Valoración económica

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La asignación de un valor a los recursos disponibles es el tema que deseo explorar con algunas precisiones —y que comienzan por la más obvia y menos reconocida.

1. La medida del valor que se da a los recursos disponibles es por completo algo subjetivo —dependiente de cada persona en cada momento concreto.

Dos personas pueden dar un valor muy diferente a un mismo bien —y la misma persona, en dos momentos distintos, puede dar valores diferentes al mismo bien.

El valor de los bienes que satisfacen necesidades es enteramente subjetivo —o quizá, mejor dicho, personal y circunstancial: variable por persona en cada situación.

2. Siendo la valoración de los recursos disponibles un fenómeno subjetivo y circunstancial, no existe una relación entre el valor de un bien cualquiera y el trabajo que ha sido necesario para producirlo —ni con los recursos necesarios que han sido usados en su producción.

Un bien cualquiera que ha requerido 100 horas de trabajo y otro que ha requerido 50, no necesariamente tendrán precios que muestren esa diferencia —podría ser, sin que fuese sorpresa alguna, que el bien que requirió 100 horas tuviera un precio igual o inferior al que necesitó 50 horas.

3. La valoración económica de los bienes tiene su origen último en el juicio que cada persona tiene acerca de la importancia de sus necesidades personales en una situación específica —es decir, el origen del valor de los bienes es la importancia asignada a la satisfacción de necesidades individualizadas.

Cada persona en cada momento tiene una idea de la jerarquización de sus necesidades, por la que orientará su conducta a la satisfacción de las que considere más importantes y esa jerarquización de necesidades es lo que le hará decidir el valor que dará a distintos bienes.

4. Toda valoración de bienes está regida por esa valoración de la satisfacción de necesidades para el bienestar personal —desde los bienes más primarios, como el petróleo crudo, hasta los más refinados, como el vidrio templado. La razón de ser de toda producción de todo producto y su valoración es el consumo último por parte de la persona que hace valoraciones personales y circunstanciales.

5. La valoración personal y circunstancial de las necesidades y, por ende, de los bienes que las satisfacen, tiene un efecto obvio: el permitir intercambios de bienes entre las personas.

Esos intercambios, mientras sean libres y voluntarios, representarán siempre un aumento del bienestar personal —una mejora de la situación de las personas que cambian al bien que valoran al bien que ofrecen por debajo del valor que le dan al bien que obtienen.

Lo que he querido hacer es resaltar esas cinco precisiones acerca del valor que se otorga a los bienes económicos porque son ideas usualmente ignoradas por demasiadas políticas económicas de gobierno —las que ignoran por costumbre la realidad de que el valor de un bien es un resultado de valoraciones personales y circunstanciales distintas de millones de personas en un momento dado.

Addendum

En buena parte, esta naturaleza personal y circunstancial del valor asignado a los bienes hace materialmente imposible que una economía planeada o intervenida pueda mejorar con solidez y sustento el bienestar general.

Más, como aclara Menger en su obra, la valoración de las necesidades personales y de los bienes, no «excluye la posibilidad de que hombres estúpidos» puedan cometer errores en sus decisiones.

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