Sumisión económica

 

El control central sobre la economía. La planeación económica centralizada. El dominio del gobierno sobre las conductas de producción y consumo.

Es este un punto principal de nuestros días. Se encuentra en el fondo de toda promesa de gobierno, de todo acto gubernamental.

¿Toma el gobierno el control de la economía y la modifica para lograr sus objetivos? ¿O bien, son lo ciudadanos quienes la controlan para la consecución de su propio bienestar?

Un ejemplo de la primera alternativa, la del gobierno tomando el control de la economía:

«Andrés Manuel López Obrador, precandidato de Morena a la Presidencia [de México] aseguró que de llegar a la Presidencia construiría una refinería petrolera cercana al Puerto de Dos Bocas en esa entidad, esto con el fin de reactivar al sector energético que se ha visto afectado en esa demarcación». excelsior.com.mx

En la segunda alternativa, la construcción de esa refinería sería una responsabilidad de los ciudadanos siguiendo criterios de necesidad y rentabilidad. Tal vez la construyeran, tal vez no.

La siguiente y obligada pregunta es cuál de esas dos alternativas es la mejor —siempre considerando que ninguna de ellas es la solución perfecta. La respuesta debe ser explorada en dos sentidos, (1) la posibilidad de hacerlo mejor y (2) su congruencia con la naturaleza humana.

• Posibilidad o imposibilidad de planear centralmente. El argumento usual está bien resumido en un libro:

«[…] puede uno suponer que el aparato planificador está bien formado con personas poseídas con la estatura moral y los requerimientos materiales de un Mohandas Ghandi combinado con la capacidad mental y el genio creativo de Leonardo da Vinci. […] incluso con los mejores al mando ellos no sabrán lo que sucede “abajo” con suficiente detalle como para ser capaces de planear a la economía con eficiencia». Don Lavoie, National Economic Planning: What Is Left?

El punto es diáfano: la planeación gubernamental de la economía tiene un problema de imposibilidad práctica —no existe la información que es necesaria que posean quienes la realizan. Por tanto, las decisiones planificadoras estarán sustentadas mucho más en la subjetividad de quienes las toman que en la realidad económica.

Esa subjetividad les llevará a querer conducir a la economía nacional por el camino que ellos suponen que es el mejor —hacia la sociedad que ellos creen que es la deseada, es decir, la contaminación ideológica: la construcción de una sociedad sin clases, por ejemplo.

• Congruencia o incongruencia con la naturaleza humana. Se trata de responder a la pregunta de si la naturaleza humana se acomoda mejor a estar en una posición en la que se reciben y obedecen órdenes superiores o una posición de realizar contribuciones de talento y trabajo individual —para crear riqueza y prosperidad.

La planeación gubernamental de la economía supone que las personas vivirán mejor cuando ellas se sometan a los mandatos económicos de la autoridad —una posición de sumisión a las órdenes recibidas de arriba, en donde se decide qué hacer y cómo hacerlo.

Sin embargo, cuando se toma como cierto que las personas tienen talentos, iniciativas y motivos para esforzarse, eso rechazaría el supuesto de la planeación central que pide sometimiento y no iniciativa —añadiendo que el talento personal sería desperdiciado y eso es incongruente con la idea de un ser humano que es libre, puede razonar y tomar decisiones por sí mismo.

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Lo que he intentado hacer es exponer dos planos en los que resulta admirablemente sencillo rechazar la creencia de que la planeación gubernamental económica es mejor opción que la libertad económica —esta última es congruente con la naturaleza humana y las personas tienen la información que no puede llegar al mando central.

La sumisión económica que pide la planeación central no es en realidad otra cosa que una modalidad de servidumbre y opresión —una forma de tiranía que pide a la persona (1) obedecer al gobierno sin limitación y (2) abandonar sus ideas, contribuciones y propósitos personales.

Bajo esta realidad es incomprensible que sobreviva la tesis de la planeación económica centralizada —pero sobrevive y eso puede explicarse entendiendo que usa como argumento central a sus intenciones admirables haciendo de lado a su imposibilidad práctica y a su incongruencia con la esencia humana.

Addendum

También conviene ver ¿Quién debe planear la economía?

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