Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Teoría del todo político
Eduardo García Gaspar
6 febrero 2018
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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He leído una buena dosis de propuestas políticas. De ofertas electorales y promesas de campaña. De proyectos partidistas construidos en las sólidas bases de la fantasía y la alucinación. De ambiciones utópicas y compromisos imposibles.

Es como meterse en un mundo de euforia sin frenos y entusiasmo desbocado. Un reino de optimismo tan entusiasta que solo es capaz de sobrevivir largo tiempo fuera de la realidad.

Perdura ese mundo con terquedad obsesiva en la mente algunas personas, típicamente los líderes que suponen posible que su sueño puede ser hecho realidad, con la sola condición de que sean ellos colocados en una posición de poder.

Su jovialidad es inacabable, su optimismo a toda prueba, su ilusión ilimitada. Y, desafortunadamente, su irresponsabilidad es tan inagotable como su alborozo.

Lo que pienso que bien vale una segunda opinión es razonar acerca de ese optimismo a toda prueba.

¿Qué hay en la mente del político que promete una fantasía imposible y, a pesar de ello, no siente vergüenza, al contrario, insiste en que es posible la sociedad perfecta que él ofrece?

Creo que la respuesta está muy asociada con la mente aficionada a reemplazar a la realidad con la abstracción, a la imperfección con las buenas intenciones, a las evidencias con teorías que todo lo explican en la sociedad.

Es la mente que usa expresiones como ‘fuerzas sociales’, ‘voz popular’, ‘leyes históricas’, ‘evolución social’ y todo lo entiende usando conceptos abstractos colectivos.

La mente que reemplaza a la persona con sectores, clases, intereses, movimientos, fuerzas, reclamos, reivindicaciones, todas igualmente abstractas y colectivas. La mente que ama las alturas de la teoría del todo político que reclama haber descubierto y que conoce más que nadie otro. La teoría del todo político que describe al mundo que puede manipularse y conducirse sin contratiempos, en el que todo funciona como un reloj.

El optimismo sin límite de este político, afirmo, tiene su origen en la certeza que él tiene de que ese mundo creado por su teoría del todo político es igual al mundo real y concreto. Que lo que da resultados impecables en su mundo virtual dará los mismos resultados perfectos en el mundo real.

Un optimismo fundamentado en una confianza ilimitada en su conocimiento personal del todo político y en el que tiene una certeza absoluta. Es un optimismo irresponsable en verdad, pero eso no importa porque el líder ha creado un escudo protector contra toda posible crítica a su teoría del todo político.

Un escudo a toda prueba. Es el blindaje construido con la defensa más poderosa: quienes no aceptan su teoría del todo político son ignorantes, insensibles, egoístas, odian al pueblo, buscan desprestigiarlo, son representantes del mal, incluso diablos.

Como consecuencia, el líder con su teoría del todo político no puede hacer alianzas que signifiquen ceder. Lo único que hace es buscar acólitos que demuestren fe incondicional y que aunque no sean capaces de comprender sus ideas, le tengan una lealtad a toda prueba.

Esto es lo que hace incompatible a estos gobernantes con los sistemas republicanos y demócratas y que, una vez en el poder, vuelvan a las cámaras legislativas, al ejército y al sistema judicial, sus acólitos (recuerde a Venezuela, por ejemplo; o el sistema de candidato único en Cuba)

El problema, obviamente, es que la realidad no funciona igual a lo que pronostica la teoría del todo político sostenida por el líder. Olvidó su complejidad, ignoró la imperfección humana. Sus buenas intenciones tuvieron efectos colaterales negativos, sus planes no dieron resultados, el dinero no fue suficiente. Su teoría del todo simplemente no era más que una abstracción mental, una fantasía.

El fracaso real no es freno suficiente como para rectificar y corregir. El optimismo a toda prueba sirve para intensificar el uso de la fuerza gubernamental para acomodar a la realidad a la teoría. Las cosas, por supuesto, empeorarán y llegará una crisis severa.

Es comprensible que se tengan intenciones de mejorar nuestras vidas, de tener sociedades más prósperas, pero intentar hacerlo por la vía del la teoría política del todo es una locura que solo puede terminar en regímenes que logren lo opuesto de lo que intentan (recuerde a Perón, en Argentina).

Finalmente, la puerta puede abrirse y dar entrada a líderes con sus teorías del todo político dependiendo de la sagacidad del electorado. Si acaso demasiados votantes sucumben al optimismo desbordado de la fantasía propuesta, permitirán que al poco tiempo sus vidas dependan de su sumisión al culto del líder.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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