Un patrocinador divino

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El aprovechamiento de elementos religiosos en la política es de uso frecuente.

No hace mucho hubo un caso que llama la atención, el de Hugo Chávez, bien ilustrado en este video:

Entender a Cristo como un proto socialista (anticapitalista) que es un patrocinador de las ideas propias es elemento juzgado como valioso, como en este otro caso, el de López Obrador:

«Soy un seguidor de la vida y de la obra de Jesucristo. Porque Jesucristo luchó en su tiempo por los pobres, por los humildes. Por eso lo persiguieron los poderosos de su época. Entonces soy en ese sentido un creyente. Tengo mucho amor, lo digo de manera sincera, por el pueblo». nación321.com

Jalar hacia el beneficio de un gobierno a las creencias religiosas, debo suponer dados los dos ejemplos, es una adición valiosa que añade popularidad al gobernante, pero que no puede ser realizada sin alguna modificación del original.

Hay que volver a Jesucristo un revolucionario, convertirlo en un activista, incluso en un comunista.

«Evo Morales: “El primer socialista del mundo ha sido Jesucristo”» nacion.com

La estrategia política contiene dos partes. (1) Jesucristo es un elemento de peso en la gente y ayudaría mucho a la campaña electoral y al gobierno sumar la imagen de Jesús como alguien que apoyaría al régimen. (2) Se necesita modificar a Jesús para que aparezca como alguien que si viviera votaría por el candidato.

Vayamos ahora con alguien que sí sabe de estas cosas sagradas:

«La fe del Nuevo Testamento no conoce al revolucionario, sino que está familiarizada con el mártir: el mártir reconoce la autoridad del Estado pero también conoce sus límites. Su resistencia consiste en el hecho de que hace todo lo que sirve a la ley y a la comunidad organizada, incluso si proviene de una autoridad que es extraña a la fe u hostil a ella, pero que no obedece cuando se le ordena hacer el mal, es decir, ir en contra de la voluntad de Dios». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 57). Ignatius Press. Kindle Edition.

En otras palabras, la modificación que se hace de Jesús para adaptarlo a un cierto uso político, lleva a la inexactitud. Él es bastante más que un activista político que apoya las ideas y propuestas del candidato, incluso es muy posible que las repruebe.

En fin, todo lo que he intentado hacer es resaltar un fenómeno político propio de los excesos democráticos. En su obsesión por llegar y mantenerse en el poder, los gobernantes están dispuestos a todo, literalmente. Contar con un apoyo divino es algo demasiado tentador como para no aprovecharlo.

Y algo más…

Véase también «Lo que nos faltaba»

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