Los mercados libres, la economía puede verla cualquiera que quiera hacerlo. Qué es economía, cuál es su importancia. Todo eso está a la vista de quien piense siquiera un poco.

Vayamos, para demostrar eso, hasta 1719, algo menos de 60 años antes de la publicación de La riqueza de las naciones, el célebre libro de A. Smith al que se considera como el nacimiento de la ciencia económica (lo que está por debatirse).

El náufrago y el obrero

El más famoso de los náufragos, Robinson Crusoe, rescata cosas del barco que está encallado. Entre ellas encuentra monedas y al verlas ríe. De nada le sirven, por muchas que posea, cuando está solo en una isla.

Hay otra observación que es sagaz:

«Por ejemplo, me tomó cuarenta y dos días enteros hacer una tabla que me sirviera de anaquel para mi cueva, mientras que dos aserradores, con sus herramientas y su serrucho, habrían cortado seis tablas del mismo árbol en medio día». Defoe, Daniel. Las aventuras de Robinson Crusoe 1719 (Aventuras Mr. Clip) (Spanish Edition) (Kindle Locations 1628-1630).

Ahora vayamos 57 años después, con Adam Smith y su idea de que «Un obrero que no haya sido adiestrado [sin división de trabajo y sin maquinaria] por más que trabaje, apenas po­dría hacer un alfiler al día, y desde luego no podría confeccionar más de veinte». Y compara esa situación con una fábrica con 10 obreros que con división de trabajo y maquinaria producían 48,000 diarios.

En una situación, uno produce cuando mucho 20 y en la otra cada uno produce 4,800. La misma idea de Defoe: dos aserradores con herramientas en medio día habrían cortado 6 tablas, cuando a Crusoe le tomó 42 días hacer una.

Lo que llama la atención es que observaciones como esta hayan sido hechas tan tardíamente y, más aún, tratadas de manera tan casual.

Más adelante, Defoe apunta que pocas personas se han puesto a pensar en «la enorme cantidad de pequeñas cosas que hay que hacer» para tener al final un pan listo para comer sobre la mesa (igual que Smith y la ropa del obrero).

Economía como el arte de observar

Hacer observaciones como esas es posible para quien quiera ver la realidad.

Por ejemplo, en El Arte de la Guerra de Sun Tzu, siglos antes de nuestra era: «Donde se reúnen las tropas el precio de todo bien sube porque todos codician las grandes ganancias que pueden tenerse».

O en 1626, en El Buscón, Francisco de Quevedo escribió, «Para cada cosa tenía su precio, aunque como había otras tiendas, porque acudiesen a la mía, hacía barato». Admirables observaciones acerca de los precios, de la oferta y la demanda. No es algo oculto reservado para los iniciados e iluminados.

Las observaciones económicas de los Escolásticos Tardíos son muy sagaces y fueron admiradas más tarde por economistas como M. Rothbard.

La Economía es frágil, como un castillo de naipes

Lo que creo que vale una segunda opinión es simple. Allí está la realidad, en la vida diaria, de cómo funciona nuestra conducta económica. No es secreto y esas observaciones de hace ya tiempo lo demuestran.

Llama la atención que no hayan sido sistematizadas antes de los tiempos de Smith y sus antecesores, como los Fisiócratas.

Pero llama aún más la atención que para tantos esa realidad siga siendo desatendida y no la vean su fragilidad antes de tener sesudas opiniones económicas construidas sobre especulaciones irreales. 

Esa realidad económica tan obvia que observaron Defoe, Quevedo, Sun Tzu y muchos otros ahora mismo se desatiende, causando que muchas opiniones económicas no sean nada más que fantasías y entelequias cuyo común denominador es haber dejado de poner atención en la realidad (lo que suele tener costos altos, muy altos).

Opiniones como fijar precios de garantía, subsidiar energéticos, aumentar salarios mínimos, bajar tasas hipotecarias, poner aranceles para proteger industrias, controlar los precios…

Estas y otras similares son ideas que ignoran la realidad económica que está allí y que puede ser observada por quienquiera que lo desee. La economía es frágil, no puede manipularse sin consecuencias

Y, por lo que se ha visto, los gobernantes en general muestran una especial terquedad que les lleva a cerrar los ojos y no ver a la Economía. Sus propuestas económicas son evidencia irrefutable.

En fin, es en extremo vistoso que se deje de poner atención a la realidad económica y que se prefiera construir propuestas económicas en supuestos que ignoran esa fragilidad de la economía. Con muy buenas intenciones, pero en castillos de naipes.