¿Se ha beneficiado México con el incremento del precio del petróleo? Esta es la idea de Manuel Sánchez González en su columna. El título completo de la columna es «El efecto de los mayores precios del petróleo».

El precio de la mezcla mexicana de exportación de petróleo ha ido en ascenso respecto al valor de finales de 2015, en una trayectoria que ha acumulado un aumento de más de 110 por ciento.

¿Se ha beneficiado México con ese incremento?

La pregunta es relevante dado que, durante el cuarto trimestre de 2014, México pasó de ser un exportador neto a un importador neto de petrolíferos y, a partir de entonces, el déficit comercial petrolero se ha ampliado de forma casi continua.

Específicamente, nuestro país vende en el exterior cada vez menos barriles de crudo y compra cada vez más volúmenes de productos refinados del petróleo, entre los que destacan la gasolina y el diésel; así como de gas natural y petroquímicos.

Además, como ha sucedido con las cotizaciones de los hidrocarburos, los precios internacionales de los productos de importación petrolera de México también han aumentado.

Una forma simple de responder a la pregunta enunciada es examinar la razón de precios de los bienes de exportación respecto a los de importación petroleros.

Ese cociente, que para la totalidad del comercio exterior de la economía suele denominarse ‘términos de intercambio’, refleja el precio de las exportaciones en términos de las importaciones.

Concentrándose sólo en los productos petroleros, si la referida razón aumenta, se dice que los términos de intercambio ‘mejoraron’, porque un mismo monto de importaciones puede financiarse con menos exportaciones.

Lo contrario ocurre con una disminución, en cuyo caso se anota que los términos de intercambio ‘se deterioraron’, porque las exportaciones pueden respaldar un menor volumen de importaciones.

La mayor capacidad de adquisición de bienes del exterior, derivada de un incremento en los términos de intercambio, representa un aumento en el ingreso del país y lo contrario, una caída.

Lo anterior nos lleva a deducir que, si el referido cociente de precios petroleros ha aumentado, México se ha visto favorecido, y lo opuesto, si ha disminuido.

Un vistazo somero a las cifras nos revela que, en los pasados veintinueve meses, lo primero ha ocurrido: el precio de los productos petrolíferos de importación ha subido a un ritmo notablemente menor al correspondiente a la mezcla mexicana de exportación de petróleo.

Por ejemplo, en ese periodo, el precio internacional de la gasolina aumentó cerca de 70 por ciento y el del gas natural lo hizo en poco más de 20 por ciento.

Lo anterior permite aseverar que el aumento de los precios del petróleo durante el periodo reciente ha beneficiado a México. Esta conclusión, sin embargo, requiere dos acotaciones.

La primera consiste en que el menor dinamismo de los precios de los productos petrolíferos de importación podría estar reflejando un rezago en la transmisión de los mayores costos del crudo hacia esos bienes.

De hecho, para horizontes de tiempo más largos, se observa una correlación muy elevada entre los precios del petróleo y los diferentes productos asociados con esta materia prima.

Si ello se mantiene en el futuro, es probable que la mejoría descrita en los términos de intercambio petroleros refleje un fenómeno temporal que, tarde o temprano, desaparecerá.

La segunda observación se refiere al hecho de que por más de diez años los barriles de exportación de crudo han disminuido y, por lo tanto, su peso dentro del volumen de las exportaciones totales ha decrecido. En cambio, las cantidades de petrolíferos importados han aumentado.

Por lo tanto, la mejora en los términos de intercambio para la economía en su conjunto ha resultado menor que lo que sugeriría la mera evolución de la razón de precios petroleros.

Finalmente, dado que Pemex continúa siendo el productor de virtualmente la totalidad del crudo exportado, el beneficio que hasta ahora ha tenido el país por el aumento de los precios del petróleo lo ha recibido exclusivamente el sector público.

Tal ventaja ha tomado la forma de un flujo de efectivo de esa empresa con el exterior menos negativo de lo que hubiera sido si no hubieran mejorado los términos de intercambio petroleros.

A su vez, ello se ha traducido en un menor deterioro de las finanzas públicas en materia petrolera externa y una ampliación modesta de los márgenes de maniobra del gobierno.

En contraste, la población en general difícilmente ha ganado con la elevación de las cotizaciones internacionales de los hidrocarburos. Como era de esperarse, la flexibilización interna de los precios de los energéticos ha implicado, necesariamente, mayores costos para el consumidor final.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos el amable permiso de reproducción. El autor fue subgobernador del Banco de México de 2009 a 2016. Desempeñó diversos cargos en BBVA Bancomer. Fue director general del CAIE en el ITAM.

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