libre comecio

¿Qué es comercio justo? Su definición, características y consecuencias. Un concepto de buenas intenciones pero con problemas de implantación.

¿Qué es comercio justo?

Le llaman fair trade, comercio justo, tiene buenas intenciones pero también efectos colaterales— su significado tiene una definición oficial:

«Comercio Justo es una asociación comercial, basada en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional. Contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y garantizando los derechos de los productores y trabajadores marginados, especialmente en el Sur.

«Las organizaciones de Comercio Justo tienen un claro compromiso con el Comercio Justo como el núcleo principal de su misión. Ellas, respaldadas por los consumidores, participan activamente en el apoyo a los productores, la sensibilización y en la campaña por los cambios en las reglas y la práctica del comercio internacional convencional». wfto.com

Este fair trade o comercio justo, como ha sido llamado en español, es una opción entre varias dentro de un sistema de libre mercado —y que tiene una manifestación clara:

«[…] el Comercio Justo contempla un precio mínimo garantizado por el producto que se exporta, más un premio, dinero que las organizaciones de productores deberán usar para mejorar las condiciones de la comunidad». fao.org

Funcionamiento

Los productores de un bien, —café, cacao, etc.— se asocian y si cumplen ciertos requisitos, obtienen una certificación que les permite añadir ese premio a su producción, un precio mayor para su producto.

El consumidor final tiene de esa manera productos terminados que puede reconocer por un logotipo y, además, por un precio mayor al de otros productos sustitutos —la taza de café le costará algo más.

El objetivo es, en su fondo, pagar un precio mayor al del mercado, esperando que ello sirva «para erradicar las causas de la pobreza en las comunidades más desfavorecidas, garantizando los derechos, la dignidad y el desarrollo de todas las partes implicadas» según se ha afirmado.

Aunque el comercio justo suele mencionar críticas al sistema de libre mercado, mientras sea una de las opciones voluntarias de decisión de consumo, no presenta dificultad para que sea aceptada por partidarios de la libertad económica.

Precios mayores

El significado y la definición de comercio justo es, en su naturaleza central, una transferencia de recursos adicionales al productor de un bien —eso es lo que el consumidor notará en el precio más alto de su taza de café.

La transferencia de recursos al productor es una modalidad de caridad voluntaria que nada tiene de negativo —sino, al contrario, pues se trata de un acto libre de ayuda a quien se cree estar en una situación mala.

Incentivo a permanecer

También, por otro lado, esa transferencia es un incentivo que premia al productor a mantenerse en la producción de ese producto, cualquiera que este sea —es decir, es un freno a la diversificación a la producción de otros bienes que pueden ser una mejor opción económica para el desarrollo.

Lo que apunto es un caso de efectos no intencionales que pueden tener acciones con buenos propósitos pero con consecuencias opuestas a esos propósitos —en este caso el mantenimiento de una situación que recibe un premio por no desarrollar diversificando a la economía.

Una dependencia de productos primarios que frena oportunidades de desarrollo y tienen otros efectos secundarios.

Esto es lo que he querido tratar: la conveniencia de examinar los efectos no intencionales de ideas con buenos propósitos —eso que las hace que ya no sean tan buenas ideas como se pensaba y quizá sean menos de ayuda de lo que se creía.

En realidad, el comercio justo ya existe

Si es cierto que la noción de «comercio justo» lleva algunos buenos años de existir, su aparición en México al menos un par de décadas y ha causado lo obvio —la incondicional adhesión de quienes no tienen bases de análisis.

Que conste que digo que no me enfrento a la idea de apoyar o no al comercio justo usando inferencias, sino al apoyo que recibe por parte de personas que no tienen las bases siquiera mínimas para una discusión inteligente.

Un buen ejemplo de lo que he afirmado es una columna titulada precisamente «Comercio justo» aparecida el 20 de diciembre 2005 pasado en el periódico El Norte en Monterrey, México, y en la que se hacen una serie de aseveraciones que examino a continuación.

Precisiones

• Dice la autora que el “mercado como instrumento económico” lleva mucho tiempo de existir, incluso antes de los tiempos romanos y griegos.

No, desde mucho antes, desde que en algún momento remoto se realizó el primer intercambio voluntario entre dos personas. Peor aún, no es un instrumento económico, es un proceso, un conjunto de acuerdos voluntarios.

• Luego dice que el mercado,

«en su modelo actual, empobrece a los pequeños productores y campesinos que están en total desventaja ante los grandes que controlan los mercados del mundo en favor de la acumulación de riqueza y el crecimiento sólo de unos cuantos».

La afirmación es errónea de cabo a rabo y niega lo obvio, esas empresas grandes en algún momento fueron pequeñas —y crecieron gracias a la preferencia de los consumidores, que es lo mismo que les puede suceder a los pequeños productores ahora.

Igual desventaja tuvieron antes esas empresas que las pequeñas ahora. Ignora la autora que un mercado es dinámico, no estático —lección de primera clase de economía, cuando se ven los movimientos de demandas y ofertas.

Si alguien controla un mercado, existen dos explicaciones. Una, la empresa es notablemente preferida por el consumidor y eso supone un beneficio mutuo a todos. Otra, la empresa es ayudada por el gobierno y eso se llama mercantilismo, algo distinto a mercados libres —otra lección de conocimiento mínimo de economía.

• Dice que son tres los sujetos que rigen a la economía global: «productores, intermediarios y consumidores». Inexacto. Solo hay productores y compradores.

Los intermediarios son productores de un valor agregado, el acercamiento de los bienes al consumidor y un servicio de distribución a los productores.

• Inmediatamente afirma que los productores que «más valor aportan al ciclo son los más explotados, son 2 mil millones de trabajadores del Tercer Mundo cuyo salario oscila entre uno y tres dólares al día». Falso en absoluto.

La autora no tiene idea de lo que dice. Cuando un productor recibe un ingreso eso es producto del valor percibido por el comprador —si alguien recibe poco es porque su producto no es valorado por el comprador y al revés.

La explotación está en la mente distorsionada de quien eso escribe sin bases, ni conocimientos mínimos. La solución del que tienen ingresos bajos está en elevar el valor de lo que produce.

• Esto, dice ella, da como resultado una «injusticia estructural», porque los pequeños productores estarán «siempre en desventaja contra el feroz mercado y que la oportunidad de enriquecerse se nulifica ante la competitividad y expansionismo de las empresas multinacionales».

La confusión mental es digna de hacerse notar: se desea que se enriquezcan los pequeños, pero que no lo hagan los que ya lo lograron. ¿Es malo que el pequeño que ya creció se expanda y sea competitivo? Eso es lo mismo que ella solicita para los productores pequeños.

• Sobre esos débiles puntos, se hace un llamado a que consideremos eso del comercio justo porque es precisamente una «nueva relación, libre, directa y honesta».

No es nueva, al contrario, y se llama mercado libre, donde existen intercambios voluntarios, directos y honestos. Un mercado libre es por definición un mercado justo, en el que la libertad de productores y compradores les permite tomar decisiones para su propio beneficio.

• Esa nueva idea según ella, incorpora a tres agentes diferentes: «los productores en vías de empobrecimiento, los consumidores responsables y los intermediarios sin fines de lucro».

Veamos la contradicción. Un consumidor responsable es uno que usa su ingreso de manera decidida personalmente —puede comprar lo que desea, a una empresa grande o a una pequeña.

Pero definir como responsable a quien le compra solo a un pequeño proveedor implica que es irresponsable el que no lo hace.

¿Gastar más en productos de escaso valor es una conducta responsable? ¿El ser un producto de escaso valor agregado impone en los demás la obligación de comprar sus artículos y lograr que él deje de preocuparse por esforzarse?

Y los distribuidores sin fines de lucro se alaban como mejores sin considerar que tienen la obligación de mantenerse por si mismos y que para eso son las utilidades.

La autora se pierde en el real punto que debe enfatizar, la libertad de mercado. Que cada quien compre y ofrezca lo que quiera, que exista libertad de compra y de venta.

Si alguien quiere comprar bienes de productores pequeños, que lo haga, esa es su decisión —y si no lo quiere hacer que no lo haga. Si los productores pequeños quieren crecer que lo hagan y se conviertan en grandes y se expandan y se conviertan en las transnacionales que serán atacadas después por quien quiere defender a las pequeñas a toda costa.

Lo que la autora muestra es demasiado común. Su desconocimiento absoluto de lo que es un mercado libre le lleva a aceptar lo que sus enemigos dicen de él y sobre eso construir lo de siempre, la supuesta superioridad moral del comercio justo.

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Y unas cosas más para los interesados…

Ideas relacionadas:

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Una idea de Michael Miller. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación.

¿Ayuda a los pobres el comercio justo?

El Comercio Justo es exaltado como una manera de satisfacer las necesidades familiares de los pobres.

Se dice que ese Comercio Justo es un ganar-ganar para todos los que tengan un corazón —por una pequeña elevación del precio de nuestro café logramos ayudar a los cultivadores de café mientras cómodamente lo bebemos.

Muchas organizaciones cristianas en los EEUU, como Catholic Relief Services, Presbyterian Church USA y Lutheran World Relief, asocian al Comercio Justo con valores cristianos.

Mientras que enfatizar la ayuda a los pobres es esencial, ¿en realidad el Comercio Justo ayuda a los campesinos y ayuda a resolver la pobreza?

Precios menores

El Movimiento del Comercio Justo argumenta que el sistema de comercio de mercado libre daña a los pobres pagando precios menores a los debidos por los commodities.

Los objetivos expresos de ese movimiento son el dar poder a los productores marginales para volverse económicamente estables y auto suficientes, y promover el desarrollo sostenible, la igualdad de género y la protección ambiental.

Los productores que cumplen con estándares de trabajo, desarrollo y sustentabilidad ambiental son «certificados» y así reciben precios superiores a los de su producto en el mercado.

Mientras que todo esto suena bien, me deja con preguntas.

Libre comercio

¿Qué hace al Comercio Justo más justo que el libre comercio? Con el comercio libre nadie es forzado a realizar un intercambio. Si el comercio es realmente libre entonces no hay subsidios que distorsionen el mercado o que protejan a ciertas industrias o sectores elevando artificialmente los precios.

Lo que hace injusto al comercio es cuando los países subsidian ciertas industrias o ponen tarifas a productos importados y por eso reducen el precio nacional impidiendo competir al productor extranjero.

Este es el caso de los subsidios agrícolas en los EEUU y de la Política Agrícola Común de la UE. Si esos subsidios se retiraran, los agricultores de las naciones en desarrollo podrían competir con los estadounidenses y europeos sobre bases iguales.

No solo se tendrían precios menores para los consumidores, también generarían ingresos mayores para las naciones en desarrollo.

El Comercio Justo se coloca él mismo como la solución a la injusticia del comercio libre, pero de cierta manera crea obstáculos para la competencia libre al establecer precios mayores, artificiales, de los que se tendrían en un mercado libre. Sí hay claros ganadores en el Comercio Justo, pero también hay posibles perdedores.

Efectos no intencionales

En su breve libro, Economía en una Lección, Henry Hazlitt definió a la economía como viendo los efectos de una política no sólo en un grupo, sino en muchos y poniendo atención en las consecuencias no intencionales.

Considérense las consecuencias no intencionales del Comercio Justo de café.

Primero, sólo ciertos agricultores certificados en Comercio Justo reciben precios mayores por sus granos. Esto hace que el resto de los agricultores en la misma área tengan mayores dificultades para competir.

Pueden crearse incentivos a la corrupción ya que es difícil determinar si todos los granos vienen de las tierras certificadas, o si el agricultor ha comprado los granos a menores precios de tierras no certificadas, incluyendo la posibilidad de cultivos realizados bajo condiciones de esclavitud.

Segundo, los precios artificialmente inflados crean incentivos para que las personas permanezcan en el cultivo del café en vez de trasladarse a otras actividades o empleos que sean de mayor utilidad en el largo plazo, por ejemplo empresas multinacionales que a menudo pagan salarios mayores y se preocupan por la estabilidad.

El Comercio Justo también crea incentivos para que más personas produzcan café, lo que podría terminar creando una sobre oferta que resulte en una caída de los precios del café a largo plazo.

Esto puede tener consecuencias terribles si el Comercio Justo deja de estar de moda.

Tercero, ¿ayuda el Comercio Justo a elevar a los pobres en las cadenas de valor a actividades como procesamiento, tostado y empaque? ¿O los precios artificialmente elevados crean incentivos para que ellos sólo cultiven granos dejando el trabajo de valor agregado a las empresas de EEUU y Europa?

Esto, como los subsidios agrícolas, parece ser otra buena manera de limitar la competencia que viene de los países en desarrollo.

¿Deben los cristianos apoyar al Comercio Justo?

La pregunta es en sí misma una cargada —como si los que dijeran no, estuvieran apoyando el «comercio injusto».

Debemos vigilar el trabajo explotador y la esclavitud, y por esto el Comercio Justo debe ser reconocido. Quizá también, el Comercio Justo ha ayudado realmente a algunos agricultores asegurando mejor información y proveyendo vías de crédito más seguras.

Pero incluso para los agricultores beneficiados por el Comercio Justo, cualquier resultado de largo plazo parece estar sustentado en mantenerse de moda entre los intelectuales y los consumidores estadounidenses y europeos —ambos de gustos volátiles.

Como muchos otros planes anti-mercado que han ido y venido, el Comercio Justo probablemente lastime a los pobres más que ayudarlos.

La mejor forma de crear oportunidades y crecimiento sustentable de largo plazo no son los movimientos de moda, como el Comercio Justo, sino las mismas instituciones que han permitido a Occidente ser rico: propiedad privada segura, estado de derecho y libre intercambio.

Cuando estos funcionan, el comercio se torna justo, más personas se benefician del comercio y el verdadero mercado libre desata al espíritu empresarial que es la fuente de riqueza y prosperidad.

Mercado y comercio libres han sacado a más personas de la pobreza que todos los movimientos políticos de moda cargados de buenas intenciones pero de consecuencias perniciosas. E

sto es algo para pensar la siguiente vez que se visite Starbucks y se tenga un sentimiento santurrón frente a la taza de café.