¿Por qué es popular el estado de bienestar? Ese gobierno grande y caro con multitud de funciones que giran alrededor de la idea de ayudar a los pobres y desprotegidos.

La verdad es que no tiene mucho sentido dadas las evidencias que conocemos.

Datos del Banco Mundial muestran una caída importante del porcentaje de personas con ingresos de 1,90 dólares diarios. La proporción de la población viviendo en pobreza absoluta ha caído dramáticamente desde principios del siglo 19.

Si se acepta que esa tendencia mundial hacia la reducción de la pobreza que parte más o menos del principio del siglo 19 y se ha acelerado desde los años 60 del siglo 20, no tiene mucho sentido la existencia del estado de bienestar.

La pobreza estaba cayendo desde antes de su existencia y con esa tendencia en marcha no se entiende la urgencia de usar al estado de bienestar para remediar lo que ya dejó de ser un problema de proporciones universales.

Bajo esas evidencias la pregunta adquiere una nueva dimensión. Si la pobreza está siendo solucionada exitosamente ¿por qué es popular el estado de bienestar? La respuesta no puede ser porque el estado de bienestar reduce la pobreza. Ella ha estado reduciéndose desde antes.

Tendrán que buscarse otras respuestas. Apunto una razonable. Porque los gobiernos tienen una tendencia natural a expandirse y crecer, y el estado de bienestar es una noción que les permite hacer eso bajo un disfraz positivo de buenas intenciones.

Uso dos elementos.

1. El poder político por sí mismo tiene tendencia a crecer. Todo gobierno posee una naturaleza tal que le lleva a expandirse y aumentar. Esta es la esencia natural de toda autoridad política.

2. El estado de bienestar es una noción que permite el crecimiento del poder político y, por tanto, es un instrumento de utilidad para esa expansión gubernamental que tiene una particularidad muy ventajosa: usa buenas y loables intenciones para hacerlo, las que en todas partes reciben una aprobación inmediata y sin examen.

En su realidad anterior, la expansión del poder gubernamental fue vista con recelo y rechazo. Los gobiernos dictatoriales, los sistemas autoritarios, el totalitarismo, la monarquía ilustrada o ilimitada. Todos esos gobiernos eran vistos como abusadores natos de poder.

La aparición del estado de bienestar, sin embargo, proveyó a la expansión natural de los gobiernos con una fachada invaluable: la expansión del poder gubernamental se justifica para combatir la pobreza; gracias a gobiernos más grandes y caros, las personas vivirán mejor.

Por increíble que parezca, en un examen superficial, esa justificación ha permitido que los gobiernos obtengan más poder y sean equivalentes actuales de sistemas autoritarios que antes se rechazaban y ahora se aplauden. El principio se expande a crear la aprobación de regímenes que antes hubieran sido reprobados.

Un caso llamativo reciente en México fue el de la presidenta del Comité Ejecutivo Nacional de Morena,Yeidckol Polevnsky, que en Twitter festejó el 60 aniversario del régimen cubano (no precisamente un ejemplo de éxito en la reducción de la pobreza).

Y esto es lo que merece una segunda opinión, la aprobación actual de sistemas gubernamentales que no hace mucho habrían sido calificados de autoritarios y que ahora son aprobados. ¿La razón?

La misma, imagino, que lleva a aplaudir al estado de bienestar.

Los gobernantes, ayudados por muchos intelectuales, han logrado un cambio cultural significativo: convencer a demasiados que las buenas intenciones de los gobernantes justifiquen la implantación de gobiernos que anulan libertades. La ingenuidad es supina.

Y una cosa más…

Hay un curioso contador de pobres en el mundo, los que salen de la pobreza y los que caen en ella.

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