Pobres: caridad o justicia 

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La ayuda a los pobres, un asunto de justicia, ¿o de caridad?

Porque se consideran un asunto de justicia, los gobiernos justifican sus políticas redistributivas. «Es una injusticia que unos tengan mucho y otros poco», afirman.

La palabra clave es esa ‘justicia’. Como reparadores universales de injusticias, los gobiernos se nombran a sí mismos y se otorgan poderes para quitar a unos y dar a otros, según su criterio y mentalidad.

Puede argumentarse que no es un asunto de justicia, sino de caridad, lo que cambiaría las cosas totalmente. Cito a un religioso de hace varios siglos:

«Nadie está obligado a donarle nada a quien está en extrema necesidad: porque es suficiente que le preste lo necesario para liberarlo de ella, y la persona necesitada no tiene derecho a tomar más propiedad del vecino que su dueño, y es suficiente, si es necesario, que lo tome como un préstamo y no como suyo». Martín de Azpilcueta, citado en  Alves, Andre Azevedo. La Escuela de Salamanca (Pensadores Conservadores y Libertarios Mayores) (Ubicaciones de Kindle 1289-1292). Bloomsbury Publishing. Versión Kindle, mi traducción.

Cuando la ayuda a los pobres se considera caridad, y no en justicia, sigue existiendo la obligación de ayuda por parte de aquellos que tienen recursos para hacer caridad.

Hagamos esto más extremo: una persona en caso de necesidad extrema roba un pan a otra, una acción que estaría justificada por la situación en la que está, pero aún así no hay una transferencia de propiedad, sigue siendo un robo y con atenuantes subsiste la responsabilidad de devolver el pan o su equivalente.

Lo que cambia es que, siendo caridad, los pobres no tienen derecho a tomar bienes que no son suyos. Si se considera justicia, entonces el pobre puede exigir que el gobierno retire de otros todo o parte de las propiedades de terceros.

En pocas palabras tenemos que la ayuda a los pobres puede ser mejor entendida examinando si es un asunto de justicia o uno de caridad.

Cuando se toma, como en la actualidad, como un asunto de justicia es posible convertir a los pobres en fuente de reclamos formales y legales que son admisibles en tribunales, cortes y gobiernos.

La solución se encuentra en acciones de gobierno que toman la forma de políticas redistributivas que confiscan por la fuerza propiedades de un segmento de la población considerado culpable de antemano, se concentran en el gobierno, y de allí fluyen a otro segmento, considerado víctima del segmento primero.

Cuando se toma como un asunto de caridad, la ayuda a los pobres tiene un carácter de obligación que no admite coerción alguna; debe ser voluntaria, la única manera de tener mérito.

Y el propietario toma sus propiedades y hace de ellas formas de ayuda a los pobres, de las maneras que más conveniente crea, con acciones personales.

Es mi creencia que la compasión, la ayuda a otros, pobres o no, es un asunto de caridad, es decir, voluntario y personal. Una obligación de todos y no un asunto de gobierno. Muchos males vendrán cuando eso que es una obligación personal es anulada por acciones de poder.

Y una cosa más…

Para comprender esto mejor, cuando la ayuda a los pobres es un asunto de caridad, esos que reciben la ayuda voltean a quienes la dieron y dicen «gracias»; cuando es un asunto de justicia, eso que quieren recibir ayuda gritan y reclaman pidiendo que el gobierno quite a otros sus propiedades.

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