Socialismo, una contradicción

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Quienes defienden a la democracia y a la libertad de expresión, manifiestan también, sin quererlo casi nunca, una posición general de defensa a la libertad humana integral.

Un socialista cualquiera, por ejemplo, López Obrador en México, ha afirmado que cree en la libertad de expresión:

«se va a garantizar el derecho a disentir; nadie será espiado, censurado o reprimido. Habrá libertad de expresión».

Por definición, sería muy extraño que algún candidato a puestos públicos manifestara su oposición a la libertad para votar, para elegir religión, o manifestar opiniones personales —todas esas cosas que son manifestaciones de la libertad en campos concretos.

La libertad política es un caso de la libertad general aplicada a actos como la emisión de un voto personal o la expresión de opiniones políticas —provenientes de personas individuales cuya libertad es respetada.

Con esto llego a mi punto concreto —el de que la libertad general humana es exaltada incluso en casos de socialistas e intervencionistas, cuando ellos admiten que las personas tienen derecho a votar libremente, o a pensar y expresarse sin censura.

Esas dos actividades humana son algunas de las posibles —pues las personas hacen más cosas que solo votar y tener y expresar opiniones. Mi objeto de preocupación es ese precisamente.

¿Qué sucede con las libertades que deben también tener las personas en otros campos? Las personas trabajan, se esfuerzan, tienen planes por realizar, crean ideas, inventan tecnologías —en resumen, tienen ellas talentos, conocimientos e inquietudes que quieren volver realidades.

En este campo, los socialistas y los intervencionistas caen en una contradicción —la libertad que defendieron para que la gente votara, es obstaculizada cuando se trata de que la misma gente trabaje, cree, invente, aplique sus habilidades y aproveche sus talentos.

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Lo que apunto es que si cualquier persona defiende la libertad humana para expresar sus opiniones, para votar por quien ella quiera, o para seleccionar la religión que más le plazca, resulta incongruente que esa misma libertad no se defienda en otras conductas humanas, las económicas.

El fondo del tema es uno de congruencia. Si es aceptado que la persona sea libre para seguir a su conciencia en sus decisiones morales y que ellas así sean meritorias, economistas como F. A. Hayek (1899-1992) agregaron un razonamiento irrefutable.

La persona también debe ser libre para poder hacer uso de sus habilidades, de sus conocimientos, de sus ideas e iniciativas —para poder también ser guiado por sus inquietudes, preocupaciones y proyectos, esas cuestiones que le interesan personalmente.

La pregunta es inevitable: ¿qué hace que el socialista o el intervencionista defienda con fuerza ciertas libertades personales y, al mismo tiempo, ataque a las libertades económicas? No hay respuesta que satisfaga —no puede haberla.

Pero hay un argumento que el socialista y el intervencionista usan como pretexto a su ataque a la libertad humana económica —aseguran ellos que las personas, si son dejadas libres para realizar sus propios proyectos y beneficios, ellas se convertirán en una fuerza egoísta que debe ser atemperada por la bondad de propósitos atribuida a los gobernantes.

La realidad es que esos los partidarios de la libertad no afirman que por medio de la libertad económica la sociedad se volverá un reino de egoísmo desbocado que produzca daños considerables —simplemente afirman que gracias a esa libertad aumentará el progreso por estar aprovechando la reserva gigantesca de todo el capital humano que la sociedad tiene.

Y, además, es innegable que suponer que los gobernantes son personas sin la menor traza de egoísmo es una hipótesis absolutamente falsa —pero que sería necesaria para que ellos frenaran con motivo aceptable a la libertad económica personal.

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Ha sido mi propósito apuntar la contradicción en la que caen socialistas e intervencionistas cuando hablan de respetar la libertad política, la libertad de expresión, o la libertad religiosa y simultáneamente impiden la libertad económica.

La libertad es única y general, posible de manifestar en todas las conductas humanas —por lo que frenar a la libertad de un tipo es en realidad atacar al resto de las libertades, aceptando implícitamente que el socialismo y  el intervencionismo tienen contenidos opuestos a las libertades humanas.

Addendum

Añado que esta contradicción socialista e intervencionista es la explicación de buena parte del fracaso económico de esos regímenes, porque ellos impiden que sea usada toda la reserva de talentos y habilidades de las personas —sus ideas, inventos, iniciativas, proyectos, conocimientos, habilidades…

López Obrador, por ejemplo, establecerá precios agrícolas de garantía, es decir, anula la libertad económica de las personas para acordar precios voluntariamente. Una contradicción del nuevo presidente.

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