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¿Qué es fanatismo? Una definición y su aplicación a terrenos como el político y el religioso.

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Una definición

Tiene el fanatismo elementos que en conjunto dan una definición razonable:

Primero, el fanatismo una actitud individual, es decir, una manera concreta de reaccionar de una persona ante algo y que tiene como característica el ser desmedida, extrema y exagerada.

Esta característica es esencial en el fanatismo, el ser una reacción excesiva y desmesurada. Más allá de lo que se esperaría dentro de un comportamiento civilizado y normal.

Segundo, es una actitud localizada o focalizada en ciertos temas específicos, como creencias políticas, valores religiosos, opiniones culturales, apoyo o rechazo de ciertas personas, preferencias u odios nacionalistas.

Y llega hasta la admiración o el odio desmedidos de equipos deportivos y celebridades, gobernantes, intelectuales, artistas, incluyendo también a los representantes de ciertas creencias o ideas.

Características del fanatismo

Aún estando focalizada en un eje concreto, el fanatismo ejerce una influencia general en campos más amplios, adicionales al que es su centro de atención —llegando a alterar la vida entera del afectado por él.

Es, por ejemplo, el caso extremo del fanático de un equipo de futbol que gasta más de lo que su bolsillo le permite en productos promocionales de su equipo, asiste a todos sus partidos y llega al lloro y la depresión cuando su equipo pierde —alcanzando en ocasiones a la violencia y al desorden.

Sin embargo, una persona con un equipo favorito del que es seguidora y entendida como alguien que es un aficionado entusiasta, no cae dentro dentro de la categoría del fanatismo.

Rasgos centrales

• Característica del fanatismo es el proselitismo constante, que busca hacer adeptos de su causa al resto y que se convierte en rechazo de aquellos que son contrarios a su causa.

• Como consecuencia de su proselitismo, el fanatismo divide a las personas en categorías opuestas —aliadas y enemigas, entre las que no hay posibilidades de conciliación, a menos que acepten la causa del fanático.

Es una especie de maniqueísmo intolerante que reduce las alternativas posibles a dos extremas, entre las que no caben matices y una de las cuales es la correcta, siendo la otra un error que debe desaparecer.

• Es característica del fanatismo la evasión de la realidad y la renuncia a la razón. Ninguna evidencia será capaz de hacerle modificar su opinión —así como tampoco ningún razonamiento lo logrará.

• La posición del fanático es absoluta aunque sus bases sean solamente los de una creencia dominada por una fe injustificada —la que reduce todo al simplismo de dos posiciones contrarias concluyendo que una de ellas debe desaparecer.

• También caracteriza al fanático la agresión, el ataque y la embestida, con un componente que llega a la violencia dirigida en contra de quien siquiera exprese dudas acerca de las ideas sostenidas por el fanatismo en cuestión.

Fanatismo, sus campos de aplicación

Una vez entendido qué es, se comprende mejor su naturaleza en los campos en los que tiene aplicación frecuente: política, religión, activismos sociales, creencias sociales, ideologías y similares.

Dentro del campo religioso existen fanatismos en favor de algunas de ellas —pero también en su contra, así como el de algunas sectas e ideologías.

En la política existe fanatismo de algunos partidarios de gobernantes y de partidos, pero quizá sea en fanatismo más claro el de las ideologías que llevan a regímenes totalitarios.

Y en los campos sociales, existen los fanatismos de causas activistas llevadas a extremos como, por ejemplo, el ecoterrorismo.

Finalmente, el término ‘fanatismo’ puede ser usado de manera descuidada y laxa, lo que destruye su naturaleza, la de una actitud de reacción extrema, intransigente, autoritaria y obsesiva.

Calificar como fanatismo a la posición de alguien que defiende con dureza una posición propia ofreciendo evidencias y razonamientos y escuchando a posiciones opuestas no puede estar justificado.

Como tampoco algún creyente que tiene fe en dogmas dogmas que defiende como verdades, pero que no posee las demás características del fanatismo.

Addendum

Encontré en línea definiciones como estas:

«[…] podríamos determinar que el fanatismo se […] identifica por cinco principales señas de identidad: el deseo de imponer sus propias ideas, el despreciar a quienes son diferentes, el basarse en una serie de ideas que son incuestionables, el tener una visión “cuadriculada” de las cosas […] y finalmente el carecer por competo [sic] de todo espíritu crítico». definicion.de

«[…] el seguimiento y defensa vehemente de una persona, doctrina o religión de una manera extremadamente pasional [….]».concepto.de

«El fanatismo destruye las barreras de lo racional, llevando a los fanáticos a llevar a cabo acciones que pueden desafiar el sentido común o incluso poner en peligro sus vidas. […] El fanatismo viene acompañado por un discurso de defensa violento que busca exagerar la posición propia contra cualquier opinión contraria». designificados.com

Ellas capturan la esencia del fanatismo, pero aún así no expresan el significado más exacto que tiene.

Conclusión

Ha sido expuesta la naturaleza del fanatismo como una actitud personal continua y persistente que toma un cierto objeto como centro de su posición extrema de apoyo o reprobación.



Y unas cosas más…

Debe verse:

¿Qué es radicalismo político? Una definición

Ideas relacionadas:


[Actualización última: 2020-09]

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Notas extras sobre fanatismo, dogmatismo y otras cosas similares

Por Eduardo García Gaspar

Es irresistible hacerlo. Algunas cosas son así y no pueden resistirse.

Me refiero a la idea, más o menos frecuente, de que las personas religiosas son necesariamente fanáticas. Me refiero a, por ejemplo, opiniones como esta:

«El fanatismo es la renuncia a pensar, a tender puentes con el otro sobre la base del respeto a la diversidad. El fanatismo pretende imponer una sola forma de ser y creer, y para ello busca incluso eliminar a ese otro mediante la violencia; todo en el nombre de preceptos religiosos, políticos o morales, aunque en realidad lo que priva es la estupidez, la miseria humana que busca suprimir al otro» etcetera.com.mx

Tan vago en su fondo que de poco sirve, pero que asocia al fanatismo con preceptos religiosos (y de otros tipos). Da la impresión de definir como fanático a todo aquel que no piensa de cierta manera. En fin.

La mente del religioso

Entremos a la mente de una persona religiosa cualquiera, alguien que cree en Dios.

Necesariamente ella parte de una idea: su conducta debe ser en todo lo posible coincidente con lo ordenado por Dios.

No creo que haya sorpresa en afirmar que el creyente piensa en su conducta tratando de hacer lo que sabe que Dios manda. Los Diez Mandamientos ilustran esto (junto con Las Bienaventuranzas).

La pregunta que surge de inmediato es la obvia: cuál es la razón por la que debo tener una conducta que respete lo que Dios manda.

Para responderlas, tenemos una ayuda razonable, la del libro de Alasdair MacIntyre A Short History Of Ethics: A History Of Moral Philosophy From The Homeric Age To The Twentieth Century.

El creyente puede alegar tres razones, o, me imagino, una combinación de ellas:

La santidad de Dios, su infinita bondad, o su poder. Sea la razón que sea, alguna de esas o cualquier otra, la decisión del creyente tiene un fundamento y su conducta es lógica.

Suponer que existe un ser superior, infinito, que suma la perfección absoluta, lleva a justificar el tratar de acoplar la conducta propia a esa creencia.

Es la misma racionalidad del ateo, quien supone que no existe ese ser supremo y, por tanto, no cree que debe adaptar su conducta a lo mandado por religión alguna (y si acaso se comporta de acuerdo con el mandato de alguna religión, lo que sucede, no es porque crea en Dios).

Ahora viene el paso importante: el poder o no concluir que al creer en Dios y seguir sus mandatos en lo posible, el creyente entra la campo del «incorregible dogmatismo religioso», como dice MacIntyre. No necesariamente.

Creer en Dios (como el no hacerlo) implica un cierto uso de la razón y ella no es cancelada inmediatamente después de usarla para creer o no creer. Seguramente, en algunos casos, podrá estarse cerca de ese extremo, pero no hay una orden para dejar de pensar.

Ni el ateo, ni el creyente, renuncian al uso de la razón después de su decisión de creer o no. No se vuelven dogmáticos ni fanáticos en automático y sin remedio.

Real fanatismo

Lo anterior es de ayuda para entender al fanatismo y su real esencia. Una definición común es esta:

«El fanatismo es el apasionamiento del fanático, una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias u opiniones. Un fanático también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo». definición.de

Demasiado amplia para ser de utilidad. Cualquiera que tuviera ideas firmes y arraigadas sería considerado un fanático y sería blanco fácil de críticas por parte de sus opositores.

Llegaría a pensarse que la tibieza intelectual sería la posición ideal, sin nada en qué creer con convencimiento (excepto en esa misma creencia).

Vayamos al dogmatismo, posible de definir como:

«[…] la tendencia de asumir ciertos principios o doctrinas de un modo absoluto y tajante, sin admitir cuestionamientos […] cuando estas carecen de comprobación práctica o demostración real, de lo cual se desprende el uso despectivo de la palabra». significados.com

Tampoco muy útil porque convierte en dogmático y malo a todo aquello que no sea sujeto a estudio científico, una creencia que en sí misma tampoco tiene comprobación demostrable.

El ateo no podría demostrar en un laboratorio la inexistencia de Dios, como tampoco el creyente su existencia.

📌Pero quizá hayamos encontrado una rendija por la cual podamos llegar a un entendimiento más exacto del fanatismo y del dogmatismo, religioso o no: cuando existe una renuncia consistente y continua al uso de la razón, especialmente cuando se trate de justificar las propias creencias frente a argumentaciones contrarias o diferentes.