Sociedad sin clases e Historia

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El significado marxista de la sociedad sin clases a la luz de la naturaleza humana es la idea de Lester Dekoster en esta columna.

Marx siempre insistió en haber derivado su sistema de un cuidadoso estudio de la Historia. Los marxistas son aficionados a insistir en que piensan «concretamente», lo que significa que siempre se apegan a los hechos. Que esto no es realmente el caso, puede mostrarse con una ilustración.

Supongamos que un estudioso del marxismo aprehenda la verdad de que el concepto de la sociedad sin clases, el paraíso terrenal, no solo es la piedra angular de la teoría marxista, sino que también es la piedra angular de la propaganda marxista.

Es esta visión la que distingue al marxismo de otras formas de crítica social violenta, como, por ejemplo, el anarquismo, el que nunca ha sido un competidor serio de la preferencia de los hombres. Sintiendo, entonces, que el marxismo toma gran parte de su atractivo propagandístico, tanto consciente como inconscientemente, del concepto de una sociedad perfecta, el crítico comienza a examinar esa idea con algún detalle.

Encuentra él, en primer lugar, como hemos anotado, que el marxista es muy vago acerca de toda la noción de la sociedad sin clases. Marx apenas lo discutió sistemáticamente. Lenin generalizó al respecto y Stalin estaba demasiado ocupado explicando su llegada tardía como para querer teorizar sobre ello.

Si el crítico presiona el tema y pide más detalles, se entera de que el comunista ahora no traza planos de la sociedad sin clases. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque no puede. ¿Por qué no? Porque es imposible hacerlo en el lenguaje y en las formas de pensamiento actual.

Una vez más, ¿por qué no? Porque los mismos conceptos y el lenguaje que los hombres emplean ahora están formados por el medio ambiente de la lucha de clases de la cual surgen, como todas las formas espirituales. Nuestros propios hábitos de pensamiento están condicionados por la lucha de clases. Esto es cierto porque, según Marx, la materia siempre controla las formas de la lógica, la psicología y el lenguaje. Esto es simplemente materialismo.

Por lo tanto, el lenguaje, la lógica y las formas de pensamiento de la Historia tal como los vivimos no pueden aplicarse a la nueva sociedad, donde no habrá ya lucha. Las formas de pensamiento de este lado de la revolución no se aplican a la vida del otro lado. En este sentido, la Historia no tiene pretensiones sobre la sociedad sin clases —la misma Historia, por supuesto, de la que Marx afirmaba su certeza de que lograría la sociedad sin clases.

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Supongamos, en segundo lugar, que el crítico insiste en que debe haber algo que aprender sobre la sociedad sin clases de este lado de la revolución y señala que, después de todo, el marxista habla y piensa en ella.

Y supongamos que el crítico procede a argumentar que los experimentos comunistas han sido probados y hallados deficientes y que las empresas comunales a menudo han fracasado; luego trata de aplicar las causas de estos fracasos, tal como él los entiende, a la idea de la sociedad sin clases. ¿Entonces que?

Encontrará que el marxista rechaza abruptamente todas las analogías extraídas de la Historia. ¿Por qué? Porque la sociedad sin clases está, lo recordarán, hablando estrictamente más allá de la Historia. La Historia tal como la conocemos, gobernada por la dialéctica y conducente a la lucha, cesará cuando nazca la sociedad sin clases.

Siendo así, todos los argumentos extraídos de la Historia actual no son aplicables a la poshistoria, a la sociedad sin clases. El marxista no estará sujeto a las lecciones de la Historia, la misma Historia que se supone valida el marxismo. . . .

O, finalmente, el crítico saca una última flecha de su carcaj. Buscará él proyectar a la nueva sociedad conclusiones extraídas de la naturaleza del hombre mismo. Si el hombre es así, entonces en la sociedad sin clases debe reaccionar de esta y de esta otra forma, sucesivamente.

Enérgicamente, el comunista le recuerda que el único «hombre» que conoce la Historia es la víctima de la lucha de clases, ya sea del proletariado o de la burguesía. Este tipo de hombre no existirá en la sociedad sin clases. Por lo tanto, cualquier inferencia extraída de un tipo de hombre no se aplicará necesariamente, o incluso probablemente, al otro.

Al juzgar a la sociedad sin clases, el marxista no acepta ninguna responsabilidad sobre lo que la Historia o la introspección enseñan acerca de la naturaleza de la humanidad.

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Este abismo entre las excepciones es importante. Representa para el marxismo (aunque ningún marxista lo dice) esa colina que en el avance del peregrino es donde la gran carga del mal histórico desaparece.

Este abismo infinito entre la Historia y la sociedad sin clases es, para el marxismo, el reconocimiento involuntario de que el hombre debe pasar a través del infinito, en cierto sentido, antes de que pueda entrar en el «cielo». La ruptura completa que hace la teoría marxista entre la Historia y la nueva sociedad significa realmente, que ese hombre tal y como es nunca podrá entrar en el nuevo mundo sin ayuda.

Es completamente inconcebible cómo un marxista que vivió antes y durante la revolución pudiera ingresar en la sociedad sin clases. ¿Cómo podría él, en realidad, vestirse como “hombre nuevo” en lugar del hombre que se había formado por todas las tensiones de la lucha de clases? Y si traía a la nueva sociedad alguno de los vestigios de lo viejo, podrían ellos convertirse en gérmenes de los cuales el mal podría desarrollarse una vez más.

Es provocativo lo cercano de la posición marxista tan paralela a la doctrina cristiana. Es la enseñanza cristiana que nada de la Historia entrará sin cambios al cielo. Es la doctrina marxista que nada de la Historia pertenece a la sociedad sin clases. Pero en el cristianismo, el «hombre nuevo» del cielo será el «viejo hombre» renacido. La continuidad no está rota. Este renacimiento, sin embargo, no es el trabajo del hombre, sino el trabajo de Dios.

El marxismo, basado como está en el materialismo filosófico, carece del concepto de renacimiento. En algún momento de la Historia, se supone que las mismas personas que hacen la revolución, que apoyan y respaldan a la dictadura del proletariado, ingresan a la sociedad sin clases.

El hecho de que se presuponga que ese proceso es gradual oscurece, pero no disminuye, la tensión que se mantiene entre las cosas de «esta» Historia y las cosas de «esa» poshistoria. El marxista que hace ese fatídico cruce de la Historia a la poshistoria dejaría atrás su ser, porque ese yo se ha nutrido del pensamiento, la lógica, las pasiones, las luchas y las realidades materiales de la Historia. Sin estos, ¿qué tipo de yo permanecería, en el terreno marxista?…

Para escapar del mal histórico, los yos que ahora viven y actúan en la historia tendrían que ser destruidos. Mientras el yo del hombre no sea considerado sui generis, es decir, un singular según su propia especie, sino más bien como derivado del substrato material que lo forma, ese yo debe desaparecer si el material sufre un cambio radical.

Esto significa que los hombres que conducen la revolución, que apoyan y promueven a la dictadura del proletariado, no pueden ingresar a la tierra prometida. Ni tampoco sus hijos, nacidos en el contexto de la lucha. El abismo entre la Historia y la poshistoria es fijo y no admite el paso. Esto es educativo. Significa simplemente que el hombre no puede salvarse a sí mismo.

Nota

El artículo «Marxism, the classless society and history» fue publicado por el Acton Institute el 4 de abril de 2018. La traducción es de ContraPeso.info: un proveedor de ideas que sostienen el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas, fundado en 1995.

Este artículo es un extracto de Communism & Christian Faith, con una nueva presentación de Pavel Hanes (Grand Rapids, MI: Christian’s Library Press, 2018), 67-71.

Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.

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