Comunismo de lujo totalmente automatizado. La alocada propuesta de sustituir al sistema más exitoso que se conoce para crear prosperidad con una utopía vaga. Una columna de Ben Johnson

Introducción

El New York Times ha ofuscado la realidad del comunismo desde los días de Walter Duranty

Un artículo de opinión publicado el martes [11 junio] titulado «El mundo es un desastre. Necesitamos un comunismo de lujo totalmente automatizado» agrega otro capítulo a esta tendencia de décadas.

El artículo es un extenso extracto del próximo libro de Aaron Bastani, El comunismo de lujo totalmente automatizado: un manifiesto.

La frase «comunismo de lujo totalmente automatizado» es otro ejemplo de la campaña en curso de la izquierda para afiliar al socialismo con… cualquier cosa excepto las sociedades socialistas de la vida real

El intento de Bastani de asociar el marxismo, que excavó las tumbas de 100 millones de personas en menos de un siglo, con un término cognitivamente positivo, hace eco de los esfuerzos de la celebridad viral británica Ash Sarkar por calificar su ideología de «comunismo divertido», o incluso de la ingenua creencia del joven padre Robert Sirico de que, bajo el socialismo, «todos iremos de compras a Gucci». 

Sin embargo, raya en lo orwelliano el vincular el socialismo, que diezmó la economía y el entorno físico de numerosas naciones al eliminar el mecanismo de precios, con el «lujo».

Comunismo de lujo totalmente automatizado

Bastani comienza con la historia de la hamburguesa de «carne de res cultivada», una comida vegetariana creada en el laboratorio, que sabe a carne sin requerir tantas emisiones de gases de efecto invernadero ni la muerte de ningún animal. 

La primera hamburguesa, respaldada por el cofundador de Google Sergey Brin, costó 325,000 dólares. Pero el sustituto de la carne actualmente cuesta 50 por cada hamburguesa y, Bastani predice, «dentro de una década probablemente serán más asequibles que incluso los alimentos más baratos ​​de hoy para asar».

La afirmación de Bastani es casi ciertamente correcta. La mayoría de la gente vería esto como un triunfo del libre mercado: un magnate capitalista financió un producto socialmente beneficioso cuyo precio caerá a través de la producción en masa y la oferta y demanda.

Esta es la historia del capitalismo

Como señaló Marian L. Tupy en HumanProgress.org, entre 1979 y 2015, el número de horas que una persona promedio tuvo que trabajar para comprar electrodomésticos, equipos de ejercicio y televisores, cayó entre 52 y 96 por ciento cada uno. 

Esta realidad del mercado hizo que Stephen Moore y Julian Simon, del Instituto Cato, llamaran al siglo XX «el siglo más grandioso que jamás haya existido».

El economista Joseph Schumpeter describió el modus operandi de la prosperidad. «El motor capitalista es en primer y último lugar un motor de producción en masa que inevitablemente también significa producción para las masas», escribió. 

«El logro capitalista no suele consistir en proporcionar más medias de seda para las reinas, sino en ponerlas al alcance de las chicas obreras a cambio de una cantidad de esfuerzo cada vez menor».

Bastani ve sucesivas olas de progreso económico que curan el «desempleo tecnológico, la pobreza global, el envejecimiento de la sociedad, el cambio climático, la escasez de recursos» y otros males sociales. 

Él ve esto incrustado en «la esencia misma de la humanidad», que es «construir nuevos mundos constantemente».

Tiene razón: desde dominar la agricultura, hasta forjar herramientas de bronce y hierro, a revolucionar la vida a través de la tecnología industrial y de la información, la raza humana ha desarrollado continuamente nuevas formas de proveer a una población cada vez mayor con menos recursos y menos conflictos. 

En nuestros días, esto se ha convertido en un proceso armonioso: la industria financiera presta dinero a empresarios en ciernes que carecen del capital para hacer realidad sus sueños. 

Ellos, a su vez, proporcionan empleos para sus comunidades locales. Todos los beneficiarios utilizan las ganancias para cuidar a sus familias, donde crían a la próxima generación de financiadores, soñadores y hacedores.

El giro irreal de Bastiani

Sin embargo, Bastani gira, afirmando que este sistema ha sumido al mundo en una «crisis» solo un poco menos apremiante que la Muerte Negra, Un mundo feliz, o «El infierno en las pinturas de Hieronymus Bosch»:

«Vivimos en un mundo de bajo crecimiento, baja productividad y bajos salarios, de la degradación del clima y el colapso de la política democrática. Un mundo donde miles de millones, en su mayoría en el sur global, viven en la pobreza. Un mundo definido por la desigualdad».

Quien haya escrito estas palabras vive en un mundo de fantasía.

En el mundo real, los candidatos al primer ministro del Reino Unido aclaman el gran crecimiento del PIB de EEUU, posible gracias a los recortes de impuestos y la desregulación; la desigualdad se ha aplanado (gracias en parte a una recesión global).

El número de democracias está en lo más alto desde la posguerra; y miles de millones, en su mayoría en el sur global, han escapado de la pobreza, gracias a la adopción de elementos de una economía de mercado. 

«En los últimos 25 años, la desigualdad global… disminuyó por primera vez desde la Revolución Industrial», señalaron Ana Revenga y Meagan Dooley de Brookings Institution, «a medida que los países pobres se hicieron más ricos«. Otra vez, otro éxito rotundo del libre mercado.

Si bien Bastani admite que el capitalismo «creó la nueva abundancia emergente», de alguna manera cree que la libre empresa restringe artificialmente el acceso:

«Un sistema donde las cosas se producen solo con fines de lucro, el capitalismo busca racionar los recursos para asegurar los retornos. Al igual que las de hoy, las empresas del futuro formarán monopolios y buscarán rentas. El resultado será la escasez impuesta, donde no haya suficientes alimentos, atención médica o energía para todos».

Comunismo de lujo totalmente automatizado, diagnóstico y prescripción

Si el diagnóstico de Bastani es erróneo, su prescripción es peor: «tenemos que ir más allá del capitalismo», una perspectiva que él admite que algunos pueden considerar «no saludable».

Los detalles de su visión son escasos en este artículo de opinión. Enumera simplemente la reducción de la huella global de carbono, el aumento de la automatización y el establecimiento de «atención socializada» (cabe señalar que los sistemas nacionales de salud son precisamente los «recursos racionados»). 

En estos términos, su filosofía parece poco más revolucionaria que la de los titanes de Silicon Valley, que proponen un ingreso básico universal para curar las inminentes oleadas de desempleo impulsado por la automatización.

El «comunismo de lujo totalmente automatizado» de Bastani innova solo en su exceso retórico. Y admite que su CLTA es «utópico en el horizonte».

Las visiones utópicas son un único producto que nunca faltó en las sociedades comunistas. El pan, la justicia y los derechos inalienables escaseaban.

Según el artículo de opinión de Bastani, el sistema que trajo a la raza humana de un puñado de tribus ignorantes amontonadas en cuevas al punto más avanzado tecnológicamente de la historia mundial es el mercado libre. 

Este proceso (capitalismo, libre empresa, llámelo como quiera) maximiza la libertad humana y el bienestar humano. 

Generó la «abundancia emergente» que permite la redistribución voluntaria de la riqueza, especialmente en sociedades informadas por principios religiosos como la Regla de Oro y la dignidad humana.

Es este sistema y ​​estos principios, los que galvanizaron el florecimiento humano, y es entre ellos que Bastani y otros deberían buscar las respuestas para el futuro de la humanidad, no en una filosofía económica atea cuyas mayores innovaciones tecnológicas se relacionan con el encarcelamiento, la vigilancia interna y exterminio a escala industrial nacional e internacional.

Pero tal inversión de la realidad siempre encontrará un editor dispuesto en el New York Times.

Y una cosa más…

El artículo «The folly of ‘Fully Automated Luxury Communism’», escrito por el Reverendo Ben Johnson, fue publicado el 11 de junio de 2019 por el Acton Institute. La traducción es de ContraPeso.info.

El formato original de la columna ha sido modificado para más fácil lectura en línea. Se han dividido los párrafos originales y se han añadido títulos. El contenido se mantuvo igual.