Simplificando la historia

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Hay momentos en los que la democracia se convierte una puerta al pasado y significa el regreso a tiempos pre-democráticos, como ahora sucede en México.

Digo que los tiempos presentes tienden, a veces, a verse como inferiores a los tiempos pasados. En la medida en lo que el presente sea visto con reprobación, los tiempos idos se verán con aprobación. El pasado es la única referencia conocida y es natural que sea el estándar de comparación.

Es eso de «todo tiempo pasado fue mejor» y que realmente no tiene mucho fundamento, pero suele repetirse como si fuese un dogma absoluto cuando el presente se ve como malo.

Esto tiene aplicación en tiempos democráticos, cuando una mala situación presente lleva a idealizar tiempos pasados (olvidar lo malo y exagerar lo bueno que tuvieron).

En su fondo esto es una simplificación de la historia que distorsiona la realidad de lo sucedido y que está afectada por otro elemento, los prejuicios predominantes. Esas ideas que son premisas últimas que no se piensa que necesiten comprobación.

Ahora, en el caso mexicano antes de las elecciones presidenciales, sucede esto y explica en buena parte la popularidad relativa de uno de sus candidatos, López Obrador.

Examinemos esto por partes.

1. El presente es percibido como malo, realmente malo. Se destacan sus puntos negativos y se desechan los positivos. El resultado es la percepción de un presente peor de lo que realmente es.

2. Lo anterior es caldo de cultivo para lo apuntado arriba, concluyendo que tiempos pasados fueron mejores y que, lógicamente, lo mejor posible sería regresar a ellos. Hacer lo que antes se hizo.

3. En ese ambiente, las ideas de ese candidato se amoldan muy bien a tal reacción. Sus propuestas tienen un gran parecido con las implantadas en el pasado (recuérdese a Luis Echeverría y a José López Portillo).

4. Más aún, el tono y la forma de ese candidato con también congruentes con el prejuicio que domina la política mexicana, el del presidente todopoderoso que es una salvación nacional. No diferente a lo que se pasó durante el dominio del PRI en el siglo 20.

La figura vuelta a nacer de un gobernante milagroso que quiere regresar al pasado, por tanto, se convierte en algo muy aceptable por parte de un número importante  de personas. Sucumben ellas al prejuicio del salvador popular y al deseo de regresar al pasado (cuando supuestamente todo era mejor).

El resultado neto de todo esto es desafortunado, pues la existencia de un mesías salvador de la nación al que ningún poder debe limitar, es un regreso a tiempos pasados y que no son precisamente democráticos. Y las políticas económicas aplicadas esos años tampoco fueron precisamente exitosas.

Una demostración más de que cuando las personas entramos en política, dejamos atrás a nuestra inteligencia. O como lo expresó alguien más:

«Un ciudadano típico desciende a un nivel inferior de desempeño mental tan pronto como entra él en el campo político. Discute y analiza de la manera que él mismo reconocería como infantil dentro de la esfera de sus intereses reales. Se vuelve de nuevo primitivo». J. A. Schumpeter.

Más que repetir la historia cuando ella se desconoce, es el querer repetirla cuando ella se simplifica pensando que el pasado es un ideal al que debe regresarse.

Y una cosa más…

Quien quiera profundizar más en el tema concreto de López Obrador, debe leer lo que quizá sea la pieza clave para comprenderlo, «El mesías tropical», de E, Krauze.

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