Sustituyendo a la ley

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Es ignorar a la ley. Es la sustitución de la ley con la opinión propia, la opinión pública, paneles de expertos, o de seguro con la voluntad de quien detenta el poder y cree ser él mismo el pueblo.

México presentó una situación reciente que muestra ese proceso de sustitución de la ley por la opinión de cualquier otro, cuando se expresaron juicios acerca del rechazo de candidatos independientes a la presidencia por no cumplir los requisitos legales para serlo.

Una de las muchas opiniones vertidas al respecto solicitó que todo candidato independiente debía ser aceptado por el Instituto Nacional Electoral.

«Que participen y que sea la gente la que decida, que sea el pueblo el que decida; en la democracia es el pueblo el que manda». A. M. López Obrador.

No fue él único que dijo cosas por el estilo y eso es algo muy digno de apuntar porque significan peticiones, supongo que inconscientes, de ignorar a la ley. Un columnista lo expresó muy bien:

«La línea [cita anterior] es una perla: López Obrador no proponía una interpretación de la ley que tuviera como consecuencia la inclusión de los candidatos independientes. No disentía de la lectura jurídica del instituto electoral. Lo que pedía con notable franqueza es que el INE ignorara la ley. Que los incluyera, aun sabiendo que los pretendientes habían violado la normativa vigente, que seguramente habían cometido fraude y que no habían cumplido, por lo tanto, con los requisitos legales». Jesús Silva-Herzog Márquez, «De ley y el pueblo», Grupo Reforma, 26 marzo 2018.

La mentalidad, que el columnista examina en un caso particular, puede ser extendida hasta un proceso general de sustitución de la ley por aquello que más convenga al poder, causando que el estado de derecho desaparezca y los tribunales dejen de tener sentido.

El gobernante se deshace de las limitaciones que la ley le impone para el ejercicio de un poder limitado e institucional, con un proceso de sustitución de la ley por otras posibilidades como:

• La voluntad popular, esa expresión atractiva pero sin significado operativo concreto,, lo que posiblemente signifique encuestas, votaciones, manifestaciones de calle, peticiones de grupos interesados, o lo que sea que se acomode a elevar el poder del gobernante sin las molestias de tener que respetar al poder legislativo.

• Los grupos de expertos convocados por el gobierno mismo y cuya opinión se volverá un mandato de poder directo cuando el gobernante lo acepte como tal, que es otro modo de quitarse de encima a las leyes y a quienes las emiten.

• La opinión propia del gobernante que piense representar al pueblo real, o mejor dicho a lo que él esté convencido de que el pueblo piense, retirando el obstáculo de todos aquellos que no son el pueblo real según el gobernante (los «fifís» en la terminología de López Obrador).

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Ha sido mi intención resaltar un fenómeno asociado con regímenes políticos de populismo despótico que sustituye a la ley con la voluntad de gobernante, bien exhibido en un caso extremo:

La sustitución de la ley con la voluntad del gobernante es contrario al Estado de Derecho, a la división del poder y al imperio de la ley —la voluntad veleidosa y arbitraria del gobernante lleva a la pobreza generalizada.

  • • ANTES: «El Estado soy yo», Luis XIV y el despostismo ilustrado.
  • • HOY: «El pueblo soy yo», AMLO y el populismo ignorante.
  • Y una cosa más

  • Curiosa coincidencia que hoy viera una entrevista en la TV a Enrique Krauze, el historiador mexicano, acerca de un nuevo libro suyo llamado El pueblo soy yo, un tratado acerca del populismo.

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