Los gobernantes viven en mundos virtuales. Universos ficticios creados en sus mentes. Gobernantes viviendo en mundos virtuales, donde todo lo que hacen es perfecto.

La realidad virtual del gobernante

Es una realidad alternativa, inexistente, que en la mente del gobernante es confundida con la realidad. Lo podemos llamar política virtual.

El gobernante se encuentra dando órdenes diseñadas para un mundo inventado por él, pero que se aplican a un mundo real que desconoce. El resultado es el que cualquiera puede imaginar.

El caso romano

No es nuevo. Una modalidad de esto se tenía en la Roma antigua, cuando los ejércitos actuaban basados en la adivinación.

Se sacrificaban animales y dentro de ellos se encontraban signos que mostraban esa realidad alternativa de la siguiente batalla, los que se tomaban muy en serio.

Un historiador lo explica mencionando a una excepción:

«Una de las fortalezas de César como comandante fue que prestó mucha más atención a la inteligencia que a la adivinación. No hay una sola mención de la adivinación en su historia de las guerras gálicas, a pesar del hecho de que en su ejército, como en todos los ejércitos romanos, los arúspices [ministros religiosos] examinaban regularmente las entrañas de los animales sacrificados». Andrew, Christopher. The Secret World: A History of Intelligence (pp. 50-51). Penguin Books Ltd. Mi traducción. 

Tenemos un caso fascinante. El gran y exitoso Cayo Julio César puso de lado a la adivinación y se centró en los informes militares. Desechó el mundo virtual de los videntes y vivió en el mundo real del conocimiento. 

Podemos ver con un aire de superioridad a esa costumbre romana de la adivinación y despreciar eso que sin duda es superstición.

No, en nuestros tiempos no sacrificamos animales para examinar sus entrañas y tomar decisiones de acuerdo con lo que ellas indican. Pero hacemos cosas parecidas. Los gobernantes viven en mundos virtuales que ellos han creado.

Sigue practicándose la adivinación

Los gobernantes de nuestros tiempos no llaman a esos expertos en encontrar señales ominosas o afortunadas en el sacrificio de animales.

Pero sí acuden a expertos en fabricar mundos alternos que se toman con la misma seriedad que el hígado de un animal en tiempos idos. 

Esos mundos alternativos los conocemos como ideologías. Sistemas totales de creencias que explican a toda la realidad y que sirven para justificar decisiones de gobierno que se aplicarán a la realidad, cuando solamente funcionarían en ese mundo inventado.

Los gobernantes viven en mundos virtuales creados por terquedad ideológica.

Pero no solamente las ideologías crean mundos virtuales que el gobernante confunde con la realidad. Esos mundos virtuales son creados también por una mezcla de buenas intenciones con ignorancia, especialmente económica. 

Estos mundos mundos virtuales de la política hacen suponer al gobernante que sus decisiones tendrán las consecuencias que él anticipa. Y, por supuesto, las implanta en el mundo real en el que ellas no funcionan como esperaba.

Sí, los gobernantes viven en mundos virtuales

Es productivo llamar la atención sobre ese fenómeno gobernantes que viven en mundos virtuales. Ellos confunden a esos mundos con la realidad. En ellos sus decisiones son acertadas siempre.

Desafortunadamente, la realidad es distinta y lo que el gobernante piensa que es una decisión perfecta no tiene el éxito que esperaba. El asunto de los efectos no intencionales es aplicable aquí.

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Política Virtual

Eduardo García Gaspar — 22 junio, 2017

Los gobernantes viven en mundos virtuales. Dentro de ellos implantan decisiones que solo funcionarían en ese mundo por ellos inventado. No en la realidad.

El mundo real y el mundo virtual

Es algo común en la política. Mejor dicho, en la mente del político. Algo acontece dentro de ella. Los gobernantes viven en mundos virtuales.

Ellos producen una realidad alternativa y ficticia. Un mundo de apariencia real pero que no es la realidad. Allí se sienten cómodos porque allí todo funciona a su modo y voluntad.

Definamos términos primero, comenzando por esa frase común de nuestros tiempos:

«La realidad virtual es por lo general un mundo virtual generado por ordenador (o sistemas informaticos) en el que el usuario tiene la sensacion […] de estar en el interior de este mundo […] La realidad virtual ideal seria […] la que desde una inmersion […] total nos permita una interaccion […] sin limites […] con el mundo virtual, ademas […] de aportarnos como minimo […] los mismos sentidos que tenemos en el mundo real (vista, oido, tacto, gusto, olfato)» realidadvirtual.com

No hay mucho que agregar. Es un mundo fabricado que persigue tener toda la apariencia de ser verdad y en el que la persona se sumerge teniendo sensaciones de estar dentro de él. Nada malo en sí mismo.

Puede usted usar eso para capacitar a pilotos aéreos, a médicos y doctores. Pueden probarse diseños de autos. Incluso permite visitar museos en línea y hasta juegos y diversiones. Realmente fantástico.

Pero cuando los gobernantes viven en mundos virtuales

Los problemas comienzan cuando, en política, los gobernantes crean realidades virtuales a su modo y que no son la realidad. 

Son creaciones personales que en la mente del político sustituyen a lo existente. Lo que está allá afuera es sustituido por lo que está aquí dentro: la realidad fabricada por el gobernante.

Mis primeras inquietudes políticas las ocasionó un presidente mexicano, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Un curioso personaje que se tomaba muy en serio y que fue objeto de chistes crueles. 

Su sucesor, López Portillo (1976-1982), con una personalidad estrambótica fue otro fenómeno curioso y similar.

Ellos y otros, pensé tiempo después, habían creado sus mundos alternativos, realidades virtuales en las que ellos podían hacer y deshacer a su antojo y todo salía bien, virtualmente bien.

Sí, los gobernantes viven en mundos virtuales, como esos dos y otros más.

Cuando los gobernantes viven en mundos virtuales, sufren por supuesto de un optimismo sin escrúpulos (el concepto creado por R. Scruton). Un optimismo solamente posible en el mundo ficticio en el que todas las decisiones del gobernante son óptimas.

¿Por qué viven los gobernantes en mundos virtuales?

Es pregunta obvia. La respuesta, en buena parte, la encontré en un libro de B. Tuchman.

El poder aísla de la realidad y aislado de la realidad, el gobernante tenderá a cometer errores que van incluso contra sus mismos intereses y que no corregirá. Sus errores se mantendrán en el tiempo.

La adición que hizo Tuchman a los efectos de poder es notable. Estamos acostumbrados a escuchar que el poder corrompe proporcionalmente a su intensidad (Lord Acton). Igualmente sabemos de la advertencia de que todo poder tenderá a ser abusado (Montesquieu).

Tuchman ha agregado que el poder embrutece y emboba. Sabiendo esto, resulta particularmente notable que muchos votantes elijan ser gobernados por gobernantes con exceso de poder. 

Ellos se colocan en una posición riesgosa al ser gobernados por quienes tienden a abusar de su poder, se corrompen con él y se embrutecen.

Un mundo virtual y aislamiento

Pero ¿qué es lo que les sucede a las mentes de los gobernantes para que ellos creen mundos alternativos en los que sus acciones son perfectas?

Una consecuencia del poder es el aislamiento. El gobernante, conforme aumenta su poder, se encuentra más solo, las apartado, más encerrado. 

Estar en una posición de mucho poder es como estar en clausura, incomunicado en medio de lisonjeros obsequiosos que sirven de muralla.

Un ejemplo, el de D. Trump en un mundo creado en el que lo que sucede en el sector automotriz sucede en toda la economía y tiene una sola explicación (vea la entrevista de M. Sánchez González). Y sobre ese mundo imaginado toma decisiones generales.

Otro ejemplo, López Obrador, en México, ha propuesto que nadie se quede sin educación superior creando universidades que admitan a todos sin excepción.

Más la elaboración de una constitución moral que revolucione las consciencias. Y otras mediciones que sustituyen al PIB y examinen bienestar.

O, en España, Podemos propone «Desarrollar un plan gradual para la implementación de la jornada laboral de 35 horas con el fin de repartir el empleo». Por supuesto eso funciona sin problemas en un mundo virtual de simulación económica a modo.

Una alarma siempre prendida

Neto, neto, se trata de una advertencia al ciudadano. Las promesas y las acciones de los gobernantes salen de un mundo ficticio, una realidad virtual. En la que sus decisiones producen el efecto buscado y no hay consecuencias indeseables. Mera política virtual.

Sí, es cierto, el aislamiento que el poder produce. Los gobernantes viven sus mundos virtuales. En los que todo sale a la perfección.

El problema es, desde luego, el shock del gobernante con la realidad. Esas ocasiones en las que se le dice la verdad.

Y algo más…

No resisto insistir en un punto lateral de esta columna. No son escasos quienes abogan por gobiernos grandes y poderosos con funciones redistributivas, que manejan grandes presupuestos y tienen una enorme burocracia; que emiten muchas leyes y cobran altos impuestos.

Sabiendo que el poder corrompe, que el poder es abusado, que el poder embrutece, no puede justificarse el apoyo a esos gobiernos excedidos. Y, sin embargo, continuamente se exige que el gobierno tenga más poder.

[La columna fue revisada en 2019-08]