En defensa de la verdad 

Impresiones históricas casi indelebles. Imágenes difíciles o imposibles de borrar. Clisés históricos que perduran. Y dentro de ellos no hay uno más célebre que el de la Inquisición en España.

Lea, por ejemplo, esta información de un libro de 2005, basado en nuevos estudios.

«[…] ahora se reconoce que la Inquisición española fue un instrumento de control ideológico mucho menos represivo de lo que hasta ahora se había pensado, y que la tortura y la pena de muerte rara vez se aplicaron, casi exclusivamente durante las dos primeras décadas de su existencia. En comparación, otros países europeos, incluidos Inglaterra, Francia y Alemania, siguieron quemando a los herejes hasta bien entrado el siglo XVII». Helen Rawlings. The Spanish Inquisition (Historical Association Studies) (Kindle Locations 94-97). Mi traducción. 

Entre 1540 y 1700, el 2% de los acusados en Aragón fueron condenados a muerte, el 1.6% en Castilla. La mayoría en los primeros 55 años de existencia de la Inquisición. Entre 1560 y 1614, la Inquisición condenó a muerte a 637 personas, el 2.25% de sus procesados.

«Contrariamente a la concepción popular, las condiciones en las prisiones inquisitoriales fueron en general mucho mejores que las que servían a las necesidades de las autoridades civiles y eclesiásticas. Como resultado, algunos prisioneros intentaron varias estrategias, incluso hacer comentarios blasfemos y y fingir que eran protestantes, con el fin de ser transferidos de las prisiones seculares a las que pertenecían a la Inquisición». Ibídem (Kindle Locations 440-442).

Un buen caso de curiosidades históricas. Imagine usted a un preso común en una cárcel común prefiriendo estar en una cárcel de la Inquisición haciéndose pasar por protestante con la idea de mejorar su situación.

Muy lejos de pretender defender a la Inquisición, mi intención es usar ese ejemplo como una defensa de la verdad. O lo que es lo mismo, atacar la idea del clisé histórico en el que se cree como un dogma acerca del que nada más hace falta conocer.

Sí, la Inquisición, entre 1480 y 1530, es decir, en sus inicios, fue responsable de la muerte de 2,000 personas, 75% de sus procesados. Pero, ¿no es mejor la postura que solicita conocer más sobre eso que aquella que se cierra y pide no conocer más?

¿Qué es mejor, decir que ya nada más hay que deba conocerse acerca de un cierto tema, o decir que si hay nueva información ella es conveniente de conocer? La respuesta es la obvia, es mejor conocer más que cerrar la puerta al conocimiento.

Y, sin embargo, nuestros tiempos son unos en los que cerrar la puerta al conocimiento parece una acción positiva. Suele tomarse alguna afirmación como la correcta y conveniente para luego negar cualquier posibilidad de corrección o mejora. Una victoria del clisé histórico sobre la verdad.

Al final, lo que está en juego es la verdad. Cuando no es ella tomada como propósito de las discusiones y argumentaciones, estas se convierten en simples riñas que buscan la imposición por la fuerza. 

Sí, otra vez defiendo al concepto de la verdad como un instrumento de paz y avance. Donde ella sucumba, la consecuencia es la violencia y la miseria.

Y una cosa más…

Mi insistencia en tomar a la Inquisición como un caso emblemático de clisés históricos se debe en mucho a la experiencia personal. Donde sea que he tratado de hacer ver que hay nuevos datos que muestran que la Inquisición no era en realidad lo que se creía, el rechazo ha sido una constante. Nunca encontré una actitud abierta que exclamara, «¡Qué interesante, no sabía eso!»

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