El problema de la educación a medias. El asunto de los educados a medias. Un problema de nuestros tiempos, la educación de quien con soberbia solo ha aprendido a dudar, protestar y criticar, creyendo que eso es todo.

Educación como remedio universal

No es sorpresa alguna encontrar afirmaciones que ven a la «educación como respuesta» a todo problema social. No hay cosa que la educación no pueda solucionar.

El resultado de una afirmación tan genérica es, por supuesto, un incentivo que justifica ideas descabelladas, como la propuesta de estrenar 100 universidades y voilà, todo se ha arreglado.

Quizá el problema sea haberse olvidado de lo que podemos llamar la calidad de la educación. Una cosa es tener 100 universidades y otra tener universidades de 100.

La obsesión cuantitativa de los gobiernos ha puesto de lado a los aspectos de calidad. Se ha llegado a rechazar a los exámenes de admisión.

Este es el origen del problema, el de suponer que la educación es la solución. Es el de creer en este caso que la educación universitaria es el camino al progreso. No lo es y en realidad puede ser lo opuesto.

Sí, el problema de la educación a medias

Descubrí un punto de vista fascinante en una obra de R. Scruton, cuando se refiere a un colega suyo.

«El filósofo checo T.G. Masaryk (1850-1937) atribuyó muchos de los males del mundo moderno a la “educación a medias”. Fue la prominencia en la vida pública de los semi-educados, sugirió, lo que despertó las esperanzas y destruyó las certezas de la humanidad. Toda la fe quedó en duda, toda la moralidad se relativizó y toda simple satisfacción fue destruida por la crítica sarcástica de quienes podían ver hasta el punto de cuestionar los fundamentos del orden social, pero no tanto como para defenderlos». Scruton, Roger. An Intelligent Person’s Guide to Philosophy (pp. 14-15). Penguin Publishing Group. Kindle Edition. Mi traducción.

En inglés es «half-education» y no traduce bien como «media educación», pero sí como «educación a medias», es decir, el problema de ser incompleta.

Quien recibe esa educación, no puede decirse que no es educado. Lo es, pero no totalmente. Le falta la otra mitad, o alguna parte muy importante. Con una consecuencia grave: el educado a medias supondrá que ha sido educado integralmente.

Y ahora, los educados a medias

El problema surgen cuando las personas con educación a medias son tomados como iguales a los completamente educados. La distinción es vital.

Eso es lo que se resalta en la cita. Cuando los educados a medias son llevados a lugares prominentes de la vida pública y se toman con gran seriedad, como si fueran realmente educados.

La distinción que se hace en la cita es útil.

Los educados a medias han sido instruidos en criticar, dudar y cuestionar los fundamentos sociales y hasta allí ha llegado su educación.

Los otros, los educados a fondo, han profundizado más allá de la cómoda situación de cuestionar llegando a justificar, explicar, argumentar.

En nuestros tiempos, esa educación a medias es la que ha instruido a sentir, no a pensar. A la subjetividad no a la objetividad.

La educación a medias enfatiza la duda y de ella se nutre, desechando a la verdad por evidente que sea a la que ha sustituido a la lógica con el relativismo.

La lógica que pide ser inapelable en su dogmatismo mientras duda del resto. La que juzga que sus ideas no deben ser juzgadas. La que no se molesta con ver la pasado y quiere construir el futuro.

El problema de la educación a medias es que encuentra un placer extremo en negar toda certidumbre y sustituir al razonamiento con insultos, agresiones y censura. La que está presta a usar a la coerción y la censura para imponerse.

Sobre todo, los educados a medias son quienes impiden hacer preguntas para obtener respuestas. Se encuentran fácilmente en protestas callejeras, en mítines universitarios, en recintos legislativos.

El asunto de fondo

¿Es la educación la respuesta única a nuestros problemas? No definitivamente no, y peor aún si se trata de la educación a medias y la soberbia que ella suele producir en quien la posee.

Quizá sea más provechoso enfrentarse a un ignorante que a un educado a medias. Al menos el primero no padecerá de soberbia.

Es esa idea de que «El mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia; es la ilusión del conocimiento» (D. Boorstin).

O lo de «Una persona incorrectamente educada se comporta con impaciencia arrogante, mientras que la verdadera profunda educación cultiva humildad» (A. Solzhenitsyn).

Un problema de nuestros tiempos, la educación de quien con soberbia solo ha aprendido a dudar y criticar, y al que se eleva al lugar del gran intelectual.

Es el problema de la educación a medias. El riesgo de los educados a medias. Y todo nace de la hipótesis de que la educación es como una vara mágica en manos del Merlín que gobierna y que también ha sido educado a medias.