Sembrar el odio de clases. Atizar el sentimiento de envidia de unos hacia otros con la meta doble de obtener respaldo político. La envidia como una política de Estado. Sustento de redistribuciones.

Se trata de una manera de hacer entender a la realidad propia encontrado culpables. Hacer pensar a la gente: «yo estoy mal porque tú estas bien». Propagar esa explicación como creencia universal y recolectar sus frutos políticos.

Envidia: política de Estado

Si la envidia es ese sentimiento «en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles», a ella se le añade una explicación política.

Esto es lo que quiero resaltar precisamente, la adición de una explicación al sentimiento de envidia. La narrativa de la evidia como política de Estado es simple, cualquiera la puede entender:

«Si no tienes eso que otros tienen es porque ellos te lo han quitado. Son los malvados a quienes yo, gobierno justo, quitaré sus bienes para dártelos a ti».

La envidia, sola ella y en abstracto, es ese malestar de intensidad variable que se crea por no tener lo que otros tienen. Dejada así sola, no es más nada que un sentimiento negativo e indeseable que tiene sus consecuencias potenciales muy serias.

«¿Sabe Usted cuál es el pecado diabólico por excelencia? Así llama San Agustín a la envidia: pecado diabólico por excelencia. San Gregorio Magno afirmaba que de la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por la prosperidad del prójimo». infocatolica.com 

Envidia: dogma de Estado

La envidia como política de Estado nace en la misma envidia, tomada como un dogma. Una creencia irrefutable que es base misma de la sociedad. Tener envidia de otros es un cimiento político sólido que crea odios que la autoridad aprovecha para gobernar.

Lo que hace el odio entre clases es dar una salida a ese sentimiento negativo: tú estás en una mala situación porque otros están en una buena situación . El rico es rico porque tú eres pobre. Esta explicación se institucionaliza y, de manera colectiva, produce rencor.

Pero un rencor que tiene una solución política simple: tú tendrás eso que envidias si eliges como gobernante a tal o cual persona. Ese gobernante que te ha explicado que tú estás mal porque otro están bien . El que te ha prometido que quitará lo que tienen y te lo dará a ti.

Demasiados sucumben a ese argumento, Explicado en una sencilla relación de causa y efecto y se sustenta en un sentimiento humano común y frecuente. Por esta vía acontece un fenómeno terrible, la división social cimentada en el odio.

Sucede bajo ropajes teóricos de apariencia respetable, como los conceptos de explotación y plusvalía. Ellos se desparraman en diferentes nociones que en su centro crean culpas colectivas cuya solución es un gobierno con poder desmesurado.

Lo que he tratado de hacer es exponer la modificación que ha sufrido ese sentimiento humano inevitable, la envidia. La han transformado en una política de Estado. En una justificación de acciones gubernamentales que crean división social y gobiernos desmedidos.