cerebro mente razonar falacia

La falacia del culpable favorito. Una manera de razonar que es errónea, produce resultados negativos y lleva a decisiones equivocadas. Consiste en asignar la responsabilidad de errores a un elemento seleccionado de antemano.

La falacia del culpable favorito, definición

Ella está mencionada en el libro de Pirie —y la llama «la culpa de Thatcher», la primera ministra británica (Pirie, Madsen. How to Win Every Argument: The Use and Abuse of Logic. London; New York: Continuum, 2006).

Consiste en asignar la responsabilidad de todo suceso a una persona, siempre en un sentido negativo. No importa lo que acontezca, todo es malo y la culpa la tiene una persona. Esa persona, añado, es el villano favorito de cada momento.

El culpable favorito puede ser una persona, o un grupo de ellas, pero también una idea, un modo de pensar, una filosofía. Como cuando, por ejemplo, se culpa de todo al ‘neoliberalismo’, al ‘dinero’, o ‘a la administración anterior’.

Tres elementos

1. Dejar de lado toda otra explicación posible. El culpable favorito seleccionado en esta falacia forma la explicación universal de todo mal, o casi todo.

Cualquier otra explicación posible o deseable es descartada de inmediato y sin pensarlo ni meditarlo. El culpable favorito ha sido ya seleccionado de antemano y se le culpa de inmediato.

2. Asignar la culpa al villano de moda. La formalización de la acusación de culpabilidad. Es la sentencia verbal o escrita que permite comunicar a otros la confirmación de la culpabilidad cierta e indudable.

3. No importa lo que ese villano haga, siempre es malo. Es un culpable global y universal que no tiene excepciones. Nada de lo que diga o haga es aceptable. Es un culpable integral, entero y pleno. Una modalidad del reduccionismo.

El ejemplo de Pirie en el Reino Unido

• Si una política gubernamental es aplicada primero en Escocia, antes que en el resto del país, se culpará a Thatcher de usar a los escoceses como conejillos de Indias.

• Si se aplica primero en Inglaterra, se acusará a Thatcher de olvidar a los escoceses.

• Si se aplica en los dos sitios al mismo tiempo, se acusará a Thatcher de ignorar las diferencias de las dos regiones.

Otros ejemplos

• En febrero de 2009, por ejemplo, en el USA Today, Gregg Zoroya publicó una nota (sobre bases muy cuestionables) afirmando que las tropas estadounidenses duplicaron su obesidad desde 2003. Si hubiera sucedido lo opuesto, el reportaje quizá habría señalado que la guerra hace perder peso a los soldados.

• Si un presidente en cualquier lugar emite un plan de emergencia económica para enfrentar la crisis podrá ser culpado de lo que sea por su oposición. Si lo emite después de reconocida la crisis, será acusado de ser una reacción tardía. Si lo emite antes de declararse la crisis, será acusado de alarmista. Si el plan proponen reformas amplias, se le criticará de exagerado y si propone medidas ligeras, será acusado de inconsciente.

Bush, en los años 2000 a 2008 fue adquiriendo ese status de villano favorito y fue muy usado en esta falacia. Cualquier cosa podía ser asignada como su responsabilidad: la elevación de los precios del petróleo, pero también su caída; la relajación de las normas de crédito, pero también lo estricto de ellas.

Claro terreno político

El terreno más propicio para esta falacia es el de la política y puede encontrarse en los decires de la oposición al gobierno. Si se decide bajar los impuestos, eso será calificado de una irresponsabilidad fiscal. Si se decide subirlos, eso será visto como un daño a la economía popular.

Es muy visible la falacia en las palabras de la oposición, que califican a toda medida gubernamental como insuficiente o como radical, dependiendo de lo que convenga. No importa lo que haga el culpable favorito, esta falacia permite asignarle la culpa de inmediato.

La efectividad de la falacia del culpable favorito, con sus elementos centrales, es alta porque provee una explicación directa, falsa y sencilla.

Una explicación que no requiere mayor evidencia que la asignación de la culpa a alguien que ya es percibido como sospechoso. De esta manera se evita la molestia de pensar en explicaciones alternativas.

Más aún, tiene la ventaja de que no importa que el culpable favorito logre cosas buenas, ellas siempre serán llevadas a una interpretación negativa.

Si un político gobierna durante un período de reducción de la pobreza, siempre se le puede acusar de no hacerlo más rápidamente, de olvidarse de los más pobres, de poner atención solo en lo material, o de cualquier otra cosa.

La falacia del culpable favorito, en resumen

Es la versión adulta del infantil «Yo no rompí el jarrón, fue mi hermano». Ahora no se culpa al hermanito menor, sino a uno de los culpables usuales.

Una forma cómoda de desviar responsabilidades y encontrar explicaciones simples que confirman ideas propias.

Es la terca búsqueda de culpables genéricos como explicación absoluta de todo problema y error.

Paso por paso

1. Una persona cualquier o grupo de ellas falla al realizar algo, lo que sea. O bien, se encuentra un problema en la sociedad, el que sea.

Es una situación de errores, problemas, dificultades, yerros y desaciertos, ya sean propios o generales.

2. Esa situación es reconocida como un problema, algo que no debía ser y de inmediato se busca una explicación, lo que es razonable.

Lo particular de la falacia del culpable favorito es el tipo de explicación buscada, encontrar a un responsable que ha sido la causa única y total del problema.

En lugar de analizar el problema o el error, buscar sus variables, encontrar relación entre ellas y definir una explicación razonada, todo el proceso se centra en encontrar al culpable favorito, alguien a quien se pueda acusar.

Un ejemplo de esto es acusar a la desigualdad de todo mal existente.

3. Una vez encontrado el culpable se presupone que la corrección del problema o del error puede alcanzarse haciendo desaparecer a quien haya sido inculpado. Y el asunto ha sido resuelto.

La clave

El punto clave está en el segundo paso, la búsqueda y determinación de culpables. 

Es una costumbre bien establecida en círculos políticos, en donde, como dice un amigo en tono de burla, «Puedo culpar a la sociedad de todo y eso complace por lo general a quien me escucha, dándome siempre la razón».

Así como un alumno que saca malas calificaciones suele culpar al maestro de tenerle ojeriza, muchos académicos, intelectuales y gente común suelen encontrar culpables más abstractos de lo que encuentran que está mal a su alrededor.

Muchos de estos culpables usuales son genéricos e indeterminados, lo que tiene la ventaja de alimentar a la imaginación fantaseando acerca de conspiraciones secretas. Si, por ejemplo, se culpa a la sociedad se ha encontrado a un culpable global e indefinido que se admite sin gran discusión.

También, hay variaciones usando culpables como el ‘imperialismo’, ‘las estructuras injustas de la sociedad’ y otras más de naturaleza similar. Todos vagos, indeterminados, indefinidos, generales y que tienen la ventaja de dar soluciones sin tener que esforzarse pensando y analizando. 

Por ejemplo, si alguien culpa a las ‘estructuras sociales injustas’ de inmediato tendrá la solución, ‘estructuras sociales justas’, et voilá! ya tiene la solución sin tener que especificar nada más. Se ha convertido en un intelectual con sentido social.

El cuarto elemento

Hay un cuarto paso indispensable y que añade un elemento enriquecedor a la falacia del culpable favorito.

A ella debe agregarse una buena dosis de indignación y enfado. Debe haber ira dirigida hacia el culpable. No puede ser una acusación fría y calculadora, debe tener arrebato y enojo.