Responsabilidad y gobierno

Es una asociación íntima, profunda. Es un vínculo esencial que une a la responsabilidad con la conducta personal..

El sentido de responsabilidad es personal y propio. Ata a la conducta con la conciencia personal sin que eso necesite obediencia a un superior ni miedo ante un castigo. Es la decisión de no robar tomada libremente, no por miedo a ser arrestado, sino porque eso manda la conciencia propia.

Es la conducta del alumno cuya conciencia le indica no plagiar textos ajenos y no lo hace. Y no lo hace no porque eso está prohibido en su universidad, ni porque en caso de descubrirse el plago sería expulsado. No lo hace porque su fuero interno le indica eso.

Más aún, hay en la conciencia un criterio que guía decisiones: les asigna prioridades, es decir, un mecanismo que ayuda a seleccionar qué conductas sacrificar en aras de otras. Es lo que indica a un alumno que es preferible obtener una nota real basada en sus conocimientos, que una nota ficticia obtenida con un plagio de materiales.

Hay más en la conciencia y esto es lo que bien creo que merece una segunda opinión. Me refiero a esa unión estrecha e íntima entre conciencia y responsabilidad personales.

Una persona con conciencia que se impone por convencimiento propio que permite decidir, contiene también la aceptación individual de las consecuencias de la conducta decidida. Es eso que llamamos responsabilidad y que es el someterse libremente a los efectos que esas decisiones tengan, buenas y malas.

La liga entre conciencia y responsabilidad es tan profunda que si, por ejemplo, se retirara a la responsabilidad, la conciencia se desvanece al dejar de tener sentido. Sin la conciencia se disipa también el mecanismo que sirve de guía para tomar decisiones y el respeto a la conciencia propia.

Sin responsabilidad aparecen las decisiones desorientadas y la malicia que lleva a la persona a buscar maneras de no ser descubierto al hacer algo indebido y castigado por eso. Es la conducta de ladrón que sabiendo que existen pocas probabilidades de ser capturado da prioridad a acciones que dañan a otros y encuentra maneras de minimizar su posibilidad de aprehensión.

¿Qué sucede cuando desaparece de la persona la aceptación de la responsabilidad? ¿Qué le pasa cuando ella no vive las consecuencias buenas y malas de sus acciones?

Sabemos la respuesta, su conciencia se achata y embota. Un padecimiento que provoca conductas desorientadas, aturdidas. Si eso es cierto, entonces tenemos un problema de política que es muy serio: el estado de bienestar. Un candidato en México lo expresó en su formulación estándar:

«[…] si el gobierno está en manos de MORENA […], vamos a garantizar el derecho del pueblo al estado de bienestar, seguridad desde el nacimiento hasta la muerte, desde la cuna hasta la tumba» lopezobrador.org.mx

La intención no es criticable, pero le sucede lo mismo que a otros muy loables propósitos, ignora sus consecuencias no intencionales. Una de ellas, y no precisamente pequeña, es el debilitamiento del sentido de responsabilidad (y de la conciencia personal).

El estado de bienestar, esa «seguridad desde el nacimiento hasta la muerte» proveída por el gobierno tiene muy buenas intenciones, de tanta fuerza emocional que impiden ver sus efectos colaterales.

Cuando el gobierno se hace cargo de los ingresos de los ancianos debilita la responsabilidad de los hijos para cuidarlos; cuando usted ayuda a madres solteras por simplemente serlo, anula la responsabilidad familiar; cuando usted quita exámenes de admisión de las universidades cancela la responsabilidad de estudiar; cuando regala pastillas anticonceptivas y realiza abortos gratuitos, inhabilita la responsabilidad de la actividad sexual.

Hablo de un fenómeno común de nuestros tiempos, el de la caridad miope, de las ciegas buenas intenciones. Acciones gubernamentales con admirables propósitos que tienen graves efectos colaterales. Poniendo toda la atención en las intenciones se ignoran los métodos y sus consecuencias.

Porque al fin de cuentas lo que hace el estado de bienestar es debilitar el sentido de responsabilidad y así, entorpece el funcionamiento de la conciencia personal. Y lo hace porque se alimenta de grandes deseos, de objetivos admirables, de propósitos loables que tienen personas que no se ponen a pensar en las consecuencias de lo que proponen.

Esta opinión tiene una desventaja significativa, que es la de ser acusada de insensibilidad social, cuando en realidad es lo opuesto. Quien más y con mayores razones debe ser acusado de insensible es aquel que solo se alimenta de emociones y realiza actos que terminan por lastimar a aquellos a quienes desea ayudar.

¿Podrá ser próspero el país cuyos habitantes tengan sus conciencias embotadas? No lo creo.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


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