Es incongruente. Una especie de contradicción que pasa desapercibida.

Al mismo tiempo que se manda a la religión y a la moral, si les va bien, al rincón de lo subjetivo y privado, existe un gran reclamo de valores públicos que no tienen otra explicación que lo moral y religioso.

No hay duda de que nuestros tiempos tienen una gran fuerza científica y tecnológica. Lo que hemos alcanzado en esos terrenos es realmente notable y, por si fuera poco, en un tiempo muy corto.

Nuestros tiempos son asombrosamente científicos y tecnológicos, lo que nos ha hecho adoptar una actitud que juzgamos madura y sólida: nada que no pueda ser examinado científicamente merece ser considerado. 

Un amigo resume eso admirablemente. Afirma él que ya que no puede probarse científicamente la existencia de Dios, esa es una cuestión que debe ser dejada totalmente a la subjetividad personal. Son cuestiones de mera fe que no tienen posibilidad de ser examinadas científicamente.

Todos hemos encontrado esa opinión manifestada de mil maneras diversas. No es sorpresa alguna. Y, sin embargo, esa misma gente que manda a los asuntos morales y religiosos al rincón de la subjetividad relativa, hace algo curioso. Me imagino que sin darse cuenta, tiene reclamos morales y religiosos que no pueden ser examinados científicamente.

Me refiero a quienes se han colocado en un plan de críticos y activistas, que adoptan causas sociales y tienen preocupaciones culturales, políticas y económicas. Nada de esto realmente puede tener una justificación capaz de ser examinada en un laboratorio, ni estudiada científicamente con mediciones y experimentos.

¿No me cree? Intente hacer un examen científico de lo bueno y lo malo. Uno que use experimentos, mediciones y análisis, con aparatos y laboratorios, al estilo de medir la velocidad de la luz. O la caída a la misma velocidad de todos los objetos.

Mucho me temo que no podrá hacerse. Lo que sucede es que se confunde a lo científico con lo racional. Usted no puede probar científicamente que lo bueno y lo malo existen, pero sí puede hacerlo racionalmente.

Simplemente pensando con disciplina podrá concluir que existe lo bueno y lo malo, teniendo una buena idea de la naturaleza de cada uno.

Regreso a mi amigo que sostiene que lo moral y lo religioso es subjetivo y relativo pues no hay forma de examinarlo y tener demostraciones científicas inapelables. Al mismo tiempo que eso piensa, tiene él una buena idea de que es indebida la corrupción política, de que robar es malo; de que hay que ayudar a los pobres y de que tiene él responsabilidades con sus hijos.

Y muchas otras cosas más que demuestran que tiene y sostiene normas morales y religiosas que, sin darse mucha cuenta, entiende como reglas universales que todos deben respetar. Aunque no haya demostración científica que le muestre pruebas de que matar es malo, él lo reprueba.

Tome usted el caso de la persona que afirma con total convencimiento de que la moral es relativa y que cada quien define a lo bueno y a lo malo de manera subjetiva. Si es fiel a su idea tendrá que aceptar que si alguien define a la moral de manera no relativa, deberá de aceptar eso como una posibilidad real, lo que niega su idea.

Y, peor aún, tendría que aceptar que una dictadura es tan aceptable como una república y que los campos de concentración no tienen nada de reprobable.

Lo que nos sucede, quizá, es que está en nuestra naturaleza misma una cierta idea de lo bueno y de lo malo. Algo innato, propio de los humanos (eso que dice Jeremías  como ley escrita en los corazones).

Y, si somos racionales, es que podemos tratar a lo bueno y a lo malo de esa manera, descartando que ello sea subjetivo y personal y no sujeto a examen disciplinado y objetivo. No será en un laboratorio, pero sí sucederá en un análisis difícil pero posible.

Finalmente, a veces me da la impresión de existir miedo. Un miedo enorme a examinar racionalmente los asuntos morales y religiosos. Y ese miedo no lo tiene por lo general la gente religiosa, sino la gente que no lo es. Otra cosa que es llamativa.

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