Precios como magia

Los precios —una gran consecuencia de la libertad— son una tentación que los gobernantes son incapaces de resistir.

Los movimientos de los precios —sus altas y bajas constantes— son mirados con fascinación por los políticos, quienes no alcanzan a comprender esos movimientos a los que ven como magia y quieren ser ellos magos también.

Cualquiera que conozca una dosis mínima acerca del tema, sabe que los precios son dinámicos, que se mueven sin detenerse como una reacción a las decisiones de las personas. Son las personas quienes mueven los precios.

«Las únicas fuerzas determinando el estado continuo de fluctuación del mercado son los juicios de valor de los varios individuos y sus acciones, como ellas son dirigidas por esos juicios de valor». Mises, L. Planning For Freedom, p. 73.

Mirar los movimientos de los precios —como en una bolsa de valores, o en un mercado de divisas o en el supermercado— puede causar en una primera impresión la idea de algo mágico, incomprensible y caprichoso que presenta al gobernante esa tentación irresistible. Querrá moverlos, ambicionará controlarlos, porque no entiende qué son realmente.

Un ejemplo: una iniciativa de ley propone reducir y prohibir comisiones bancarias, la que al conocerse modifica el precio de las acciones de los bancos. Lo que sucedió fue claro —los juicios de valor de las personas las dirigieron a vender acciones de bancos y su precio se redujo.

Lo mismo, cuando los juicios de valor de las personas se modifican, ellas actúan en consecuencia —como cuando los resultados de la «consulta popular» acerca del nuevo aeropuerto en México llevó a la cancelación del proyecto: el precio del peso mexicano cayó por un cambio en los juicios de valor de las personas acerca de la perspectiva económica del país.

Estas cosas sorprenden a los gobernantes, quienes no entienden que sus actos pueden modificar los juicios de valor de las personas —lo que les llevará a acciones que producirán movimientos en los precios.

Esta fascinación con los precios vistos como hechos sin explicación, es lo que hace que los gobernantes no soporten la tentación de querer controlarlos —querrán poner precios máximos, precios mínimos y lo que se les ocurra porque suponen que los precios pueden ser manejados por ellos.

Un ejemplo: el de una propuesta para crear precios de garantía para productos agrícolas —esto es garantizarle al productor un precio mayor del que obtendría en un sistema de libertad.

El juicio de valor del productor, bajo el precio de garantía, le hará producir más si el precio de garantía es superior al que regiría en un mercado libre —pero a ese precio más alto, el juicio de valor del comprador le llevará a comprar menos, con un resultado de exceso de producción usando recursos improductivamente. 

Más los subsidios necesarios para mantener esos precios de garantía si el precio al comprador es menor.

Los movimientos de los precios —el resultado de juicios de valor de compradores y vendedores— es algo incomprensible para el gobernante, quien con facilidad sucumbe a la idea de que él puede determinar precios de mejor manera que las personas.

Su intervención fracasará siempre distorsionando los juicios de valor de la gente con información falsa —porque eso son los precios manejados por los gobernantes, información económica falsa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

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