Pensar en causas infinitas

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Son análisis de sillón. Asuntos que pueden estudiarse cómodamente. Preferiblemente con un trago como acompañante. E, idealmente, acompañado de alguien con imaginación.

Piense usted en un restaurante de comida rápida en el que se le pide tomar un número para ser atendido. Puede ser cualquier otra cosa, como una oficina de gobierno en la que se le pide tomar un número para ser atendido en su trámite. O un banco, donde quiere cobrar un cheque, y se le da un número que indica el lugar que su turno de atención.

Todo normal hasta aquí, pero en el caso que imaginamos hay una condición extra que cambia todo. Para tomar el número que señala el orden de atención para pedir la comida o cobrar el cheque, se le pide que usted tome un número anterior, el que le dirá su turno para más tarde tomar otro número y entonces ser atendido.

Hasta aquí, usted tiene que tomar un segundo número para tener turno y tomar el primero. Pero sucede otra cosa, se le pide que para tomar el segundo número, antes tiene usted que tomar un tercero, el que le indicará el turno para recibir el segundo, el que le indicará el turno para tomar el primero.

La cosa se complica porque usted recibe la indicación de que para tomar el boleto con el tercer número, antes tiene que tomar un cuarto número, el que le indicará qué turno tiene para tomar el tercer boleto y continuar el proceso.

Peor aún, se le indica que antes de tomar el cuarto número, usted tiene que tomar el quinto, el que le indicará qué turno tiene para ir y tomar el cuarto boleto. El proceso se repite y ahora usted recibe instrucciones de que tendrá que tomar un sexto boleto, para lo que necesitará un séptimo, un octavo, un noveno, un décimo…

O piense en una situación muy similar, el de un trámite burocrático cualquiera. Usted debe entregar llenada la forma 1-A y la pide en la ventanilla. Allí le dicen que para dársela antes debe llenar la forma 2-A. Usted la pide, en otra ventanilla, donde le dicen que para entregar esa forma antes debe llenar la forma 3-A en otra ventanilla.

Allí solicita la forma 3-A y le informan que para entregarle esa forma primero tiene que llenar la forma 4-A. Usted pide la forma 4-A y se entera que antes debe llenar la forma 5-A, pero que antes de dársela tendrá que llenar la 6-A y antes la 7-A y antes la 8-A…

¿Situaciones infinitas al estilo de Kafka que llevan al absurdo? Sin duda tienen esa apariencia. Usted tiene, sin embargo, una pieza de información que vale oro. Al entrar al restaurante de comida rápida usted vio a personas que salían con sus hamburguesas; o personas que salían con la forma 1-A llenada.

En algún momento, por lejano que sea, el ciclo se termina. Quizá sea la forma 10001-A o el turno 12,555. El caso es que no es infinito el ciclo.

¿Inútil el ejercicio mental? Puede ser, pero sin duda es divertido hacerlo. Trata el tema de las causas infinitas. Tenemos los humanos un sentido fuerte de causa-efecto y actuamos de esa manera.

Tome usted, por ejemplo, el simple hecho de beber. Tenemos sed y bebemos. Hemos desarrollado una relación causa-efecto entre agua y sed; el agua es la causa del quitar la sed. Igual que la comida del quitar el hambre. Esto es innato en nosotros y lo aplicamos todo el tiempo.

En realidad, nuestras acciones son guiadas por ese sentido de relación entre causa y efecto. Podemos así explicar el funcionamiento de motores y de computadoras. Es la esencia de las ciencias, se trata de buscar causas que tienen efectos y poder repetirlas para tener certeza. Y causas de causas de causas de causas…

Pero eso nos lleva más allá de la ciencia, a otros terrenos y nos plantea una pregunta, la de la causa última del mundo y de nuestra vida. Si todo efecto necesita una causa y las causas no son infinitas, debe haber una causa última, una que no sea el efecto de nada, que sea autónoma en sí misma.

Estos son ya terrenos filosóficos y teológicos en los que no puede haber experimentación, al estilo de la Química, pero donde la razón también tiene cabida y debe usarse.

«Si tenemos una serie infinita en nuestras manos, en la que cada causa requiere una causa, entonces nada habría podido llegar a existir». Thomas E. Woods Jr.

¿Hay entonces una causa última? Por definición, ella sería la excepción a la regla, la que no necesita una causa anterior para existir. ¿Existe? Según el razonamiento, ella es necesaria porque su no existencia haría que nada existiese. Una conclusión fascinante.

Vea al mundo, a la gente, a todo lo que existe. Eso tiene causas que producen efectos, y esas causas son efecto de otras causas y ellas de otras y estas de otras… Pero no puede ser una serie infinita y entonces…

Post Scriptum

Para esta columna usé las ideas de Thomas E. Woods Jr. en su libro How the Catholic Church Built Western Civilization.

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