Querer a la sociedad perfecta

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Buscando un gobierno mejor se termina siempre encontrando un muy mal gobierno.

Eso le sucedió a las ranas que vivían plácidamente en una laguna. Vivían sin graves problemas y los que surgían eran solucionados con presteza.

Las ranas progresaban. Durante muchos años las ranas vivieron así hasta que un día las ranas más intelectuales, formadas en sus mejores universidades propagaron una de sus ideas.

Proponían que su comunidad necesitaba un líder que las gobernara con sapiencia. Querían tener una sociedad mejor, racional, planeada y organizada, sin las fallas actuales.

Propagaron la idea y tuvieron éxito. Formaron un comité que fue a hablar con el dios Júpiter a quien pidieron que les diera un rey sabio.

El dios las oyó y les concedió su deseo. Les envió un tronco al que puso en medio de la laguna y les ordeno que obedecieran sus órdenes. Ya que el tronco no decía nada y se mantenía quieto, las ranas siguieron con su vida y prosperaron aún más.

Pero hubo algunas ranas que no estaban contentas pues esperaban órdenes del tronco y este nada decía. De nuevo, se formó un comité y fueron a ver a Júpiter pidiéndole un rey más activo que les produjera una sociedad mejor.

Molesto, Júpiter les mandó un pez de buen carácter y que emitió una orden inmediata: «Sean libres y respeten la libertad de los demás». Después de eso nada más dijo. Las ranas siguieron viviendo y progresando, pero aún así las ranas intelectuales no estaban contentas.

Querían una sociedad perfecta y para eso querían un rey que los guiara a una sociedad mejor de la que tenían. Por tercera vez convencieron al resto de las ranas de ir con Júpiter para que les enviase un rey mejor.

Fueron con Júpiter y pidieron un rey que no fuera indolente ni pasivo como los anteriores. El dios les dijo que concedería su deseo y que esa sería la última vez. El próximo rey no podría ser cambiado. Y al día siguiente, las ranas tenían una hermosa garza real como rey y estaba rodeada de cisnes que formaban su séquito.

Al ver a la garza real y a los cisnes, las ranas se llenaron de emoción y se inclinaron ante ellas. Hubo discursos de bienvenida por parte de las ranas intelectuales, las que exaltaron a la sociedad perfecta que tendrían en poco tiempo. Todo gracias a un rey fuerte, poderoso, sabio, enérgico, visionario que prometían resolver todos sus problemas. Los aplausos fueron abrumadores.

Toco ahora a la garza hablar ante la expectación de todas las ranas que soñaban en una sociedad en la que todos sus problemas serían resueltos. La garza comenzó diciendo que puesto que habían pedido un gobierno que se hiciera cargo de sus problemas, ese gobierno necesitaría muchos recursos para realizar sus metas.

Y acto seguido, la rana y los cisnes que lanzaron sobre las ranas a las que se comieron en un banquete opíparo que duró varios días. Y fue así que la próspera comunidad de ranas llegó a su fin. Las ranas sobrevivientes que pudieron escapar huyeron a otras lagunas.

Y en ellas contaron sus experiencias a las ranas de esas comunidades, las que curiosamente habían decidido ir con Júpiter para pedirle un monarca sabio que las guiara a un gobierno que resolviera sus problemas y construyera una sociedad perfecta.

Las ranas primeras contaron sus experiencias y advirtieron a las ranas de las nuevas comunidades que no hicieran tal cosa, pero no fueron escuchadas. Y Júpiter les envió un ese mismo pez que antes les había dicho «Sean libres y respeten la libertad de los demás».

Y ahora en esa laguna está la discusión entre quienes proponen que no deben buscar otro rey que ese pez, y quienes proponen ir con Júpiter para pedirle que mande otro rey más fuerte, más enérgico que resuelva todos los problemas que tienen.

Y una cosa más…

En agosto de 2009 escribí «Buscando un ángel»  con la misma historia de las ranas tomada de una fábula de Esopo.

Es mi propia adaptación de la fábula original y a la que he añadido el segmento final. La fábula original la leí en 350 Cuentos y Fábulas Que Debes Leer Antes De Morir (Golden Deer Classics) Edición Kindle.

Mucho me recuerda esta fábula lo que sucede en cada elección, en todas partes.

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