Si hay derechos, necesariamente hay obligaciones. Los derechos y los deberes con dos lados de una misma moneda.

Quizá el problema actual es que vemos solamente uno de esos lados, el de los derechos. Y viéndolo, sin atender al otro, se cultiva y florece esa mentalidad que hace del reclamo y la exigencia una costumbre política aceptada.

Lo anterior lleva a un planteamiento que sale fuera de la caja habitual de los reclamos y, tal vez, cause cierta sorpresa. Si existe una lista de derechos humanos, ¿no sería conveniente pensar en una lista de obligaciones humanas?

«Hoy debemos quizá ampliar la doctrina de los derechos humanos con una doctrina de obligaciones humanas y limitaciones humanas» Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 77). Ignatius Press. Mi traducción.

No es una propuesta descabellada, al contrario. Tiene lógica y podría producir algunas consecuencias positivas.

Podría, tal vez, moderar el crecimiento desordenado de reclamos crecientes que olvidan la naturaleza fundamental de los derechos reales.

Quienes han hecho de los reclamos una costumbre podrían quizá aflojar sus demandas al aceptar que cada una de ellas significa también una obligación.

No es complicado. Quien reclame el derecho a estudiar tendría que aceptar que tiene la obligación de estudiar. Quien reclame su derecho al agua tendría que aceptar que eso conlleva la obligación de pagar por ella. Quizá esto sea una sorpresa no muy agradable para algunos, pero así es la realidad.

Podría también producir algo de más fondo y más radical. Podría hacer ver que se necesita pensar también y no solo usar la mente para imaginar más derechos y demandarlos.

Y, pensando que los derechos significan obligaciones, podría llevar a quienes crean esos reclamos a ponerse en los zapatos de los otros. El demandante de derechos se coloca siempre en el sitio del beneficiario de eso que reclama. Aceptar la existencia de una obligación le haría ver el efecto de su reclamo en los demás (lo que seguramente sería una sorpresa para muchos).

Podría, espero, producir que el simple uso del pensamiento llevara a algo extremo, a la búsqueda de una racionalidad natural, es decir, a una comprensión de la naturaleza humana producto de la razón, de la que pudieran derivarse derechos sólidos, no reclamos de ideales materiales.

Una meta ambiciosa, tal vez imposible, pero siendo prudentes lo que sí podemos intentar ese primer paso que es accesible a cualquiera: todo derecho que presuma de ser tal va acompañado de obligaciones propias y ajenas.

En otras palabras, los derechos no son un free lunch. Tienen costos representados por sus correspondientes obligaciones.

La retórica usual del reclamo y la exigencia está bien representada en estas frases de una campaña electoral en México:

«[…] respetando siempre los derechos colectivos de los pueblos y el medio ambiente […] Los jóvenes tendrán garantizado el derecho al estudio y trabajo. […] todas las personas pobres con discapacidad tendrán derecho a una pensión.». elfinanciero.com.mx

Mi punto es sencillo: todas esas ofertas de derechos tienen su otro lado, el de las obligaciones propias y ajenas. No es difícil de entender que las obligaciones deben también darse a conocer.

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