impuestos

Impuesto a las herencias entendido como solución a la desigualdad. Examen crítico de la propuesta y sus justificaciones.

.

Propuesta de impuesto a las herencias

Es la idea de Movimiento Ciudadano, un partido mexicano, el año pasado. Pero también de muchos otros.

«Un proyecto de decreto presentado a la Comisión Permanente del Congreso de la Unión busca gravar con el Impuesto Sobre la Renta (ISR) a los ingresos que los contribuyentes (personas físicas) obtengan por herencias, legados y donaciones superiores a 10 millones de pesos (mdp)». expansion.mx

Una de las razones por las que se propone ese impuesto es la usual: unos pocos serían los afectados, esa tan poco imaginativa justificación y que es tantas veces usada para proponer lo tonto, «Ley de impuesto a la herencia sólo afectaría al 1% de la población».

El contexto internacional

La recomendación del exterior al nuevo gobierno mexicano es clara: el impuesto a las herencias debe implantarse.

«Por su parte, la OCDE presentó en mayo de 2018, un estudio dirigido al partido político que fuera ganador en las elecciones del México; recomendando entre otras medidas fiscales, se incorpore un impuesto a las herencias como ya lo tienen implementado 19 países miembros de la OCDE» elconta.com

La meta de ese impuesto es doble. Por un lado, el objetivo de siempre, el elevar la cantidad de recursos que se ponen en manos de los gobierno.

Por otro, el objetivo de moda, aumentar la igualdad económica (no resolver la pobreza, sino la desigualdad).

Los motivos y su examen

Los varios motivos para justificar ese impuesto a las herencias pueden ser examinados así:

1. Solo afecta a una minoría

La justificación es clara. Ya que solo afectaría a unos pocos, eso es permitido. La justificación es indeciblemente débil. Viola a la igualdad al legitimar que se dañe a unos en beneficio de otros.

El principio legal indica igualdad ante la ley e impide que ella dé un trato discriminatorio a siquiera una persona. Este argumento es basura política populista.

2. Ya lo aplican muchos países desarrollados

¿Y qué? Eso no significa que el impuesto a las herencias sea bueno ni malo. Es una falacia de la mayoría que supone que la verdad es determinada por el pensamiento del mayor número.

Este argumento es una basura de lógica y razonamiento

3. Elevará los recursos en manos del gobierno

Es cierto, eso hará, pero se trata de un asunto de costo de oportunidad. ¿Se usarán con más eficiencia en manos del gobierno o en manos de particulares?

La respuesta es conocida: el tipo de gasto que realiza un gobierno es el que lleva a más desperdicio de recursos, el que menos incentivos tiene para buscar valor y gastar con eficiencia.

Más, el efecto colateral conocido, el de usos indebidos de abundantes recursos estatales: corrupción, clientelismo.

4. Ayudará a tener igualdad económica

Esto significa una redistribución económica por medio del mecanismo de acumulación de recursos en el gobierno, lo que difícilmente puede llamarse igualación.

Al contrario: el gobierno se convierte en el mayor multimillonario de todos los tiempos. El gobierno, con el impuesto a las herencias se nombra a sí mismo heredero universal.

Esa acumulación de recursos, que produce aún mayor desigualdad, por otro lado, tiende, a crear dependencia ciudadana.

Concluyendo

En resumen, el impuesto a las herencias y sucesiones es otra mala medida económica que busca ser justificada miopemente para allegar más recursos en quien los gasta con descuido y egoísmo.

Es un desperdicio de capital que la sociedad entera resentirá. Y un desincentivo al esfuerzo personal

¿Impuesto a las herencias: un tema de desigualdad? Por supuesto. Ese impuesto crea desigualdad porque hace que el gobierno tenga más poder y más recursos que el resto de la gente.


.

Y unas cosas más…

Una aclaración sobre los países de la OCDE que no tienen ese impuesto:

«Sin embargo, el Impuesto de Sucesiones ya ha sido eliminado o bonificado por completo en muchos de los países de la OCDE. Según explica Alan Cole, el 0% es ya una realidad en Luxemburgo, Serbia, Eslovenia, Australia, Austria, Canadá, Estonia, Israel, México, Nueva Zelanda, Noruega, Portugal, Eslovaquia, Suecia y Hungría». libremercado.com

Debe verse:

¿Quiénes deben pagar más impuestos?

Otras ideas relacionadas:

.

Lista oficial de herederos

El clisé clásico

Las herencias, sobre todo las cuantiosas, suelen acarrear connotaciones e imágenes fuertes, que llevan con facilidad a la reacción emocional.

La clisé típico es la de una persona que, sin merecerlo ni haber hecho mérito alguno, recibe una herencia millonaria.

Los gobiernos aprovechan muy bien esta situación y le aplican impuestos a las herencias.

Impuestos que suelen ser enormes y que solo pueden justificarse suponiendo que la herencia es inmerecida por parte de quien la recibe.

Examinar estos casos es una tentación que no puedo resistir. Es lo que hago a continuación usando un poco de sentido común.

Un caso sirve de ejemplo

Suponga usted que es un millonario. En fin, usted posee una envidiable fortuna que ha logrado por medio de su propio trabajo, esfuerzo y talento. Ahora suponga que usted va a una tienda de departamentos.

Y allí decide comprar unas tres camisas y otros tantos pantalones. No hay problema, nadie se indigna. Todo es normal.

Usted cambió la propiedad de parte de su dinero por la propiedad de parte de los artículos de la tienda. Un intercambio voluntario beneficioso para todos. Pero de salida, usted recuerda algo.

Recuerda que un amigo suyo cumple años mañana y quiere comprarle un regalo. Como sabe que le gusta la música clásica a su amigo, usted le compra varios discos. Los paga, igual que los pantalones y las camisas.

Al día siguiente, va a casa de su amigo y le entrega los discos. Es decir, le traslada la propiedad de esas grabaciones como un obsequio.

En su oficina, usted toma decisiones de inversión en algunas máquinas nuevas, de contratación de gente. En fin, usted decide cómo usar las propiedades que tiene.

En nada de esto hay problema: usted usa sus propiedades como lo desea. Un día aparece por su oficina una persona que viene a pedir un donativo para una escuela de niños pobres y usted le da ese donativo.

En todo ha habido traslados de propiedad. Traslados legítimos entre los propietarios. A veces usted ha hecho intercambios, otras veces ha hecho regalos.

Pero ya de cierta edad, usted hace su testamento y hereda a sus dos hijos. Usted fallece y ellos reciben una gran fortuna. ¿La merecen o no?

¿Merece el heredero la herencia?

Realmente no importa. Igual que no importa si su amigo mereció el regalo de los discos, o la escuela su donativo.

Lo importante es que usted ha hecho con sus propiedades lo que usted ha creído que es mejor. Si sus hijos merecen la gran fortuna o no, es hacernos la pregunta errónea.

Una pregunta errónea que los gobierno adoran porque les permite cobrar impuestos excesivos a las herencias. Excesivos e ilógicos, porque si en realidad estuvieran justificados, también deberían haberse aplicado al regalo de los discos y al donativo para la escuela.

Su herencia no es más ni menos que otro acto como el regalar discos a quien usted quiera, lo merezca o no.

Es decir, las herencias son tratadas bajo la perspectiva errónea: la del merecimiento del receptor, lo que hace surgir la duda sobre la calidad de esa persona.

¿Merece recibir una buena cantidad de dinero alguien que no hizo nada para crear esa fortuna? La respuesta rápida, directa y equivocada es «no, no merece recibir esa herencia». Y se concluye que debe haber impuestos a las herencias.

Es la voluntad del propietario

Pero el punto de las herencias no es el merecimiento de los herederos, sino la voluntad del propietario de la fortuna que heredará. Y, si es el propietario legítimo y real, no hay otra posibilidad que respetarla. Respetarla igual que se respetaron antes todos los regalos y donativos que hizo en vida.

Concluyendo

Los impuestos a las herencias son en realidad, por lo anterior, un robo descarado. No tienen justificación y atacan los derechos de propiedad.

Si se sigue la lógica de los impuestos a las herencias, tendría que ponerse un impuesto a todo regalo y donativo. Porque una herencia no es más que eso, un regalo por parte del dueño legítimo.

Quien se indigna ante herencias de grandes fortunas a las que cree inmerecidas, tendría que seguir su propia lógica y dar su herencia, poca o mucha, a quien lo merezca. El problema es cómo saber quiénes merecen la herencia.

¿Lo sabría mejor un burócrata que el que da la herencia? ¿Le heredaría usted a quien designe ese burócrata y no a quien usted quiera? No lo creo.

La lista de herederos por obligación

Y quizá llegase a existir una lista oficial de herederos meritorios avalados por el gobierno, a los que usted no conoce. Pero espere…

En realidad, sí existe esa lista oficial de herederos meritorios avalados por el gobierno que cobra impuestos a las herencias.

Una parte importante de esos herederos son los burócratas mismos que son pagados con el dinero de esos impuestos. Otros que están en esa lista son los que reciben subsidios del gobierno.

Por supuesto, hay más y según el gobierno ellos merecen recibir parte de la herencia que usted dejó a sus hijos, o a quien sea que usted dijo.

Discusión

«Causar un impuesto por el simple y fatal hecho de morirse es ridículo» Everardo Elizondo

Las ansias ilimitadas de tener más dinero son un rasgo universal de la naturaleza humana, demostrado en los deseos de aumentar la fortuna propia.

Esta zozobra siempre presente de aumentar los ingresos personales suele ser objeto de crítica moral: un materialismo indebido que revela codicia y egoísmo en los humanos, como una severa falta ética. Un pecado.

Resulta paradójico que esa misma angustia por disponer de más dinero se vea como moralmente positiva cuando la padece otros, los gobiernos.

Que las personas quieran más dinero es juzgado muy severamente como reprobable y, sin embargo, cuando los gobiernos afirman que desean tener más dinero, eso es una ocasión para celebrar.

Teniendo esa inquietud por aumentar sus ingresos, los gobiernos encuentran ocasiones que manejadas de cierta manera, le crean oportunidades de aumentar sus ingresos, siendo el impuesto a las herencias una de esas oportunidades.

La justificación resulta interesante: la persona que muere, por el hecho mismo de morir, debe pagar al gobierno una cantidad generalmente proporcional a la fortuna que ha acumulado y heredado.

Tiene un cierto humor negro ese impuesto. Si en vida la persona estaba obligada por la fuerza a pagar impuestos, los gobiernos lamentan la pérdida de esa fuente de ingresos y le hace objeto de un último impuesto como un festejo fúnebre.

El impuesto a las herencias no tiene sentido

En una columna de hace tiempo de Everardo Elizondo, «Para Alentar la Confianza» (El Norte, 26 septiembre 2016), se apuntan cinco razones por las que el impuesto a las herencias no tiene sentido —las que uso brevemente añadiendo mis observaciones:

• No parece tener efectos positivos al contrario, tiene «efectos negativos sobre la equidad y la eficiencia», según lo decidido en Suecia, donde ese impuesto llegó a ser del 70% y ahora ha sido anulado.

Esto es un razonamiento basado en resultados reales. A lo que puedo añadir un razonamiento simple: el dinero en manos particulares será consistentemente mejor usado que el dinero en manos estatales. Para la prosperidad, conviene que permanezca en manos privadas.

• Otra consideración práctica: la herencia crea un problema de liquidez al que hereda por posiblemente carecer de fondos para pagar los impuestos que representan los bienes no líquidos que ha recibido, como una casa.

• Otro punto: «Es absurdo gravar algo que contribuye a fortalecer la “red de seguridad” de los sobrevivientes, que les ayuda a no depender de eventuales apoyos gubernamentales».

Es cierto. Ese impuesto significaría trasladar dinero el gobierno y de allí devolverlo a la población. No tiene sentido pagar los costos de la burocracia, disminuir la autonomía del heredero inmediatamente y luego devolver fragmentariamente lo restante.

• Además, si existiera ese impuesto a las herencias, eso formaría un incentivo al consumo en los últimos años de vida esperada. Es decir, gastarse todo lo posible antes de que se lo lleve el gobierno, lo que disminuye el ahorro.

Esto daña a la economía evitando la creación de capital, es decir, disminuyendo la productividad y, por ende, la prosperidad.

• Finalmente, un razonamiento de lógica irrebatible: la persona ya ha pagado impuestos sobre lo que tiene, por lo que no hay razón alguna que legitime un impuesto adicional sustentado en el fallecimiento de la persona.

.

[Actualización última: 2020-08]