¿Quién planea a la economía?

La planeación económica es comprensible con relativa facilidad —y puede ser resumida en una actividad, un:

«Proceso de anticipación del futuro, desde el presente y con base en el pasado, al objeto de dar respuesta a estas cuatro preguntas: ¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo?, ¿quién ha de hacerlo? y ¿cuándo debe hacerse? […] la predicción o pronóstico es parte sustancial de la planificación. Pero […] también labrar el porvenir, esto es, transformar el futuro esperado en un futuro deseado». economía48.com

La parte clave a la que quiero referirme es la necesidad implícita en ese «proceso de anticipación del futuro» que responde a las preguntas de ¿qué hacer?, ¿cómo hacerlo?, ¿quién ha de hacerlo? —con la idea central de mejorar ese futuro.

En especial, una pregunta anterior es central: ¿quién ha de hacer esa planeación? —quién o quiénes realizarán la planeación económica, esos que anticipan el futuro para mejorarlo por medio de acciones que son la respuesta a las esas preguntas.

Es una realidad que la economía de una nación se planea —que de una manera u otra alguien ejecuta ese proceso de anticipación del futuro con el objetivo de mejorar el presente decidiendo qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, quién lo hace…

Mi propósito es realzar esa dimensión que es poco notada porque recibe una respuesta instintiva e impensada —presuponiendo que quien debe planear a la economía de un país es, por definición, su gobierno.

Quiero arrojar una buena dosis de sospecha sobre esa respuesta tan maquinal y que responde sin reparo que la planeación de la economía es una responsabilidad gubernamental, como se presupone en la Constitución mexicana:

«Corresponde al Estado la rectoría del desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sustentable, que fortalezca la Soberanía de la Nación y su régimen democrático y que, mediante la competitividad, el fomento del crecimiento económico y el empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza, permita el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales, cuya seguridad protege esta Constitución». Art. 25

Al menos, en estricta teoría, hay otras posibilidades.

Puede pensarse en una modalidad de la planeación económica, la de la centralización —y es en esta clase de planeación que la respuesta es manifiesta: el gobierno debe encargarse de planear el futuro de la economía nacional justificando esto con buenas intenciones solamente.

Sin embargo, existe otra variante de posibilidad planificadora, la modalidad descentralizada —una clase de planeación en la que la función de planeación se diversifica o distribuye en numerosos centros o unidades dispersas e incluso desvinculadas.

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Habiendo establecido que existen dos maneras posibles de planear —la centralizada y la descentralizada— es posible considerar un aspecto oculto en la definición anterior: quién puede realizar una planeación consistentemente de mayor calidad.

¿La unidad centralizada o las unidades dispersas? La pregunta puede ser respondida bajo ciertos criterios —pero es en uno de ellos en los que me enfoco centralmente partiendo de un principio que es contundente: logrará la mejor planeación consistentemente quien posea la mejor información, la más completa y exacta.

La interrogante es ahora quién o quiénes tienen esa información de más alta calidad —una problemática de conocimiento y su rápida disponibilidad para planear y hacer ajustes prontos.

Esta es la naturaleza muy particular de la planeación económica, la de un conocimiento que ella requiere pero que no existe de manera concentrada ni centralizada, sino de otra forma,

«[…]  solamente como como los fragmentos dispersos de conocimiento incompleto y con frecuencia contradictorio que poseen todos los individuos separados». The Essence of Hayek

Como consecuencia, la planeación económica no es solamente esa tradicional idea de cómo asignar recursos escasos a necesidades ilimitadas respondiendo a qué hacer y cómo hacerlo.

«Es más bien el problema de cómo asegurar el mejor uso de los recursos conocidos de cualquiera de los miembros de la sociedad, para fines cuya importancia relativa solo conocen estos individuos». Ibídem.

El asunto de la planeación económica es entonces mejor comprendido —por supuesto que debe existir la planeación económica, de eso no hay duda alguna.

La discusión central es si esa planeación realizada centralmente será de mejor calidad que la planeación diversificada en las muy numerosas personas que realizan actos económicos —un asunto de centralización versus descentralización económica.

Queda, por último un pequeño gran pormenor, el de definir qué tipo de conocimiento es ese que se necesita para planear a la economía nacional —y que no es un conocimiento que por su naturaleza puede ser concentrado al estilo de las ciencias en una serie de principios y fórmulas.

El conocimiento económico que se necesita es el entendimiento de las circunstancias particulares de cada persona en cierto momento y cierto lugar y que es de naturaleza cambiante inmediata —más la información que cada persona posee en cada momento concreto y que, en conjunto, puede usar solamente cuando es libre de hacerlo.

La repuesta, en concordancia con lo anterior apunta a la clara superioridad del sistema descentralizado de planeación económica —por el que cada persona planea su propia economía personal.

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