Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Valor subjetivo y moral
Eduardo García Gaspar
5 febrero 2018
Sección: ECONOMIA, ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Le llaman «valor subjetivo» y es un concepto económico.

Su definición es simple: el valor que tienen los bienes económicos está determinado por el aprecio personal que se tiene de ellos.

No es complicado y se ve por todos lados. Es la razón por la que las personas compran bienes distintos y están dispuestas a pagar precios variables. Cuando usted no tiene agua pagará una fortuna por una poca; pero ni siquiera le interesará comprarla cuando la tiene en abundancia.

No es un descubrimiento nuevo, tiene varios siglos. En el siglo 16 el concepto del valor subjetivo fue tratado por gente como Luis Saravia de la Calle, el cardenal jesuita Juan de Lugo y Luis de Molina.

Ellos pertenecen al grupo conocido como Escolásticos Tardíos. Y, por supuesto, siglos después, debe mencionarse a Carl Menger.

Sostener la idea del valor subjetivo, debe aclararse, no significa apoyar la idea del relativismo. Al contrario, es una idea objetiva que describe buena parte de la conducta humana cuando toma decisiones, afirmando que ellas están afectadas por el valor percibido de los bienes que intercambia.

No tiene complicación: si una persona percibe un muy escaso valor en, por ejemplo, una Coca-Cola, su conducta estará muy escasamente inclinada a intercambiar parte de sus posesiones para adquirir ese bien; y viceversa. Esto, como he escrito en otras columnas, tiene un efecto brutal en la economía.

Quiere decir que los insumos para producir un bien, incluyendo el trabajo empleado, tienen muy poco efecto en el precio de los bienes. Esos precios están determinados por la apreciación subjetiva de los bienes y no por sus costos de producción. La cosa no para allí, si nos ponemos a pensar.

Significa que los precios de los insumos para producir un bien cualquiera están determinados por el valor subjetivo de ese bien producido. Exactamente lo opuesto a lo que propuso C. Marx, quien aseguró que el valor de un bien dependía del trabajo necesario para producirlo, cuando lo cierto es que el valor del trabajo necesario para producirlo depende del valor percibido en el bien producido.

Pero eso no es lo importante. Hay cosas que deben resaltarse,

Una de ellas es llamativa: fueron pensadores católicos los que encontraron esa idea y la expusieron y explicaron con palabras que todos comprenden. ¡Católicos sentando bases para la economía de mercado! Esto causa, por lo general, turbación en algunos círculos católicos.

Otra es el contraste entre la valoración subjetiva del valor del bien o servicio económico y las normas morales. Decir que el valor subjetivo determina los precios no es igual a aprobar ese valor subjetivo. Aclaremos esto con un ejemplo de uno de los mismos escolásticos tardíos.

Suponga usted que un hombre cualquiera contrata los servicios de una prostituta a cambio de una cierta cantidad de dinero. Ella realiza el servicio y, por ese hecho, posee un derecho a recibir la cantidad acordada. Esa cantidad, es decir, el precio, es el resultado de la apreciación subjetiva del servicio de la prostituta, por parte del hombre; y del dinero, por parte de ella.

Ese intercambio económico describe un proceso que se repite una y otra vez en intercambios de todos tipo. El proceso ha sido explicado por el concepto de valor subjetivo, pero eso no significa que así se apruebe moralmente la conducta realizada.

Es obvio que la conducta de ese hombre y esa mujer es reprobable; como lo es la compra-venta de drogas; los abortos y la venta clandestina de armas; el chantaje y demás. La Economía nos ha servido para explicar buena parte de la conducta humana usando al valor subjetivo, pero eso no significa que de esta manera se dé un sello de aprobación moral a toda conducta.

Todo lo anterior me lleva a un mensaje doble.

— Aquellos partidarios de los mercados libres, que son quienes sostienen la idea del valor subjetivo, recordarles que eso es una descripción del funcionamiento de un mercado eficiente y positivo, pero que no significa que las conductas así realizadas son todas deseables ni buenas.

— Aquellos llenos de buenas intenciones y admirables propósitos, que suelen ser enemigos de los mercados libres proponiendo el intervencionismo, recordarles que sin un adecuado conocimiento del funcionamiento de la economía, sus acciones estarán llenas de errores y efectos contraproducentes.

Post Scriptum

Quienes estén interesados en el tema la obra de Alejandro A. Chafuen, Christians For Freedom: Late Scholastic Economics, resultará una gran y amena lectura.

O, mejor aún, ir al origen con la obra de Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca. La obra pionera del descubrimiento moderno de los escolásticos de esos tiempos.

No puedo evitar un comentario reiterativo. Es una necesidad real el ampliar la visión de quienes con maravillosos propósitos  pero sin conocimientos suficientes proponen medidas con objetivos admirables, y en la práctica fracasan incluso empeorando la situación que pretenden resolver.

Para esta columna usé información de la obra de Thomas E. Woods Jr., How the Catholic Church Built Western Civilization.

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