¿Cuándo deja la libertad de serlo para convertirse en una apariencia engañosa?

Comencemos con los fundamentos de la libertad. Eso que la establece y mantiene. Las fuentes de su defensa, cuyo abandono significa perder libertad. Y perder libertad es igual a aceptar regímenes tiránicos.

Pongo atención en dos de esos fundamentos de la libertad.

1. La aspiración a alcanzarla y mantenerla. Esto es ver a la libertad como un ideal, como un anhelo, un deseo elevado. Algo que implica altura. Tiene mucho de sublime y excelso, tanto que justifica el sacrificio personal honorable.

2. El merecimiento mismo. Un premio y recompensa al esfuerzo de ganarla y que necesita vigor y sacrificio para mantenerla. Es lo que se conoce como virtud, ese ánimo de conducta ideal considerado la vía para seguir siendo libre. La libertad es la recompensa del responsable que la merece.

Ha sido expresado así:

«[…] el énfasis clásico y cristiano sobre la virtud y el cultivo de la autolimitación y el autogobierno se basaban en el refuerzo de las normas y las estructuras sociales organizadas extensamente a lo largo de la vida política, social, religiosa, económica y familiar». Deneen, Patrick J.. Why Liberalism Failed. p. 25. Yale University Press. Mi traducción. 

En resumen, la libertad, eso tan admirado y deseado, tiene sus condiciones. Requisitos de fuerza personal, de disciplina, control, virtud. Al menos en su comprensión ortodoxa, que es precisamente lo que parece haberse perdido.

Si, por ejemplo, la libertad de transforma en la noción de tener la capacidad de conductas ilimitadas, sin freno ni término, las cosas cambian notablemente. Eso hace que la libertad prescinda de su entendimiento como un alto ideal para convertirse en un simple permiso para realizar lo que sea, sin importar qué tan ordinario y pedestre sea.

Esto es a lo que me refiero, a la transformación de la libertad, de una recompensa a la virtud responsable a una licencia para conducta irresponsable. La libertad transformada en la prerrogativa de acciones sin restricción. Esta autorización de libertad transformada ha recibido el título de derechos exigibles al gobierno.

El derecho a la educación enmascara al permiso de asistir a escuelas gratuitas sin necesidad de esfuerzo ni merecimiento. El derecho al sexo seguro disfraza la exigencia al gobierno de pagar costos de abortos. 

El problema es que cuando la libertad pierde su asociación con la idea de una conducta disciplinada que necesita control personal, ella se convierte en una posibilidad de conductas irresponsables cuyas consecuencias son trasladadas a otros, el gobierno, quienes deberán asumir su costo (como universidades y abortos pagados con fondos públicos).

Y, de esta forma, creyéndose libres, las personas acaban por hacerse dependientes de los gobiernos. Pierden sus libertades reales pensándose seres liberados. Una perdida sensible que termina en la erección del monstruo dadivoso que intercambia a la libertad ficticia por la real.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.