Quizá sea el origen de todo mal. Es la altanería, el orgullo, el engreimiento y la vanidad.

Eso que conocemos como soberbia. Todo lo que describe a la arrogancia y al endiosamiento. Es fatuidad. Es pedantería. Una autosuficiencia desbordada. Lo opuesto a la modestia y a la humildad.

Una clara manera de entenderla es esta:

«La soberbia es el amor excesivo de la propia excelencia. Se cuenta ordinariamente entre los siete pecados capitales. Santo Tomás, sin embargo, confirmando la opinión de San Gregorio, lo considera el rey de todos los vicios, y pone en su lugar la vanagloria como uno de los pecados capitales. […] un pecado mortal de la especie más atroz. De hecho Santo Tomás lo clasifica en este sentido como uno de los pecados más negros». ec.aciprensa.com

Soberbia es creerse Dios, una actitud personal por la que se entiende que se es superior, que todo lo puede, que todo lo sabe. Lo que suele acompañarse de un cierto desprecio hacia los demás, a quienes se entiende como inferiores que deben obedecer.

En el pasado, el derecho divino de los reyes justificaba a los monarcas y su derecho a gobernar sin otra razón que la de tener ese derecho otorgado por Dios. En la actualidad hemos tenido algo similar, el derecho divino de los líderes, caudillos y similares, pero sin Dios. Simplemente se lo han otorgado ellos mismos y han logrado formar una cohorte que los ha colocado en el poder.

La soberbia propia del gobernante, su amor por sus propias ideas y su confianza total en sí mismo. Una confianza desmedida e irreal que es un fanatismo de sí mismo. Una certeza acerca de la infalibilidad propia que no requiere ninguna otra cosa que la afirmación del líder.

Esto es, mucho me temo, una realidad de nuestros tiempos en la política: el líder que se ha colocado en una posición de total convicción y absoluta seguridad en sí mismo. Esto puede reconocerse en algunos síntomas.

Por ejemplo, cuando el líder se convierte en un optimista irresponsable al que ninguna evidencia en su contra logra hacerle cambiar siquiera levemente. O cuando el líder considera como traición el siquiera dudar levemente de su palabra. O cuando el líder despide a quienes hablan con libertad delante de él, pero se rodea de quienes lo adulan.

Sobre todo, es posible reconocer la existencia de ese líder cuando el uso de la mente resulta motivo de su rechazo. El líder se ve a sí mismo más allá de la razón.

«El hitlerismo es solo un síntoma, que indica una profunda perturbación de proporciones cósmicas en el mundo: que ahora hemos llegado al final de cinco siglos de racionalismo y pensamiento libre; que en el área ocupada por la humanidad, un nuevo factor, lo irracional ha vuelto a aparecer». Friedrich Percyval Reck-Malleczewen: Diary of a Man in Despair, London 1970, 26.

Esto es lo que creo que bien merece una segunda opinión. esa «perturbación de proporciones cósmicas» y que es la reaparición de lo irracional. La que curiosamente va acompañada de una desaparición, la del sentido de lo sagrado y divino. 

Paradójico será para muchos que la aparición de lo irracional coincida con la desaparición de Dios. Debía ser lo opuesto, según ellos. Pero tiene sentido que así suceda, porque con la desaparición de Dios, mucho me temo, aparece la soberbia y esta es realmente la negación de la racionalidad.

Renunciando a la razón desaparecen los frenos que limitan al poder político. Cuando usted tiene a un iluminado redentor en el poder, que todo lo sabe y puede, la inteligencia sale sobrando. Él está por encima de cualquier juicio humano y solo resta obedecerle. Él ha sustituido a Dios.

Una muestra:

«A usted, que es pueblo en el pueblo, que es tierra en la tierra, que es justicia ante el podio, que es paz ante la guerra, le decimos: ¡Fidel, nuestra bandera socialista jamás se caerá de nuestras manos! ¡Ordene, Comandante en Jefe! díganos cuál batalla librar nuestra victoria será inevitable». antorchacampesina.org.mx

Sí, al final de cuentas, la soberbia es la más grave falta humana. No extraña que sus consecuencias sean «una profunda perturbación de proporciones cósmicas».

Y algo más…

La cita de Percyval Reck-Malleczewen está tomada de Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship (p. 89). Cambridge University Press.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.