Cercanía o lejanía de la verdad. Definición de verdad y el problema que plantea al conocimiento perfecto. Una solución razonable, más algunas características y ejemplos.

La verdad, su significado

Para comprender la idea de su cercanía o lejanía, el punto de partida obligado es la comprensión de qué es verdad. Una breve y razonable forma de exponerlo es esta:

«La verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere​ o la fidelidad a una idea». es.wikipedia.org

La verdad es, vista así, una correspondencia entre lo que se piensa o dice, y la realidad. Cuando existe esa correspondencia, entonces lo dicho o pensado es verdad. Cuando no corresponde, entonces es falsedad.

Un problema de capacidad

La dificultad es si somos capaces de lograr una objetividad perfecta, una imparcialidad pura, la verdad exacta. La respuesta es, me parece, un no muy claro. Si somos imperfectos no tenemos posibilidad de objetividad perfecta.

Vamos a suponer un escenario extremo, en el que se acepta que la imparcialidad del conocimiento es imposible, que nunca podremos tener un conocimiento perfecto de la realidad. ¿Qué sucede si se acepta esta idea?

Algo que no es deseable. Una situación en la que cualquier cosa que diga cualquier persona recibe el mismo valor que lo que sea que diga cualquier otra persona. Para entender este escenario: sería igualmente (des)acertado decir que la Tierra es plana que decir que es redonda.

Dos condiciones

Entonces, hasta aquí, tenemos las dos condiciones que se presentan.

• Somos seres imperfectos, lo que significa que no podemos alcanzar la objetividad plena, ni la imparcialidad pura.

• Dado lo anterior, debemos reconocer que no es posible tener conocimientos perfectos y objetivos. Esto nos obligaría a aceptar que cualquier opinión es valiosa, al menos de igual valor que las demás.

¿Debemos en serio aceptar esa conclusión de no poder conocer la verdad objetiva e imparcial? Esto nos haría relativistas en su total dimensión, algo que me imagino que nadie quiera y que no tiene mucha lógica.

La solución

Si bien no tenemos posibilidad del conocimiento total objetivo e imparcial, sí tenemos otra posibilidad. La de la cercanía o lejanía con la verdad. Los adelantos científicos son una prueba de esa posibilidad de cercanía.

Sabemos que la Tierra no es plana, que es más bien un elipsoide, o incluso algo más acertado, un geoide.

Los adelantos científicos muestran que existe lejanía o cercanía con la verdad, con el conocimiento imparcial. Es un una solución de la reducción de la distancia con la verdad. Podemos acercarnos y alejarnos de la objetividad perfecta.

¿Cómo saber qué tan cerca o lejos estamos de la verdad?

Las ciencias nos ayudan dando explicaciones que pueden ser comprobadas, como el vuelo de un avión. Es obvio que los conocimientos sobre los que está basado están muy cerca de la verdad. Igual que la comprobación de las ideas de A. Einstein mediante un eclipse.

También, tenemos ayudas como la idea de K. Popper: «El conocimiento científico no avanza confirmando nuevas leyes, sino descartando leyes que contradicen la experiencia». Lo que pone en grandes apuros, por ejemplo, a las ideas de S. Freud y a otras.

¿Y si no hay comprobación material?

En los asuntos que no están sujetos a ser comprobados científicamente tenemos entonces un problema. La verdad no podrá encontrarse por medios científicos estrictos.

Por ejemplo, la discusión sobre la existencia de Dios, los conceptos de bueno y malo, los milagros, la conciencia humana, o la libertad. Estamos en un terrenos distinto al científico y que sería ridículo negar por no sujetarse a ser estudiado científicamente.

Entra aquí en ayuda nuestra eso que llamamos lógica, el arte de pensar correctamente, de encontrar la verdad por medios racionales. No está mal, nada mal, aunque tiene el inconveniente de no ser tan fácil de ser aceptado por no ser tan convincente para la mente actual como la ciencia tangible.

Más otro tipo de conocimientos que son más complejos y suelen estar afectados por creencias previas personales. La discusión entre socialistas y capitalistas es un ejemplo notable, como la del aborto, en las que aún las evidencias racionales no son capaces de convencer acerca de la cercanía o lejanía con la verdad. La contundencia de los argumentos es menor.

Hasta este punto…

Se tiene una idea acerca de la verdad como coincidencia entre lo pensado o dicho y la realidad. Más, también, el reconocer que la realidad puede ser conocida.

Pero, sobre todo, que no hay una dicotomía absoluta entre verdad y falsedad, sino diferencias de distancia entre lo que se piensa y la realidad. Esto conduce la la noción de lejanía o cercanía con la verdad.

Y esa posibilidad remedia la desesperación que produciría un escenario en el que la verdad fuera algo imposible de conocer y reconocer.

En fin, la paradoja que presenta la imperfección humana que lleva a la imposibilidad de la objetividad pura del conocimiento no nos lleva necesariamente a la desesperación del relativismo. Es posible entender que podemos acercarnos a la verdad, o alejarnos de ella, es decir, no, no todas las opiniones valen lo mismo.

Si todo conocimiento es imposible, entonces da lo mismo ser imparcial que no serlo, acercarse a la verdad que alejarse de ella. La falsedad y la verdad serían conceptos equivalentes.

Con una dificultad lógica. Si alguien asegura que es imposible el conocimiento imparcial, también está asegurando que eso que dice es verdadero e imparcial. No tiene sentido.

El factor verdad

Todos lo tenemos. Ese amigo que todo lo sabe. El que opina sobre todo, aún así sea el tema más complicado. No le teme a la Física Cuántica, menos aún a los asuntos de economía política.

Nada existe que escape a su conocimiento. Menos incluso a sus opiniones, las que suelen tener una total certeza.

Opinión temeraria

Recuerdo varias situaciones de ese tipo. Una persona opinó que para elevar el progreso lo que el gobierno debería hacer era elevar el salario mínimo obligatorio al doble. Aumentaría así el poder adquisitivo. Se preguntaba por qué nunca se atrevían a hacerlo.

Otra recomendó emitir dinero para pagar infraestructura necesaria porque «un poco de inflación nunca lastimó a nadie».

En fin, creo que todos conocemos a esos tipos de personas, que son una especie de opinadores compulsivos de cualquier tema.

Sean de economía, política, bioética, lo que sea, para ellos no hay un tema que no merezca una opinión suya, con total certeza. Para ellos, la cercanía o lejanía de la verdad es un asunto irrelevante.

Un caso excepcional

Fue hace varios años que fui testigo de una de las lecciones que nunca he olvidado. Hablaba un economista, uno realmente conocedor. El tema era uno de índole bancaria. No recuerdo cuál exactamente.

Se le preguntó su opinión al respecto. Su contestación fue decepcionante para todos. Dijo, «No sé lo suficiente sobre el tema para opinar». Casi inmediatamente, otro que no era economista, dio la suya. Y le siguieron otros.

Fue aleccionador. Hé ahí al experto que se queda callado porque reconoce que no sabe, y del otro lado, a quienes no pueden detener sus cuerdas vocales.

Una lección de humildad y de otra virtud, la de saber decir, «No sé». Sí, por supuesto recuerda eso de que «sólo sé que no sé nada». Con eso, me imagino, Sócrates se refería a una consecuencia de la sabiduría, el reconocer lo poco que se conoce. Y evitar el opuesto, creer que es mucho lo poco que se conoce.

El factor cercanía, lejanía de la verdad

Cuando el objetivo personal es encontrar la verdad, las cosas cambian. Cambian para bien. Menos opiniones temerarias, más humildad.

Cuando la verdad es lo que guía, las cosas pasan a otro plano.

El problema de las opiniones temerarias es doble.

Por un lado tenemos la tendencia irresistible a opinar sobre todo, y que es muy irresistible en proporción a la carencia de conocimientos que se tenga. Este es un problema de falta de humildad, o de soberbia, como usted quiera verlo. Se remedia con la humildad que aumenta con mayor conocimiento.

Por el otro, es un problema de sesgo mental. Se tiende a favorecer a quienes coinciden con nuestras opiniones y perdonarles incluso las más graves faltas.

En el centro de todo está el factor verdad, es decir, de su cercanía o lejanía. Si reconocemos que ella existe y que ella es eso detrás de lo que debemos ir, las cosas se facilitarán. Habrá todavía desacuerdos, pero se reducirá la soberbia y disminuirá la terquedad. Ya es ganancia.

Un caso real

Una editorialista, Ximena Peredo, escribió que «No hay forma de comprobar que existe una verdad absoluta…» (Grupo Reforma, 29 marzo 2013). Es alucinante cómo puede cometerse el error de afirmar que no hay una verdad absoluta cuando esa afirmación es una verdad absoluta.

La conversación civilizada

Una conversación civilizada es una en la que las partes aceptan que existe la verdad y que su objetivo es evitar la lejanía de ella, y lograr la mayor cercanía posible.

Esa conversación tendrá civilidad si cumple con al menos tres requerimientos que la harán un diálogo real:

• Conocimientos suficientes en quienes conversan. No necesariamente expertos, pero sí poseedores de un conocimiento razonable.

• Intención común de enriquecerse mutuamente con las aportaciones de cada uno, persiguiendo ambos la menta común de saber más, de acercarse más a la verdad.

• Un mínimo de educación y buenas maneras que evite insultos mutuos y esté abierto a aceptar razonamientos sólidos.

Dato: los datos no importan

Una columna de Thomas Sowell trató el tema de la realidad versus la percepción. Allí donde existen las creencias generalizadas que no corresponden con la verdad. En los que la cercanía o lejanía de la verdad es irrelevante.

Sowell utiliza un libro norteamericano para enfatizar esa idea, el de Conservative Comebacks to Liberal Lies de Gregory Jackson, del que toma algunos casos.

Ejemplos

• Los medios han creado una cierta imagen de los candidatos presidenciales en la elección entre Bush y Kerry, Este último fue presentado con una imagen de mayor inteligencia. 

La realidad es que ambos estudiaron en Yale, donde Bush obtuvo un promedio mejor que el de Kerry y también tuvo mejores resultados en las pruebas militares. Al Gore, otro representado como brillante, estuvo en el último quintil de su clase durante dos años seguidos.

• Los dos partidos políticos tienen imágenes creadas. Los republicanos son el partido de los ricos y los demócratas son el partido de los menos favorecidos. Pero en las elecciones de 2000, los condados que votaron por Bush tuvieron un porcentaje menor de personas con ingresos mayores a 100,000 dólares que los que votaron por Gore.

• Otra realidad y de nuevo lo opuesto a lo esperado, «Un porcentaje más alto de republicanos que demócratas votó a favor de la legislación de derechos civiles. El gabinete de Bill Clinton consistió abrumadoramente de hombres blancos, mientras que el gabinete de Bush ha sido el más étnicamente diverso en la historia».

Una historia conocida

Eso recuerda la historia del político empeñado en aplicar políticas económicas irreales, al que sus asesores llevaban reportes con cifras y análisis.

Ante lo que él respondió, «No me molesten con los datos ni con la realidad, sólo hagan lo que yo les diga». Y cuando fracasaron sus medidas exclamó, «Mi idea era perfecta, lo que falló fue la realidad».

¿Importan los datos? La respuesta es que sí —desde luego los datos importan, es necesario conocer la realidad en la que se vive. So los datos una ayuda para tener cercanía con la verdad, o al menos evitar su lejanía.

Predisposición a lo preconcebido

Y uno de esos datos es paradójico: parece haber más disposición a hacer caso a ideas preconcebidas que a datos reales. Los ejemplos del libro citado por Sowell ilustran el punto.

Y parecen mostrar un mundo imaginario, personal, dividido en percepciones previas en las que la realidad poco influye. Donde la lejanía de la verdad, o su cercanía, son lo de menos.

Si alguien es partidario de un candidato a la presidencia, la persona tenderá a ver todo lo que hay de positivo en él y hará caso omiso de lo negativo.

Este fenómeno existe y ha sido llamado percepción selectiva —la persona se expone, por ejemplo, sólo a fuentes de información favorables a sus percepciones.

Y si quien tiene una preconcepción acerca de un tema es expuesto a argumentos opuestos, se suele tener una reacción negativa, por ejemplo, negando la validez de la fuente y no la calidad de los datos.

Es un fenómeno humano, parte de nuestra naturaleza, el tener la inclinación a negar eso que contradice nuestras ideas y creer en lo que las apoya.

Una clasificación de personas

Con la noción de la lejanía y cercanía de la verdad, puede construirse una tipología de personas.

Personas tipo M

Están en el limbo de las posiciones, sin tener ideas sobre nada relevante, aunque quizá estén enteradas de las últimas acciones de alguna celebridad.

La verdad les tiene sin cuidado, especialmente en temas de consecuencia. Lo que importa es la última pieza de información que circula, sea real o falsa.

Personas tipo T

Tienen posiciones claras en algunos terrenos importantes pero su actitud es la de terquedad de posición. Descartan irracionalmente todo lo que las contradiga. Y aceptan lo que las favorezca.

La verdad, su cercanía o lejanía, les tiene sin cuidado. Su ambición es probar que poseen la verdad absoluta, un caso de dogmatismo con dosis variables. Son propensos a la violencia y al insulto, como medio para imponer su opinión.

Personas tipo V

También tienen posiciones claras en algunos terrenos de importancia y su actitud es abierta hacia posiciones opuestas, en el sentido de escucharlas —su motivación central es encontrar la verdad.

La idea de tener lejanía de la verdad les preocupa y satisface su cercanía. Son los que hacen filosofía y suelen ser muy molestos.

Son los que dan a bienvenida a discusiones como la posibilidad de distinguir entre el bien y el mal.

Mi verdad, tu verdad

Una de las manifestaciones de la escasa atención que se le pone a su lejanía o cercanía, es el síndrome de «mi verdad, tu verdad

El caso de una celebridad

En tres medios se mencionó explícitamente la idea de que un cantante debía exponer «su verdad» frente al escándalo que lo amenazaba.

Para esos medios claramente existían varias verdades. La del personaje, la de los testigos e incluso la que quienes al respecto tenían alguna idea. Fue llamativa la superficialidad de los reporteros que hablaban de «su verdad».

Recordando a la verdad

Verdad es la correspondencia entre lo que tengo en mi mente y lo que está allá a fuera. Verdad es que ahora está lloviendo, mientras escribo esto. Mi cercanía con la verdad es real y habría lejanía si es que afirmo o pienso que hace un día soleado. Def

Y para eso se reúne un tribunal, para intentar llegar a determinar la verdad acerca de las acusaciones que se le hacen cualquiera —es la verdad la que se intenta encontrar y ella es única, no hay varias verdades.

Si las hubiera, el juicio no tendría sentido. Lo que un acusado tiene es su versión de la realidad, al igual que los otros testigos, cada uno con versiones personales, y no verdades. Desde luego, una de esas versiones puede coincidir con la verdad, es decir, estar muy cerca de ella.

Concluyendo

Cuando alguien dice que cada quien tiene su verdad, en realidad afirma que ella no existe como exactitud entre lo pensado o dicho y la realidad. Y afirma también, que no existe la mentira.

Imaginar un mundo en el que no existe la verdad es imaginar también uno en el que tampoco existe la mentira. Todo es allí convertido en un caos de creencias y afirmaciones que no tienen manera de ser valuadas.

Si no podemos tener el conocimiento absoluto de la verdad, su cercanía nos ayudará y su lejanía nos dañará.