Tiene un nombre elegante, déjà vu en francés. Traducido, «ya visto antes».

Un tipo de sensación que nos hace sentir que ya hemos pasado antes por una situación, que ya hemos estado antes en un lugar, que ya hemos vivido antes una experiencia.

Supongo que muchos, en México, estén pasado por esa sensación de déjà vu. 

Quienes vivimos en este país la presidencia de Luis Echeverría Álvarez a partir de diciembre de 1970 y a continuación la presidencia de José López Portillo, desde diciembre de 1976, tenemos motivos para sentir que ya hemos visto antes lo que aquí está sucediendo.

Hay algo en el nuevo gobierno mexicano que llegará al poder, oficialmente en diciembre de 2018, que produce esa sensación: intervencionismo creciente, concentración de poder en el presidente, desprecio por las instituciones, activismo presidencial, aislamiento de la realidad, nacionalismo, iniciativas económicas presidenciales improvisadas, políticas económicas descabelladas…

No digo nada original. En diciembre de 2017, J. Fernández Menéndez apuntó la similitud entre los programas de gobierno de esos dos presidentes anteriores y el del nuevo gobierno electo. «Y tendrán los mismos resultados», concluyó.

A principios de este año, S. Negrete Cárdenas señaló varias similitudes entre Echeverría y López Obrador, entre ellas esta, quizá el más importante de los parecidos de López Obrador con el pasado:

«Hay otra peculiar similitud entre Echeverría y López Obrador: la obsesión por la actividad presidencial. El-Señor-Presidente-de-la-República es un individuo incansable, imparable. Su presencia provoca, activa, dinamiza. Viaja infatigable por todo el país. Ya López Obrador ha declarado que su gobierno sería itinerante. Para demostrar su interés en atacar el problema de la inseguridad, ha dicho que tendrá juntas todos los días por la mañana para analizar la situación con el Gabinete respectivo». altonivel.com.mx

Un déjà vu no es inquietante por sí mismo, incluso podría producir una sensación agradable. Lo que causa desasosiego en este caso es que conocemos el desenlace de la historia de esos dos presidentes anteriores. Ambos terminaron sus gobiernos en medio de una crisis económica severa, muy severa.

No es, por tanto, una reacción injustificada el estar en un estado de inquietud y desazón. Sabemos que el futuro no es predecible, pero también sabemos que el hacer las mismas cosas produce los mismos resultados. ¿Podrá cambiar algo y evitar que se termine en una crisis?¿Habrá cambiado el nuevo presidente?

Otros tratamientos del mismo tema y que pueden ser de interés:

  1. Las razones por las que comparan a AMLO con Echeverría y López Portillo.
  2. ‘Los López’: ‘Jolopo’ y AMLO; censura y odio. 
  3. AMLO defiende la “economía del pasado”.

En fin, las sensaciones de turbación que acompañan a cada nuevo período presidencial en México, son es este caso mucho más intensas que las de los últimos gobiernos.

Y una cosa más…

Según un decreto mexicano, el período presidencial que inicia el 1 de diciembre de 2018 termina el 30 de septiembre de 2024. Este cambio, se ha dicho, hará que López Obrador gobierne dos meses menos que el resto de los presidentes; solamente 5 años y 10 meses. Creo que esto es inexacto.

El gobierno del nuevo presidente inició, si bien informalmente, en julio de 2018 con decisiones de diversos tipos, por lo que su período real de gobierno será realmente de 6 años y 3 meses. Mínimo.

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