Existencia y significado de Dios. Las alternativas de creer o no, sus consecuencias. Los sustitutos de Dios en la liberación personal. Y el costo de ignorarlo.

Creer o no creer en Dios

La existencia y significado de Dios tiene como eje a dos alternativas, mutuamente excluyentes. Creer en Dios o no creer en Dios.

1. Creer que Dios existe

Esto es aceptar que existe Dios. El convencimiento de que él es una realidad. Puede ser que se produzca solamente por fe sin necesidad de razonamientos y pruebas. O, también, por medio del estudio y la reflexión. Posiblemente por una combinación de ambos.

Estar seguro de la existencia de Dios puede o no producir un significado adicional. El de aceptar o no que la conducta propia deba guiarse por los mandatos divinos.

2. Creer que Dios no existe

Con esto se toma como creencia segura que Dios no existe y, por eso, no tiene sentido alguno. Por lógica se piensa que la no existencia de Dios lleva a concluir que sus mandatos carecen de significado.

Estar seguro de que Dios no existe, por tanto, conduce a ignorar los preceptos morales que de él emergen. No significa que la persona atea o agnóstica carezca de moral, sino que simplemente les mandamientos religiosos no tienen fundamento.

Componente moral o ético

Las dos opciones tienen una gran similitud en cuanto a que poseen el mismo elemento. Ninguna de ellas ignora que existe un componente moral aplicable a la conducta humana. Las dos contienen un elemento ético o moral que trata el «deber ser».

Pero entre ellas hay una enorme diferencia acerca de ese elemento ético o moral que pretende guiar a la conducta.

Origen divino de lo moral

En la primera opción, el elemento moral tiene un origen divino. Las idea del bien y del mal son enviadas por Dios. En el cristianismo se encuentran en los Diez Mandamientos  y el Sermón de la Montaña.

Creer en la existencia de Dios asigna a sus mandatos un significado y un peso absoluto. Son reglas morales de origen divino que deben ser respetadas por ser voluntad de Dios.

No significa que esos mandatos no puedan ser explicados y justificados por medio de la razón. Esta posibilidad es perfectamente admisible si se parte de la creencia de un Dios con racionalidad perfecta.

Origen humano de lo moral

En la segunda opción, la de no creer en Dios, no hay una fuente original divina de lo bueno y lo malo. Todo lo que puede hacerse es desarrollar esos mandatos éticos por medios humanos.

Son las personas las que tienen la responsabilidad de aceptar mandatos morales que son creados por medio de la razón y la reflexión humana.

Las consecuencias de creer o no creer en Dios

La diferencia entre aceptar la existencia de Dios o no, tiene efectos en el origen y fundamento de las normas morales que la persona reconoce que debe respetar. 

El creyente

El creyente cristiano tiene resuelto el problema en buena parte. No se espera que la persona produzca ideas originales suyas de lo bueno y lo malo, ni normas morales.

Los mandamientos religiosos, las virtudes, los pecados, y demás, forman un cuerpo moral que el creyente acepta que debe seguir. Los textos sagrados, sus interpretaciones, las tradiciones y costumbres forman ese cuerpo moral de preceptos, obligaciones y mandamientos.

El no creyente

El no creyente, en cambio, no cuenta con ese cuerpo moral de mandatos y obligaciones. Tiene que crear uno fuera de la aceptación de la existencia de Dios y el significado que eso produce.

Puede solucionar su problema de varias maneras para contar con ese conjunto de preceptos

1. Tomar prestado el código moral de la religión y seguir sus preceptos. No porque acepte que existe Dios, sino por facilidad, costumbre, reflexión, o lo que sea. Seguramente será selectivo y optará por respetar ciertos mandatos, pero no otros.

Es decir, quien no crea en Dios puede tomar las ideas morales de origen divino y seguirlas a pesar de no creer en él. Esto es lo que sugería B. Pascal a sus amigos no creyentes como algo que les convenía.

2. El no creyente puede crear él mismo sus propias reglas y normas. Una opción similar a la de una moral a la carta, por la que la persona selecciona y cambia a voluntad las normas que ella respetará.

Una posibilidad que, si se hace bien, requiere gran trabajo y que puede sustituirse por la siguiente.

3. El no creyente puede usar las ideas de otros y no crear las propias suyas. Puede tomar a su filósofo favorito, al escritor de moda, a la celebridad popular, a la opinión de la mayoría, a su político preferido, a videos de youtube, al que quiera y le convenga. Esta alternativa no requiere esfuerzo.

Una curiosidad inevitable

Las dos últimas alternativas, es curioso, pero siempre tendrán una base esencial cristiana acerca de lo bueno y de lo malo. Trate usted de inventar una moral totalmente original y verá que es imposible.

Favorecerá algunas normas y rechazará otras, pero el cimiento de la moral nueva moral contendrá elementos que provienen de la existencia de Dios y el significado que eso tiene.

Una cita relevante

La aceptación o el rechazo de Dios, podrá ser un asunto percibido como abstracto y filosófico, sin consecuencias, pero realmente tiene efectos en la conducta personal y altera el bienestar de nuestras vidas.

«[…] moldear los asuntos humanos a la exclusión total de Dios nos lleva cada vez más al borde del abismo, hacia la completa aniquilación del hombre. Por lo tanto, debemos revertir el axioma de la Ilustración y decir: incluso el que no logra encontrar el camino para aceptar la existencia de Dios debe, sin embargo, intentar vivir y dirigir su vida veluti si Deus daretur, como si Dios sí existiera». Ratzinger, Joseph Cardinal. Christianity And The Crisis Of Cultures, 2006, (p. 51). Ignatius Press. Mi traducción.

En la página siguiente se lee:

«Necesitamos hombres cuyo intelecto esté iluminado por la luz de Dios, hombres cuyos corazones sean abiertos por Dios, para que su intelecto pueda hablar al intelecto de otros y sus corazones puedan abrir los corazones de otros. Es solo por medio de hombres que han sido tocados por Dios que Dios puede regresar para estar con la humanidad». Ibídem, p. 52

Dios como obstáculo 

Quizá así pueda describirse la existencia y el significado de Dios en estos tiempos. Es visto como alguien que echa a perder la diversión, que exige demasiado, que molesta.

Es ese pedir moralidad a las personas donde se encuentra una de comprender a Dios por parte de no pocos. Lo entienden como una traba. Un estorbo para la completa libertad.

Si se exalta a la libertad como máximo valor y Dios es un obstáculo, se concluye que debemos deshacernos de él.

Alguien ha expresado muy bien esa idea:

«[…] la existencia de Dios parece ser un límite para nuestra libertad. Es percibido como una especie de supervisor que nos persigue con su mirada. En la era moderna, la rebelión contra Dios asume la forma de un temor a un Dios omnipresente y que todo lo ve. Su mirada aparece como una amenaza para nosotros; de hecho, preferimos no ser vistos; solo queremos ser nosotros mismos y nada más». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 102). Ignatius Press. Mi traducción. 

Esto es diferente a las opciones anteriores de creer o no en Dios. Es concebirlo como una molestia que echa a perder las posibilidades de la libertad. Por supuesto, puede pensarse de manera opuesta. Veamos esas dos posibilidades de la existencia y significado de Dios.

Dios es un obstáculo

Un freno a la libertad, por lo que para ser realmente libres es necesario que nos deshagamos de su yugo. Si existe o no, eso no importa. Lo que importa es ignorarlo del todo y, de esa manera, llegar a la máxima meta posible, la de la liberación personal.

La oposición de Dios a la libertad humana supone que, sin Dios, la vida de todos será plena. Será feliz y rebosante. Es afortunado que existan evidencias de lo que se produce cuando eso se hace. Puede usted verlo en regímenes como el soviético entre otros (Paul Johnson, el historiador inglés, tiene otros ejemplos).

No han sido los resultados esperados.

Dios es una ayuda

lejos de ser un freno, la existencia y el significado de Dios es una asistencia a la libertad. Para ser realmente libres es necesario vivir reconociéndolo. Dios sí existe y es lo más importante para ser realmente libres y tener una vida feliz y plena.

Es lo opuesto a suponer que Dios es el amo cruel que nos desea como esclavos. Es entender a Dios como el amor por excelencia. La expresión cristiana de ‘padre’ muestra eso precisamente, una relación amorosa y no de servidumbre.

Imperfección irremediable

Sabiendo que no hay posibilidad de perfección en este mundo, las sociedades que acepten a Dios y las que no lo hagan tendrán fallas y fracasos. Pero, ¿cuál será menos imperfecta?

El argumento de que será mejor una sociedad liberada de «supersticiones religiosas» será mejor, no parece haber dado los resultados esperados, quizá todo lo contrario.

Las sociedades que creen en la existencia de Dios y su significado, no son perfectas tampoco, en muchas ocasiones tienen fallas terribles y realidades indeseables. Pero en ella siempre hay la posibilidad de encontrar el error, de reconocer lo malo y eso no sucede cuando Dios es puesto de lado.

¿La sociedad menos mala? Una sociedad de libertades económicas, políticas, culturales, en la que las personas mayoritariamente se comportaran como si al menos Dios existiera. Ignorar a Dios, mucho me temo, es como ignorar a una brújula o a un GPS.

Una sustitución de dioses

Es una sustitución de divinidades. Unas por otras, sin realmente desaparecer los sentimientos religiosos. Fueron ellos simplemente trasladados de un sujeto a otro.

Es una curiosa manifestación del significado de la existencia de Dios en nuestros tiempos y los inmediatos anteriores.Un autor lo explica bien:

«Incluso cuando la creencia en un benefactor divino disminuyó, la necesidad de creencias y certezas religiosas no lo hizo, y ha encontrado una nueva expresión en el ansiado poder redentor y la benevolencia de los gobernantes seculares sobre quienes se han proyectado los atributos antes reservados para las deidades». P. Hollander, From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship, (p. 21). Cambridge University Press. Kindle Edition. Mi traducción

El gobernante como sustituto de Dios

Veamos parte por parte lo allí dicho antes. Da por supuesto que existe una especie de necesidad humana de creer en algo poderoso, inteligente, bueno, perfecto. Y que cuando se deja a Dios de lado, ese vacío se llena con algo.

En muchos casos, con la creencia en un gobernante cuasi-divino. Esto tiene su proceso de traslado de la existencia y el significado de Dios a un ser humano percibido como especial.

Primero, la caída de las religiones, manifestada en cosas como asistencia a templos o pertenencia a religiones. Es dejar de creer en Dios, quizá no tanto por reflexión como por inercia del zeitgeist los tiempos.

Segundo, esa caída religiosa no es igual a la desaparición de sentimiento religiosos. Ellos siguen existiendo pero ahora se manifiesta de otra manera.

Tercero, las necesidades religiosas han cambiado a su objeto de adoración. Si antes era un Ser Superior ahora es la benevolencia gubernamental, pero no solo benevolencia sino también poder infinito.

Evidencias

Es un acontecimiento que debiera llamar la atención más de lo que lo ha hecho.

Piense usted en eso como una paradoja muy clara en, por ejemplo, el sistema soviético, el que combatía a la religión pero creaba figuras de líderes superhombres. O piense en las ceremonias nazis, en los discursos eternos de F. Castro y demás. Como esta curiosidad:

«Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas, santificado sea tu nombre […]». semana.com

Gobernante divino con poder

La colocación del líder en un nicho sagrado es parte de eso, pero hay algo más. Es la colocación del gobierno como un ser divino que todo lo ve, todo lo sabe y todo lo puede.

Lo único que queda al ciudadano es rendirse ante el gobierno y seguir sus mandatos incondicionalmente. Con una diferencia seria, el gobierno tiene el poder para exigir esa sumisión usando la fuerza, cosa que no tiene la religión.

Esto es algo extraordinario. Llama la atención que personas que se burlan y ridiculizan a las creencias y dogmas religiosos sostengan dogmas y creencias gubernamentales.

Ha habido una sustitución de seres divinos. Los sentimientos religiosos han girado y dirigido ahora a los gobernantes dejando atrás a los seres inmateriales y eternos. Una especie de paganismo político moderno.

No tiene caso creer en el paraíso futuro junto a Dios, porque ahora ese paraíso será construido en la tierra por algún gobierno. Un gobierno que tendrá sus fieles seguidores más sus apóstoles, como en el caso de F. Castro o los de H. Chávez.

Pero lo que más llama la atención no es que, por ejemplo, D. Maradona haya sido apóstol de esos dos dictadores, sino que personas comunes y corrientes tengan creencias llenas de fe injustificada en personas que son simples candidatos a puestos públicos.

El juego es doble

Por un lado usted tiene al gobernante mismo suponiendo que tiene poderes realizar sus planes, poderes ilimitados para propuestas ideales. Se ve él mismo como un redentor y no como un gobernante, incluso se compara con Jesucristo.

Por el otro, está el seguidor del nuevo ser superior al que adora más allá de toda duda y sin necesidad de conocer sus ideas. Hablan ellos de la visión del nuevo héroe a quien defienden, de su apertura, de sus loables intenciones, de su ansiedad justiciera, de su pasión caritativa, de su amor por la patria, de su vocación de servicio, de su ansia por proteger al débil…

Finalmente, el traslado del significado de la existencia de Dios a los gobernantes tiene un problema obvio. Ellos son tienen los poderes ni el conocimiento que suponen. Crearán no paraísos sociales, sino pesadillas nacionales. Se mantendrán el el poder no por benevolencia, sino por atrocidades.

Y, curiosamente, mantendrán a muchos de sus fieles.

El retiro imposible de Dios 

El hablar de valores y virtudes, termina tarde o temprano, en temas religiosos.

Piense usted en cosas como honestidad, gratitud, respeto, prudencia, trabajo, humildad y similares. Lo más probable es que si se busca su origen y fuerza, se acabará en asuntos religiosos.

Considere usted cosas como dignidad humana, libertad, derechos, auto disciplina y sucederá lo mismo, se terminará tratado asuntos religiosos.

Esos valores, las virtudes, no son cosas que inventamos de la nada, las encontramos, las descubrimos.

Y las descubrimos más fácilmente usando a la religión, al cristianismo en concreto. Como escribió alguien:

«El criterio interno de toda política se encuentra en aquellos valores morales que no inventamos sino que solo reconocemos y que son los mismos para todos los hombres». Ratzinger, Joseph Cardinal. Europe Today And Tomorrow (p. 87). Ignatius Press. Mi traducción.

Por medio de la razón, podemos descubrir a lo bueno y a lo malo, pero es la religión la que nos ofrece la confirmación de nuestros descubrimientos morales. Con lo que llego a un punto que ha sido expresado así:

«Nuestra tarea como cristianos contemporáneos es asegurarnos de que nuestra idea de Dios no se excluya del debate sobre el hombre». Ibídem (p.97).

Es costoso ignorar a Dios

Cuando dejamos de tomar en cuenta a Dios, su existencia y su significado, y hablamos de nuestra naturaleza, corremos el riesgo de serios errores.

Pueden conocerse instancias de esa situación en el régimen soviético y en el nazi, y sus similares.

La idea es similar a la de P. Johnson: cuando se sustituye a Dios se provocan situaciones terribles, las que se crean por visiones meramente materiales. Sí, olvidarse de Dios tiene un costo y es alto muy alto.

Puede esto entenderse viendo al materialismo: desde la obsesión con lo material hasta la negación de lo espiritual o intangible.

«El Materialismo puede referirse tanto a la simple obsesión con mundo material, en contraposición a conceptos espirituales o intelectuales, o a la teoría de que todo lo que existe es la materia física. Esta teoría es mucho más que un simple enfocarse en las posesiones materiales. Afirma que todo en el universo es materia, sin ninguna verdadera existencia espiritual o intelectual». allaboutphilosophyorg

Y ese es precisamente el punto

Cuando Dios es retirado de la discusión acerca de lo humano, lo humano pierde a lo espiritual y entonces comienzan a perder justificación esas cosas como honestidad, gratitud, respeto, prudencia, trabajo, humildad, libertad, dignidad.

Pierden base porque llega a creerse que han sido creadas por convención y acuerdos, y no descubiertas dentro de la naturaleza humana que es, por necesidad, espiritual también.

Cuando Dios es retirado del debate humano, se tiene una consecuencia inevitable. Dándose o no cuenta, el lugar de Dios, su existencia y significado, es ocupado por algo o alguien, que se asigna a sí mismo el poder de decisión sobre la vida humana. El aborto es un ejemplo de esta soberbia.