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El shock del gobernante con la realidad. ¿Puede decirse la verdad a quien tiene el poder? Aquel que se atreve a presentar la realidad al poderoso enfrentará riegos y dificultades. El viejo problema del poder frente a la verdad.

Introducción

Quien detenta el poder prefiere hacer de lado a la realidad cuando ella lo contradice. Es el shock del gobernante con la realidad, con la verdad.

Este es uno de los temas de la obra de Christopher M. Andrew. The Secret World: A History of Intelligence. Penguin Books Ltd.

A través de toda su obra C. Andrew saca el tema, o mejor dicho, el problema del shock del gobernante con la realidad. Decirle la verdad al superior máximo es una riesgosa dificultad.

Sucesos: shock del gobernante con la realidad

Un caso, en 1673, uno de los asesores de Luis XIV de Francia le aconsejó una retirada estratégica de los territorios conquistados ante una poderosa ofensiva contraria.

El monarca no aceptó el consejo por asuntos de gloria personal. El monarca se equivocó.

Otro caso, tiempo después, también en Francia:

«En los regímenes autoritarios, particularmente en tiempos de crisis, la teoría de la conspiración comúnmente degrada la evaluación de la inteligencia. En el caso de Robespierre, reemplazó casi por completo a la información confiable sobre seguridad nacional. “Decirle la verdad al poder” era imposible». Ibídem, p. 326.

Napoleón tenía el mismo problema de hacer de lado a la realidad que contradijera a sus creencias propias. C. Marx hacía lo mismo por estar convencido de su superioridad incuestionable ante el resto cuando lo contradecían.

Una cualidad que también poseía A. Hitler. Su «casi mística convicción en su infalibilidad» le hacía rechazar informes de inteligencia militar y preferir sus propias intuiciones. Las que le decían que los eslavos inferiores sucumbirían en Stalingrado.

Saddam Husein ilustra otro caso de imposibilidad de sus allegados para hablarle con la verdad y el hábito de rodearse frecuentemente de aduladores lisonjeros.

El shock del gobernante con la realidad

Los casos mencionados son una breve lista de todos los que contiene la obra de Andrew. No parece haber excepciones.

En todo tiempo, en todo lugar, es el problema hablar de la realidad con el poder, la dificultad de exponer al poder ante la verdad.

La obsesión de Stalin con Trotsky y con los complots en su contra, la preferencia de F. D. Roosevelt de usar como espías a amigos con yates. La historia está llena de casos en los que la realidad es puesta de lado, como en la preferencia de los romanos por usar a adivinos que a espías (excepto Julio César).

Es el shock del gobernante con la realidad y los numerosos casos en los que eso sucede. El tema puede examinarse con cierto orden.

El esquema básico

El origen de la situación

El problema de hablar del shock del gobernante con la realidad se presenta cuando quien está en una alta posición rechaza lo que contradice a sus ideas, percepciones y creencias.

Es un rechazo a la realidad que presenta alguien y que es evidencia de fallas y errores del pensamiento del poderoso. Algque sucede no solo en política sino también en las empresas (véase la referencia abajo de Robert I. Sutton).

Dos reacciones posibles

Quien está en el poder y enfrenta evidencias que lo contradicen puede reaccionar racionalmente y aceptarlas, pero también puede reaccionar rechazándolas.

Ante el shock del gobernante con la realidad, él puede abrir su mente a la verdad y aceptarla.

Pero puede ser que reaccione negándola y poniéndola de lado. Es un engaño, puede él pensar, acciones de mis enemigos para atacarme.

Ataque al mensajero

Ese rechazo de la realidad no solo está dirigido a la evidencia presentada en su contra sino también es un repudio hacia quien se atreve a ser el mensajero de la realidad.

Quien tiene el atrevimiento de hablar con la verdad forma parte del shock que recibe el poderoso y, por tanto, debe también ser repudiado.

Formación de un grupo especial

El resultado inmediato de lo anterior es la construcción de un grupo de personas que forman un círculo íntimo y que derivan su modus vivendi de presentar información distorsionada que es agradable al superior.

El rol central de ese grupo, que forma el poderoso, es recibir información cómoda y acomodada a sus deseos. Nada hay más incómodo que el shock del gobernante con la realidad. La responsabilidad de esas personas, nombradas por él, es evitar ese choque.

Creación de un mundo virtual

El resultado posterior es la construcción de un mundo virtual alrededor del poder. Un mundo diferente a la realidad y que hace que quien está en el poder tome decisiones que no toman en cuenta a la verdad.

Las consecuencias serán las obvias. En el mundo virtual creado, sus decisiones son perfectas y tienen los resultados buscados. Pero en el mundo real, no es así. Al contrario, ellas producen errores y fracasos.

Proporcional al poder

Todo eso parece tener más potencial de presentarse conforme la autoridad se concentra en una persona.

Es más propia de regímenes autoritarios que dependen de la voluntad de un líder sin restricciones de poder. Y menos de regímenes con poderes divididos, en los que aún así se puede presentarse.

Un libro de Geoffrey Parker presenta el caso de un monarca, Imprudent King: A New Life of Philip II, con evidencias de lo mismo, el shock del gobernante con la realidad. ¿Quién se atrevía a contrariar su micro-management en la invasión de Inglaterra?

El poder embrutece

El problema del shock del gobernante con la realidad ha sido tratado, de otra manera, en la obra de Tuchman, Barbara W. The March of Folly: From Troy to Vietnam. 

De la puede concluirse que si, como dijo Lord Acton, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, entonces el poder embrutece y el poder absoluto embrutece absolutamente. 

Parece haber buena cantidad de casos en los que existe una relación íntima entre el poder y el rechazo a la realidad. A más poder más aislamiento de la realidad y más embrutecimiento.

¿Por qué el poderoso rechaza a la verdad?

¿Qué es lo que lleva al shock del gobernante con la realidad? La obra de Andrew presenta casos que apuntan hacia factores como los siguientes:

1. Una confianza descomunal en sí mismo

Quien está en el poder tiene la absoluta seguridad de que sabe y conoce mucho más que el resto. Lo que los demás digan es irrelevante ante sus propias ideas.

2. Una seguridad mística en su creencias

Quien está en el poder se ve a sí mismo como depositario de conocimientos revelados imposibles de ser entendidos por los demás. Su conocimiento es dogmático, inapelable.

3. Una certidumbre absoluta en su pronóstico del futuro

Quien está en el poder ha anticipado un futuro idealizado y seguro que es consecuencia de sus decisiones presentes. Es un optimista sin escrúpulos: todo saldrá de acuerdo a su plan, perfectamente.

4. Un marco mental que modifica a la realidad

En su mente no cabe la nueva información presentada, a la que no entiende ni comprende, por lo que la rechaza. O bien, la distorsiona para acomodarla a su preconcepción.

5. Una o más obsesiones que trastornan sus prioridades

Sus prioridades son obsesivas y no concuerdan con la realidad. Y quien intenta cambiar las prioridades acomodándolas a la realidad es rechazado.

6. Un círculo vicioso que produce certeza aumentada

Se produce un mundo virtual que es creado por el efecto neto de rodearse de aduladores que le dicen lo que él quiere escuchar. Dentro de ese círculo de personas se vive una fantasía optimista ilimitada.

Concluyendo

El libro de C. Andrew presenta instancias concretas y específicas del shock del gobernante con la realidad.

Las suficientes como para reconocer que con frecuencia existe esa dificultad y que ella tiene consecuencias formidables.

No es más que otra muestra más del principio que establece que la realidad no debe ignorarse, que rechazar a la verdad tiene costos altos. Un problema de creación de una política virtual que solo existe en la mente de unos pocos que, desafortunadamente, tienen el poder.

Y otra cosa más…

La columna de Robert I. Sutton «How Bosses Waste Their Employees’ Time» (WSJ, 12 agosto 2018) trata el tema del shock del gobernante con la realidad.

Señala los esfuerzos que los empleados hacen para decir a sus superiores lo que ellos quieren escuchar y no la verdad completa. Y quienes la dicen tienden a ser peor evaluados que los que dicen al jefe lo que quiere oír.

Otra columna, de Sean D. Naylor, «Government Terrorist Trackers Before 9/11: Higher Ups Wouldn’t Listen» (history.com, 30 agosto 2017), trata algo relacionado: la dificultad de convencer al superior de la realidad de las acciones terroristas, cuando su marco mental es otro.

El tema central esta columna ha sido mencionado en una serie de textos, dentro de una colección, ContraPeso.info: Poder Atonta.