Es un asunto de congruencia. Si usted cree en la libertad humana como el gran valor a defender en una sociedad, entonces se siguen ciertas consecuencias.

Algunas de ellas son las siguientes.

Primero, tendrá que defender los sistemas democráticos y republicanos, de libertad política. Muy especialmente las facetas que impiden la opresión de minorías. Segundo, tendrá que defender las libertades culturales: educación, religión, expresión. Muy especialmente las partes que respetan las manifestaciones individuales.

Tercero, tendrá que defender las libertades económicas y el derecho a la propiedad. Eso que en conjunto es conocido como capitalismo o liberalismo económico. Para algunos esto será una sorpresa, pero, lo siento, en una conclusión lógica de la defensa de la libertad general.

Si usted defiende a la libertad de expresión o la libertad de votar, tendrá que defender a la libertad de abrir y cerrar empresas, de producir y vender. Un simple asunto de congruencia mental.

Lo anterior, que es obvio, nos lleva a algo que bien merece una segunda opinión. El asunto del socialismo y su compatibilidad con las libertades políticas, culturales y económicas.

Mi punto es que quien sea un defensor de las libertades humanas no puede ser lógicamente un socialista. Es decir, existe una contradicción entre las manifestaciones de la libertad y el socialismo. Por ejemplo, un real demócrata no puede ser lógicamente socialista.

Dentro de un régimen socialista se pierden libertades debido al crecimiento estatal. hay menos libertades económicas, menos libertades culturales y menos libertades políticas. Esta es la esencia socialista, el retiro de libertades. Por eso, quien defiende a las libertades humanas no puede ser socialista.

Tocqueville (1805-1859) habló de esto al mencionar que la democracia no tiene nada en común con el socialismo. Nada excepto el uso común que hacen de una palabra, pero a la que dan diferente significado. Esa palabra es ‘igualdad’.

El defensor de las libertades habla de igualdad, es cierto, pero la entiende como una ambición de sus ideas: ser todos igualmente libres, tener todos las mismas libertades. Esto tiene lógica. Si usted defiende a la libertad tendrá que lógicamente defender la idea de que todos sean igualmente libres.

Sin embargo, el socialismo emplea a la palabra ‘igualdad’ de otra manera muy distinta. Una forma de empleo que descarta a la libertad humana y entiende a la igualdad como sumisión frente al gobierno.

«La democracia y el socialismo no tienen nada en común excepto una palabra, igualdad. Pero nótese la diferencia: mientras que la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en la restricción y la servidumbre». A. de Tocqueville

Otro ilustre defensor de la libertad, Lord Acton (1834-1902) aseguró que «El socialismo significa esclavitud». F. A. Hayek lo expresó así: «La demanda de igualdad de posición material solo puede ser satisfecha por un gobierno con poderes totalitarios».

La conclusión es la que usted ya intuye: el socialismo niega a la libertad humana en favor de un gobierno que, como organización suprema, imponga por la fuerza a la igualdad material. Esto es lo que hace incongruente que, por ejemplo, López Obrador, exalte a las libertades mientras las ataca con un gobierno crecido.

Al descartar a la libertad y los resultados benéficos que ella produce, el socialismo persigue un propósito iluso de igualdad. La que no podrá lograr porque necesariamente debe tener gobernantes que son superiores al resto porque tienen el poder de dar y quitar.

Si, entonces, no puede serse lógicamente socialista y defensor de la libertad, tendrá que explicarse cómo sobrevive el socialismo como una noción popular.

Una explicación es la escasa estimación de la libertad humana a pesar de ser una parte central de la esencia humana. Esto es especialmente cierto en culturas con escaso desarrollo y educación, en las que los usos y costumbres llaman a la aceptación de gobiernos autoritarios responsables de todos los problemas sociales.

Otra explicación es el materialismo, esa tendencia a poner atención única en aspectos materiales y resultados de plazo corto. Lo que justifica medidas propagandísticas de resultados inmediatos, sin considerar efectos colaterales, ni el respeto a la naturaleza humana.

También, debo mencionar nuestra capacidad de vivir en contradicción, sosteniendo ideas que son mutuamente excluyentes, sin darnos cuenta de ello, o encontrando explicaciones débiles a las que creemos sólidas.

En fin, toda mi intención ha sido mostrar algo que me parece innegable: es ilógico que alguien pueda ser socialista y al mismo tiempo defender a las libertades humanas. Por ejemplo, no puede serse socialista y ser defensor de la libertad para ser propietario. Es ilógico.

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