redistribuciones

El significado de las políticas redistributivas de ingreso y riqueza. Propósitos, intenciones, métodos, sistemas, fallas y errores.

Introducción

Los reclamos estatales para la redistribución de la riqueza propiedad de las personas tiene una intención caritativa de ayuda hacia quienes son pobres —definidos estos como los de ingresos bajos y que por ello viven no tan dignamente como debieran.

El propósito de la redistribución estatal de riqueza es remediar la situación de los pobres —una meta que suele tratar como equivalentes a dos conceptos diferentes, pues la desigualdad y la pobreza no son lo mismo.

Haciendo de lado esa equivocación, el significado completo de las políticas rdistributivas exige dos condiciones absolutas, que examino en lo que sigue.

La preexistencia de un sistema de libre mercado

Primero, supone la existencia presente de un sistema claro de mercados libres —un régimen capitalista fácilmente reconocible y existente desde tiempo atrás, el suficiente como para haber mostrado resultados.

Este sistema capitalista de mercados libres, se dice, produce una distribución de riqueza que es desigual —lo que es obvio—, pero más allá de eso, se asegura que produce pobreza creciente y concentración de riqueza.

Entonces, para justificar las políticas redistributivas se presupone que ha existido durante un tiempo largo un sistema capitalista —una hipótesis en extremo aventurada en muchos casos, como en el de México, una economía claramente no capitalista.

La conclusión es lógica: si alguien quiere justificar políticas redistributivas por fallas del capitalismo, no puede hacerlo en lugares en los que el capitalismo no ha existido —lo único que podrá hacer es apuntar que cualquiera que sea el sistema que critica es ese que ha producido desigualdad, o pobreza.

La implantación del sistema redistributivo

Segundo, propone que debe haber una sustitución del sistema liberal anterior. El patrón de distribución de riqueza que así se produjo debe ser sustituido por el patrón de distribución de riqueza que propone el gobierno —el que se supone es el patrón correcto y justo.

Dos advertencias

Primera, hay un error en la premisa de las políticas redistributivas, el de suponer que un mercado libre crea un patrón de distribución de riqueza.

Un sistema de libres mercados no persigue un cierto patrón de distribución de riqueza. Es un sistema en el que cada persona usa sus talentos y propiedades a su manera persiguiendo sus propios objetivos, por medio de intercambios de bienes que benefician a ambas partes —y donde no hay distribución porque solamente hay intercambios económicos.

Segunda, las políticas redistributivas de cualquier gobierno necesita una agencia redistribuidora con poder suficiente como para confiscar riqueza de unos, hacerla propiedad estatal y, más tarde, distribuir beneficios a quien la autoridad desee —pero en un sistema de libertad económica no existe ninguna agencia redistribuidora de riqueza, pues ella circula por medio de intercambios.

Significado de políticas redistributivas

La base central de esas propuestas de redistribución tienen dos suposiciones esenciales.

Primero, presuponer que el régimen existente antes es el capitalista de libres mercados suele ser equivocado —si se propusiera esa distribución en Hong Kong, Singapur, Nueva Zelandia, Suiza o Australia, que son países con alta libertad económica, eso estaría al menos parcialmente justificado.

Proponerlo en Argentina, en Ecuador, en Bolivia, o México es un sinsentido, pues no son economías con alta libertad económica —y si en ellas hay una injusta distribución de la riqueza, puede mostrarse que ella no ha sido producida por el capitalismo.

Segundo, otra suposición, el hecho de que dentro del capitalismo no existen agencias ni funciones distribuidoras de riqueza, con responsables identificados —su base es un mecanismo de intercambios voluntarios que benefician a ambas partes

La redistribución, su método

¿Qué idea central fundamenta a las políticas de redistribución de riqueza? Debe ser algo sólido y que no se refiera solamente a las buenas intenciones de ayudar a los de menores ingresos. Las intenciones no son justificaciones sólidas de medidas gubernamentales.

Si se entienden qué son las acciones redistributivas de riqueza podrá verse mejor el significado de esas políticas. De manera esquemática, la redistribución funciona así.

1. Retiro de recursos

Un retiro de recursos a grupos de personas que se piensa tienen abundancia de ellos —generalmente una tasa progresiva de impuestos sesgada hacia los altos ingresos haciendo que paguen proporcionalmente más que los de ingresos menores.

2. Depósito de esos recursos en el gobierno

El segundo paso es ese, un depósito de esos recursos en las arcas gubernamentales, desde donde ellos serán distribuidos a grupos de personas que se piensa tienen escasez de recursos.

3. Distribución de esos recursos

Desde dentro de sus arcas, el gobierno distribuye lo recolectado según sus criterios y prioridades, a quienes ha clasificado como recipientes que merecen recibir esas ayudas de recursos.

¿Es legítimo el proceso?

La pregunta podrá responderse si se encuentra qué es lo que hace legítimo, justo y debido el retirar recursos a esas personas usando la coerción gubernamental.

Una posibilidad es suponer que las propiedades de terceros no son en realidad propiedades y que ellas pueden quitárseles sin que haya cuestionamiento alguno. Es la suposición de que en realidad no existe la propiedad.

Esto es revelador, pues entonces el significado de las políticas de redistribución de la riqueza presuponen la inexistencia de la propiedad personal, haciendo de esta forma posible que la riqueza sea tomada por cualquiera sin que se cometa una acción indebida.

Se presupone un régimen de no propiedad y eso hace que la noción de robo desaparezca. Nada es de nadie en particular y lo que exista está a disposición del que tenga más poder para hacer lo que quiera gracias a ese poder.

Otra posibilidad es la existencia de un límite de cierto monto, definido según algún criterio, que establezca un monto de riqueza o ingresos más allá del cual ya no existe su propiedad y ella pueda disponerse de la manera que ordene la autoridad.

Es otra manera de negar a la propiedad que, independientemente de la dificultad de fijar ese límite y justificarlo racionalmente, se sustenta en el mismo principio de la no existencia de propiedad personal —como autorizar a un ladrón a robar el excedente solamente a quienes tienen más de, por ejemplo, 200 pesos en la billetera.

Conclusión

Las políticas de redistribución de la riqueza implantadas por los gobiernos, en su significado real, admiten que la propiedad personal no existe, o al menos que tiene un límite fijado por el gobierno. Entonces, y solamente de esta manera, pueden sustentarse tales políticas.

Esto tiene un significado: los resultados del trabajo personal no son propiedad personal, sino riqueza que no tiene dueño y que el gobierno puede tomar a su antojo.

Es la negación de que el esfuerzo, la iniciativa y la creatividad personal rinda frutos que puedan reclamarse como propios. Una posición extrema y que va contra el más profundo cimiento de la civilización tal y como la suponemos.

Creación de un gobierno más poderoso

En el paso dos del proceso anotado arriba, los recursos retirados al grupo definido son depositados en las arcas gubernamentales —sumándose a los recursos obtenidos por otros medios. Eso significa un aumento considerable del poder gubernamental y contrario al principio de la división del poder.

El significado de las políticas redistributivas produce un aumento del poder gubernamental. Al poder político ortodoxo se añade el poder de retirar recursos propiedad de algunos para darlos a otros —es un poder agregado de confiscación de propiedades personales. Una violación del derecho de propiedad.

Y mucho más aún, ese poder se eleva notablemente porque incluye el poder para dar o retirar ayudas de manera selectiva. Con dos efectos claros:

  1. Los grupos recipientes de las ayudas dependerán del gobierno y
  2. Quienes reciban esas ayudas tendrán que mostrar lealtad y apoyo para seguir mereciéndolas.

La pobreza no será remediada sino subsidiada y se creará clientelismo —creando así un medio ambiente propicio al estancamiento económico que secará la fuente original de los recursos.

Los tres sujetos del proceso

El significado completo de las políticas redistributivas se comprende mejor a los tres sujetos que su proceso involucra.

1. Los propietarios originales

Las personas a las que se les confiscan propiedades personales por considerar que sus propiedades son excesivas. Ellas, se decreta, tienen demasiadas propiedades y existe una obligación moral de retirarles partes importantes de su patrimonio.

No hay, por lo general, una identificación plena de estas personas —las que suelen ser conocidas como «ricos», o algo similar, personas con grandes fortunas y que se juzga son inmerecidas, lo que justifica su confiscación.

2. Las personas con poder para confiscar recursos

Las personas que tienen el poder de retirar recursos y propiedades del sujeto anterior y que pueden ser identificadas como la burocracia y los gobernantes mismos —todos esos que se convierten en propietarios de los bienes confiscados.

Estos son los que suman y acumulan poder por tres vías —la de expropiar recursos, la llevarlos a sus bolsillos y la de decidir cómo y a quién darlos.

3. Las personas beneficiarias de las redistribuciones

Son esos a quienes se les dan beneficios pagados por las propiedades confiscadas y que suelen ser identificadas generalmente como los «pobres» —personas con escasas o nulas fortunas y que se juzga que deben recibir beneficios producto de esas propiedades confiscadas a otros.

Ellas competirán por recibir esas ayudas y voluntaria o involuntariamente dependerán y darán respaldo al segundo sujeto.

Conclusión

Entonces, el significado real de las políticas redistributivas realizadas por el Estado tiene un grupo de personas afectadas con la confiscación de sus propiedades y dos grupos de beneficiados, la burocracia/gobierno y esos a quienes se dan beneficios financiados por las propiedades confiscadas.

Esto es lo que permite una conclusión: nunca hay en realidad una «redistribución económica» de recursos de «ricos» a «pobres» —solamente existe una transferencia de propiedad de los «ricos» al gobierno/burocracia.

Es decir, la intención de atemperar las desigualdades sociales por medio de las políticas redistributivas de la riqueza no solo no es lograda, sino que la desigualdad social es incrementada —con el gobierno siendo ahora la entidad propietaria de mayor riqueza.

El gobierno que implanta políticas redistributivas, por tanto, se hace más poderoso, maneja más recursos, monopoliza los recursos y crea más desigualdad —ese gobierno se convierte en el rico más rico entre los ricos a quienes antes confiscó propiedades.

Esto es un empeoramiento de la situación previa: el gobierno se ha convertido en propietario de la mayoría de la riqueza nacional y, peor aún, no la usa en tareas productivas que permitan generar mayor prosperidad sino en otorgamiento de favores, concesiones, dádivas y donaciones que benefician más a quienes sean los más incondicionales del gobierno.

Análisis de las políticas redistributivas

La confusión entre pobreza e igualdad —un error enorme de la actualidad— asegura la implantación de medidas correctivas que producen consecuencias indeseables.

Es por esa confusión que el significado de las políticas redistributivas, cuando ellas son analizadas, muestran problemas severos. El siguiente esquema lo muestra.

Un esquema de análisis

Un mundo de dos personas. La persona A tiene posesiones con un valor de 1,000. La persona B tiene posesiones con un valor de 300.

¿Existe un problema en esa situación? Aunque algunos afirmen que sí, la información dada no permite la justificación de tener un problema que resolver —lo único que puede decirse es que A tiene más de tres veces las posesiones de B.

¿Es un problema? ¿Es algo injusto? La respuesta es que no se sabe y no se tiene información suficiente para concluir algo razonablemente cierto —a pesar de lo cual existe una mentalidad que concluye eso precisamente, que hay algo malo en esa situación.

Complico el ejemplo anterior solamente un poco:

Un mundo de cuatro personas. La persona A tiene posesiones con valor de 1,000. La persona B tiene posesiones que valen 400. Las personas C y D tienen cada una posesiones que valen 100.

Quien piensa que eso es injusto y que debe solucionarse con una redistribución de las posesiones —sin información adicional a la que da ese párrafo, comete varios errores que señalo en lo que sigue

Propondría, simplemente que se redistribuyan las propiedades que en total valen 1,600 y a cada persona le tocarían 400 en valor de propiedades.

Los errores cometidos

• Sería injusto en general justificar que el beneficio a las personas C y D sea posible de justificar moralmente dañando a A. ¿Puede ser legítimo que el bien hecho a una persona admita dañar a otra? Por supuesto no, en ausencia de otra información.

• Sería miope concluir que las personas C y D son pobres. Es posible que no lo sean y necesitaría tenerse más información para concluir eso —pues todo lo que se sabe es que A tiene diez veces más posesiones que C y D.

• Se actuaría bajo ignorancia distribuyendo las posesiones sin conocer su origen. Si A obtuvo esas posesiones mediante actividades ilegales e inmorales se abrirían posibilidades de acción punitiva no aplicables al caso de que esas propiedades fueran el producto de trabajo y esfuerzo.

• También se actuaría con ignorancia al no conocer el dinamismo de la situación: episodios pasados que podrían mostrar, por ejemplo, que hace tiempo C poseía bienes con valor de 500, o que D tenía posesiones de 50 —o cualquier otra posibilidad necesaria de conocer para decidir con corrección.

• Sería muy limitado reducir la solución a un asunto de redistribución, lo que necesariamente supone que el monto total de posesiones es fijo —ignorando que al mismo tiempo podría ser que A eleve sus posesiones a 1,100 y C a 200.

• En caso de que se obtuviera información adicional que corroborara que C y D no tienen una vida mínimamente deseable, la redistribución debe ser evaluada junto con otras alternativas, como la ayuda que A y B puedan dar de inmediato a C y D— o hacer algo para que estos últimos pueden por sí mismos mejorar su posición.

El factor tiempo

El significado de las políticas redistributivas debe ser completado con la introducción de un factor usualmente descuidado, el tiempo —es decir, lo que ocurre posteriormente a la redistribución de la riqueza.

Si en el momento T1 cada persona tiene 400 en bienes después de la redistribución, no debe creerse gratuitamente que en T2 esa misma distribución permanecerá igual o similar —si ella cambia y vuelve a ser «injusta», tendría que justificarse otra ola de redistribución en una cadena sin fin de ellas.

Se actuaría olvidando los costos de la redistribución, la que necesitaría la acción confiscatoria de una autoridad que actúa con coerción y se apropiaría al menos del costo que esa redistribución tiene —con posibilidad de usos inadecuados como darle más posesiones a C porque ha prometido votar por el gobierno; o a A porque es amigo de la autoridad.

También se actuaría olvidando las consecuencias de la redistribución en la conducta de las personas —aquellos cuyas posesiones fueran confiscadas perderían el incentivo para aumentarlas —igual a lo que le sucedería a quienes las reciben, los que tampoco tendrían ya el incentivo para conseguirlas por sí mismos.

Se ignoraría otra posibilidad de explicación de la situación, pues es factible que las posesiones de A hayan hecho posibles las posesiones de D o de C —quizá uno de ellos sea un empleado de A y gracias a ello tenga esas posesiones.

El significado de las políticas redistributivas, en resumen

Su punto de partida

La (re)distribución de la riqueza es un tema continuo en el mundo —ella se entiende así en una definición popular estándar:

«[…] la transferencia de ingresos y de riqueza (incluida la propiedad física) de unas personas a otras mediante mecanismos sociales como impuestos, caridad, estado del bienestar, servicios públicos, subsidios, reforma agraria, políticas monetarias, confiscación, divorcio o acciones legales de reparación de daños» Wikipedia

Esa (re)distribución es

«El mecanismo utilizado por muchos Estados modernos ha sido el de imponer fuertes cargas tributarias a las Rentas más altas, en tanto se hacían Transferencias directas a las personas de más bajos Recursos. Los resultados no han sido, en verdad, satisfactorios, pues no se han eliminado los bolsones de Pobreza existente pero se han creado fuertes desestímulos para la creación de nuevas riquezas, especialmente por el efecto negativo de los altos Impuestos». eco-finanzas.com

La (re)distribución es reclamada porque se presupone que la distribución de la riqueza no es justa —definida en términos materiales, ella presenta desigualdades que se consideran indebidas y deben ser corregidas.

La causa usualmente asignada a la distribución desigual de la riqueza es el mercado libre o capitalismo, como un producto necesario de su funcionamiento —algo ya examinado arriba.

El capitalismo o libre mercado funciona sobre bases de intercambios entre personas imperfectas, y en los que pueden existir faltas, errores, engaños —pero no existe en ese sistema una función distribuidora de bienes ni riqueza ya que todo es un asunto de intercambios.

Consecuentemente, el acusar al libre mercado de producir una distribución injusta de la riqueza no tiene mucho sentido. No es un sistema perfecto, no está libre de fallas, pero simplemente no puede acusársele de crear distribuciones ni buenas ni malas de riqueza.

Si existe una distribución reprobable de riqueza, ella debe ser el efecto de otras causas, no del mercado libre —lo que presenta una oportunidad de estudio que suele pasar desapercibida.

Problemas y errores

Los reclamos de las políticas redistributivas enfrentan no solamente el problema anterior de encontrar causas de la mala distribución de la riqueza, sino también algunos otros, que apunto an lo que sigue —y que deben ser solucionados antes de realizar acciones redistributivas:

• La confusión entre pobreza y desigualdad de riqueza, que suelen tomarse como equivalentes pero que no lo son. Esta es otra tarea pendiente que debe resolverse —donde la aclaración de conceptos es muy necesaria.

• La vaguedad de la definición de «distribución justa», es decir, la especificación de criterios de justicia que permitan justificar qué métodos de reparto son aceptables y cuáles no lo son.

Por ejemplo, ¿es o no justo que todos tengan la misma riqueza o muy similar?, ¿es admisible o no la justicia que admite que puede tener más quien más aportaciones hace?, ¿es o no justo modificar el derecho a la propiedad personal a algunos pero no a otros?

Cosas como estas deben ser aclaradas antes de embarcarse en acciones de (re)distribución —sin las que no puede implantarse correctamente.

• Los problemas de implantación, especialmente la designación de una agencia redistribuidora y los criterios bajo los que se desempeñe —si es el gobierno, deberá vigilarse que se haga con eficiencia, sin corrupción y sin usos políticos, lo que significa un problema de vigilancia y de vigilancia del vigilante…  (tal vez insoluble).

Más problemas de asignación individual por méritos en oposición a asignaciones colectivas descuidando al caso específico —y el problema de prioridades por persona, por grupo, por zona, ante la limitación de recursos.

• El sistema de mantenimiento del patrón de redistribución aprobado, puesto que si se deja libre el uso de recursos repartidos eventualmente ese patrón cambiará y tendrá que entrar en acción otra ola de repartición —otra cosa que debe aclararse.

En conclusión

Lo anterior muestra que los reclamos de (re)distribución de la riqueza están faltos de detalles y aclaraciones para realizar lo que proponen —sus peticiones son vagas e imprecisas y por eso no pueden ser implantadas con siquiera una pequeña probabilidad de éxito.

Les sería aconsejable, para apoyar su reclamo, el recolectar información acerca de los resultados reales en casos de países que han optado por hacer esas políticas —eso sería una evidencia de extraordinario peso.

Finalmente apunto que posiblemente los reclamos de esas políticas sufren de un problema muy de estos tiempos, el de un exceso de indignación sentimental y emotiva que busca justificar una meta sin necesidad de evidencias, razonamientos, análisis, ni precisiones.

Sus proponentes, si ven con seriedad a su propuesta, tienen frente a sí problemas que deben resolver antes de implantar sus ideas —está en juego el bienestar de millones.

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Y unas cosas más para los interesados…

Ideas relacionadas:

Una cita complementaria

«[…] la riqueza de la nación y los frutos del trabajo de los mexicanos se distribuirán con justicia […] el Estado de Bienestar atempera las desigualdades y hace posible la justicia social […] pero el crecimiento debe acompañarse de una distribución equitativa de los beneficios […] cuya población vive en la pobreza por una inadecuada distribución del ingreso nacional […] es una falacia que el Estado no debe promover el desarrollo, o no buscar la distribución del ingreso […] al Estado le corresponde atemperar las desigualdades sociales» A. M. López Obrador, 2018 La salida: decadencia y renacimiento de México, en donde describe su plan de gobierno.

[La columna fue actualizada en 2020-05]