Incondicionales gratuitos 

Querer poner la propia vida en manos de otro. Desear colocar a la propia existencia de la voluntad de otro. Anhelar querer depender de los dictados de otro. Considerar deseable el perder a la libertad personal para solo obedecer las órdenes de otro.

Este es el problema en el fondo de los regímenes autoritarios y es llamativo en extremo. 

El régimen autoritario que llega al poder por la vía democrática solamente puede ser sostenido por un tipo de mentalidad, la de personas que consideran positivo renunciar a sus libertades y ponerse a las órdenes de los dictados y caprichos de un tercero.

Tocqueville (1805-1859) se niega a creer que tal tipo de persona exista.

«¿Hay un hombre cuya alma sea tan mezquina como para querer depender de los caprichos de un solo miembro de su comunidad en lugar de obedecer las leyes que él mismo ayudó a establecer, es decir, si cree que su nación exhibe las cualidades necesarias para hacer un uso adecuado de la libertad? No creo que exista un hombre así». Tocqueville, Alexis de. Ancien Regime and the Revolution (Penguin Classics) (pp. 14-16). Penguin Books Ltd. Kindle Edition. 

¿Es posible que alguien piense que es mejor «depender de los caprichos de un solo miembro de su comunidad en lugar de obedecer las leyes que él mismo ayudó a establecer»? Tocqueville dice que no y, sin embargo…

Es como una perturbación social significativa el aceptar que sí existe ese tipo de persona. Que sí hay gente que prefiere dejar de lado a su independencia y a sus libertades para poner su vida en manos de otro. Son los incondicionales gratuitos del régimen autoritario.

Hay incondicionales no gratuitos, esos que viven del régimen autoritario y de él hacen su modo de vida. Ellos pueden entenderse. Sin el régimen autoritario no tendrían manera de vivir con comodidad. 

Pero lo llamativo son los incondicionales gratuitos. Los que por convencimiento propio llegan a pensar que es mejor anhelar una vida sin libertades y sin leyes en la que la que se depende de los dictados de otro, quien sea que esté en el poder y que a ellos ha hechizado.

Conozco a algunos casos de incondicionales gratuitos. Son personas de apariencia razonable cuyo modo de vida no depende del gobierno en turno, pero que lo apoyan de manera total, sin condiciones. No hay en ellos pizca de crítica. Sea lo que sea lo que haga el gobernante, su aprobación es inmediata.

Y, por si fuera poco, tienen una piel muy sensible ante cualquier crítica que reciba ese quien los ha hechizado. Con más frecuencia que antes he encontrado eso en México recientemente. Los incondicionales gratuitos del actual presidente.

Son esos que Tocqueville piensa que no pueden existir. Los que quieren «depender de los caprichos de un solo miembro de su comunidad en lugar de obedecer las leyes». ¿Preferible vivir en un régimen de dictados caprichosos que en uno de leyes? Pues sí, por sorprendente que parezca en todas partes hay gente que eso piensa.

Esto es especialmente llamativo entre la gente joven, de la que se esperaría rebeldía y descontento ante el autoritarismo. ¿No son los jóvenes quienes más aman a su libertad? Me resulta incomprensible que ambicionen una sociedad en la que son solo dependientes de las órdenes de la autoridad. Esos que se rebelan contra la autoridad familiar adoran convertirse en esclavos de la autoridad gubernamental.

En fin, creo que es algo que merece una segunda opinión. La existencia de personas que han sido convencidas de que tendrán una mejor vida si renuncian a su libertad y dejan su vida en manos de los caprichos del gobernante.


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