Las personas alteran sus conductas de acuerdo con las circunstancias que le rodean en cada momento. Un asunto de incentivos percibidos.

Una ejemplo de circunstancia que modifica conducta

• La persona A, en medio del desierto y sin agua, estará dispuesta a dar a cambio de una cantimplora llena, que le permita salvar su vida, su reloj de oro. Su vida vale más que su reloj. Un incentivo como pocos.

• La misma persona A, no pensará en pagar nada a nadie por el agua que tiene a unos pasos en un río cerca del que ha acampado. Otra circunstancia que modifica la conducta anterior.

La lección es evidente. Las personas razonan, conocen sus necesidades, reconocen las circunstancias en las que se encuentran, comprenden relaciones causa-efecto de su conducta y deciden realizar ciertas acciones con la meta de mejorar su situación.

Todo dependiendo de las circunstancias y los incentivos percibidos. Sí, las personas alteran sus conductas si las circunstancias varían.

Otro ejemplo distinto

• La persona B vive bajo un régimen que reconoce que los frutos del trabajo personal son propiedad personal y varían de acuerdo con su productividad y contribución al bienestar de otros.

Ella, bajo esa circunstancia, estará motivada a esforzarse y trabajar porque de ello depende el mejorar su vida. Un buen incentivo al trabajo.

• La persona B vive ahora bajo un sistema que no reconoce los frutos del esfuerzo y el trabajo personal. La persona sabe que por mucho que se esfuerce el producto de su trabajo será tomado por otros. Quizá ladrones, quizá impuestos.

Bajo esta circunstancia modificará su conducta y se esforzará el mínimo posible para sobrevivir. Un incentivo negativo al trabajo. Eso alterará su conducta.

Por tanto…

La lección es la misma. Las personas modifican sus conductas dependiente de las circunstancias en las que se encuentran. Una especie de zanahorias universales que alteran acciones.

En específico, los incentivos que presenta el un cierto sistema económico hacen que la persona aumente su esfuerzo y productividad, mientras que los incentivos de otro sistema diferente hacen que la productividad se ignore.

Las personas tienen capacidad de razonar. Una capacidad que creo es mayor a la que exhiben muchos de quienes piensan que alterar los estímulos económicos no alterará la conducta de las personas. Que modificar las circunstancia no modificará conductas.

Por ejemplo, la madre soltera que reciba una ayuda estatal debido a su condición pensará dos veces antes de casarse si esto hace que pierda la ayuda. Además, estará tentada a tener más hijos fuera del matrimonio si las ayudas estatales aumentan con el número de hijos. 

Es la realidad de incentivos y circunstancias

Esta simple realidad de personas que deseando mejorar su vida comprenden las circunstancias que las rodean y actúan en consecuencia, es usualmente ignorada en demasiados propuestas e ideologías económicas.

En otras palabras, hay sistemas económicos que funcionan admirablemente en teoría porque ignoran a los incentivos que las personas perciben. Presuponen que ellas actuarán de acuerdo con alguna idea prefabricada en su narrativa teórica.

Y, entonces, requieren la invención de una nueva persona que se comporta como lo desea el constructor de la fantasía económica. Esa nueva persona inventada le permitirá asegurar que su propuesta es perfectamente posible.

Todo lo que se necesita es cambiar a la naturaleza humana y ya (el «nuevo hombre» de E. Guevara, es un ejemplo).