerse a pensar en la razón. Quizá sea un simple gozo y nada más que eso. como el escuchar varias veces la sinfonía «Júpiter» de Mozart. 

Entonces, si se renuncia a la dimensión pragmática, eso sería un primer paso para el gozo del que tenemos necesidad. Una necesidad que mucho me temo haya sido degradada por la prioridad desmedida de los objetivos prácticos. 

No es despreciar los objetivos y propósitos útiles, sin los que nuestra vida sería una calamidad. Esas actividades que conducen a ellos son vitales. Mi punto es que no son el todo. Hay cosas que también son vitales y que no tienen propósitos prácticos de utilidad; y que satisfacen necesidades reales.

Hay un mundo humano que está a un lado de lo pragmático. Es el conocimiento de lo que no tiene propósitos de utilidad aplicada. El conocimiento que es en sí mismo su propósito, que en sí mismo satisface. La utilidad deja de ser importante y todo se vuelve un asunto de conocer y contemplar.

Esta es la necesidad sin propósito utilitario a la que me refiero. Un tipo de necesidad que es real. Tan real como la de lo práctico. Es parte de nuestra naturaleza. Ignorar esa otra necesidad, la no utilitaria, afecta nuestra vida.

Es la necesidad del gozo y deleite que viene del objeto mismo que los proporciona, como el conocer una pintura, escuchar una pieza musical, o entrar a una catedral gótica. Pueden todos sobrevivir sin esas cosas, pero la vida plena las necesita.

Entonces es un asunto de gozo, de deleite y placer al satisfacer necesidades sin utilidad práctica definida. Correcto, pero hay que especificar algo acerca de eso. Hay placeres de distinta naturaleza. No es lo mismo ingerir una droga que leer un libro, ni acostarse con quien sea que escuchar un concierto.

Sin duda existen placeres «bajos» y placeres «elevados». Distinguir entre ellos es algo en lo que no me meto porque cualquiera puede tener una idea razonablemente clara de cuáles son cuáles. 

Un par de amigos son grandes aficionados a las novelas populares. Las leen con avidez y les producen deleite. La obra misma es el deleite y el gozo. Igual que me agrada a mí leer novelas de Agatha Christie, Georges Simenon y Edgar Wallace.

Mi punto central es que nuestra naturaleza humana tiene también esas necesidades adicionales a las que se satisfacen prácticamente gracias a conocimientos utilitarios. Podemos hablar y escribir, podemos pensar, tenemos conciencia y, por eso, tenemos esas necesidades no utilitarias de conocimiento por el conocimiento mismo y su contemplación.

Un buen ejemplo de esto es la diferencia entre tener sexo y amar, entre pornografía y erotismo. En unos hay un interés práctico para usar partes del cuerpo de otro para satisfacción propia, sin que la persona importe gran cosa. En los otros hay un deleite en la contemplación de otra persona y su bien, sin que haya interés pragmático.

Es mi impresión que en estos tiempos de demasiada televisión y poco seso, se hayan puesto de lado las necesidades no pragmáticas y se hayan exaltado los placeres bajos. No seremos seres humanos completos por ese camino.

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